Las mejores firmas madridistas del planeta

Sed testigos

Escrito por: Nacho Faerna17 diciembre, 2015

Las declaraciones de Pepe después del partido contra el Villarreal diciendo que para ganar hay que salir más "enchufados" al campo me han hecho recordar esos conciertos y discos "unplugged" que se pusieron tan de moda en los 90 y en los que grupos de rock interpretaban versiones "acústicas" de sus canciones. El concepto lo acuñó la MTV, que ya entonces buscaba nuevas fórmulas para sobrevivir a la amenaza, hoy en día consumada, de que internet matara al vídeo que previamente había matado a la "radio star". Después, para confirmar que todo, por imposible que parezca, es susceptible de empeorar, llegarían los programas de coches tuneados, Jersey Shore y Paris Hilton.

Por cierto, el invento del "desenchufado" cabría atribuirlo a Ian Anderson, que en 1987, durante una gira de Jethro Tull en Estados Unidos, se dejó caer por el plató de la MTV con Dave Pegg y Martin Barre para tocar un par de temas a pelo. Unos años antes, creo que en 1982, Número Dos me había llevado a mi primer concierto de rock, precisamente de Jethro Tull, en el ya inexistente Pabellón de la Ciudad Deportiva del Real Madrid. Hace poco le he devuelto la invitación y lo llevé yo a él a ver de nuevo al bueno de Anderson, más de treinta años después, tocando íntegramente "Thick as a Brick" en el Circo Price.

Todo esto viene a demostrar varias cosas. Primero, que la huella que imprime el Real Madrid en nuestras vidas va más allá de lo meramente deportivo. Segundo, que Número Dos y el que suscribe, no digamos Ian Anderson, estamos llegando en sorprendente buena forma al "too old to rock'n'roll, too young to die". Tercero, que, dado que la historia está condenada a repetirse, primero como tragedia y luego como farsa, es obvio que ha llegado el momento de superar la fase "unplugged", desintonizar la obsoleta MTV y emular al Bob Dylan del Highway 61 Revisited pero a lo bestia. Tenemos que recuperar el ruido y la furia, conectar los instrumentos a los amplificadores más grandes que encontremos, dejar que los decibelios revienten nuestros tímpanos, desatar el infierno, pero no como pedía nuestro compatriota Máximo a las legiones romanas en la secuencia inicial de Gladiator, eso ya lo usó el blandengue de Guardiola, sino como si fuéramos los War Boys de Inmortan Joe en la última de Mad Max.

Necesitamos a Coma, the Doof Warrior.

doof warrior

Por si no la han visto, sepan que la película de George Miller es una obra maestra del cine de acción, esto es, del cine. Se lo dice uno que tiene colgadas en el salón de su casa tres versiones distintas del cartel de Pickpocket de Robert Bresson. No vean contradicción alguna en mis gustos; yo estoy convencido de que el asceta francés aprobaría la desmesura barroca y delirante de su colega australiano aunque sólo fuera porque no hay manera de negar que las imágenes que vomita en la pantalla son puro cine, moving-a-toda-leche-pictures, y no teatro filmado o literatura reciclada.

Pero a lo que vamos. Florentino, toma nota.

Si los madridistas queremos reconducir esto, el presidente debe encargar urgentemente una versión del Himno de la Décima a Coma, el guitarrista ciego enganchado al Doof Wagon, y obligar a toda la plantilla a escucharla en bucle durante las tres horas previas a cada partido. Nada de flamenquito, Ramos. Ni samba, ni perreo, ni empalagosos cantantes melódicos, Cristiano. Prohibido el rap francés, Benzema, por mucho que a mí me guste MC Solaar. Fuck the Britpop, Gareth! Cuando estéis tomando el sol en vuestros chaletazos, en la peluquería haciéndoos la raya en meridianos inverosímiles de vuestros cráneos o tatuándoos ideogramas chinos y dragones en el coxis podéis escuchar lo que os dé la gana, pero el Día D, ciento ochenta