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Sedación en procedimientos médicos invasivos

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Sedación en procedimientos médicos invasivos

Escrito por: La Galerna18 abril, 2016
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Buenos días. La colonoscopia es un procedimiento médico que, gracias a la tecnología, permite determinar la existencia de tumores o pólipos en el colon.  Aunque no está exenta de riesgos (3 de cada 1.000 pacientes experimentan complicaciones graves como sangrado o perforaciones), no debería causar problemas si se lleva a cabo la preparación adecuada. El tracto intestinal debe estar limpio para que la cámara pueda obtener imágenes claras del interior del colon. Por este motivo, se pide al paciente que se abstenga de consumir alimentos sólidos desde el día anterior a la fecha programada para la prueba.

Otra de las pautas de preparación generalmente seguidas (aunque es evidente que cualquier pauta en este sentido debe estar precedida por la consciencia de que la colonoscopia va a ser practicada, lo que no siempre es el caso, sobre todo si llevas meses y meses destilando plena confianza en un futuro permanentemente vertical y no invasivo) consiste en la administración de un sedante que ayudará al paciente a relajarse, a fin de que no sienta ninguna molestia. El procedimiento dura alrededor de 30 minutos, si bien se han conocido casos de pruebas que han alcanzado los 90, y hasta varias series de 90 prácticamente consecutivas.

Hablamos del sedante para detenernos durante un instante en un hecho curioso:  la mayor parte de pacientes no recuerda lo sucedido durante la prueba una vez que despiertan del efecto del sedante. La fotografía que hoy trae a su primera plana Marca (nos encanta la foto, por más que hayamos vistos titulares con juegos de palabras más ocurrentes) hace pensar en un paciente que en efecto se haya sometido a la prueba bajo el efecto de algún leve sedante o amable opiáceo. Su expresión algo desnortada así lo hace intuir. 

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Sin embargo, las declaraciones efectuadas por el paciente ante la prensa, una vez finalizada la sesión, conducen a la conclusión irrefutable según la cual recordaba perfectamente lo sucedido, lo que nos mueve a descontar que el diagnóstico invasivo tuvo lugar sin sedación alguna, es decir, a pelo. Cuando decimos que el paciente recordaba perfectamente, es un decir. Recordaba. Dejémoslo ahí.

"Hoy hemos dado un paso atrás por el resultado, pero hemos jugado un gran partido. Prefiero perder jugando así que ganar jugando mal. Confío en este equipo porque hemos vuelto a tener las buenas sensaciones de hace un mes. El balón no ha querido entrar, pero no tengo ninguna duda de que acabará entrando. Jugando así ganaremos la Liga".

Bien miradas, las declaraciones revelan, por un lado, una desconexión con la realidad que podría apuntar a cierta sedación, al fin y al cabo. Por otro, para desmentir esta intuición, reconocemos en ellas al mismo paciente de siempre, lo que desmentiría una enajenación temporal sedativa. Reconocemos el discurso que andaba oxidado y que la debacle trae de la mano, como una amante fea recuperada en periodo de desazón. Cuando el paciente gana, gana él; cuando pierde, pierde el fútbol. O gana, qué sabemos nosotros cuando vuelve (qué tiempos aquellos) la dialéctica de la grandeza que, pese a la derrota, se halla en la posesión. A lo mejor la posesión era esto, una colonoscopia. Amargos tiempos donde el amor es suplantado por sus sucedáneos médicos.

Con el objetivo de dilucidar definitivamente si se produjo o no la administración de algún calmante, escudriñamos en el resto de portadas del día. Sport parece arrojar luz sobre la cuestión.

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En efecto. En esta instantánea vemos al paciente tendido boca abajo, aparentemente dormido. Es muy posible, por tanto, que la intervención se haya visto facilitada por el consumo de midazolam, el sedante de uso más frecuente en Europa. En España se usa poco el midazolam para esta suerte, por las siguientes razones:

  1. Hay una sobrecarga grande de trabajo, y esto implica que el especialista no tiene tiempo para dedicarse a la sedación.
  2. Hay un desconocimiento acerca del tratamiento con midazolam. El especialista piensa que es un medicamento peligroso y que hace falta la asistencia de un anestesista, no siendo éste el caso. El midazolam no es un anestésico: el paciente sigue consciente y avisa cuando tiene dolor pero luego no recuerda nada de la prueba. Ya hemos expuesto las dudas que en este caso concreto nos comunica el asunto.
  3. A veces, el especialista no es sensible al dolor ajeno. Comentarios como "esto no duele tanto, qué quejica eres" son frecuentes. Pero sí duele, sí. En ocasiones el dolor es insoportable. Vienen aquí que ni pintiparadas las célebres palabras del Dr. Armengol sobre la colonoscopia: "El paciente tiene derecho a no sufrir innecesariamente", lo que de lo general a lo particular nos remite a la Declaración de los Derechos del Paciente, formulada en Lisboa 1981 y en Bali 1995 por la Asociación Médica Mundial, en cuyo párrafo 10-b se lee: "El paciente tiene derecho al alivio de su dolor según los conocimientos médicos actuales".

Vivan los lenitivos, queridos galernautas. Lástima que, de igual modo que existen los lenitivos para el dolor, no se haya inventado aún sustancia o medicamento que contrarrestre el miedo al mismo, el miedo a sufrir. Hay pavores que pueden acechar a según quién y a la vuelta de la esquina. "Hay que levantarse", ordena Sport cual sargento chusquero a las seis en el campamento de la mili. Pero a veces, por más que la voluntad lo ordene, no se puede.

Hay un efecto secundario consustancial a la exploración, y es esa sensación de vergüenza o propio menoscabo que no por infundada es menos característica. La prensa del día prosigue ofreciéndonos fotografías tomadas en el procedimiento o no bien éste finalizó. Los efectos propios de esos ataques de pudor, la de esos hombres cuya virilidad sienten mancillada por la exploración, son visibles en todas ellas.

as.750 (74)Aquí vemos al paciente tapándose la cara, una vez concluida la colonoscopia, en franca manifestación de espanto ante lo que, sin duda por falta de la información adecuada, algunos pacientes siguen considerando un ultraje. Y no lo es, estimados pacientes, no ha de verse de ese modo. Más bien invitamos a que el procedimiento sea visto como un modo como otro cualquiera de conocernos mejor. Al fin y al cabo, la microcámara que permite la exploración ofrece a su vez un insobornable retrato interno, quedando al descubierto incluso -según algunas teorías- el alma del paciente, quien haría bien en tomar nota de los resultados. Hay quien tiene el alma oculta a tan buen recaudo que recto y