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Sapos y culebras

Sapos y culebras

Escrito por: Juanma Rodríguez8 junio, 2015
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Las cosas están así: una Comisión Antidignidad integrada por un atajo de cobardes postergó el otro día su decisión tras los lamentables hechos acaecidos en la final de Copa entre Barcelona y Athletic hasta tener las cosas más claras. A la izquierda del Rey de España estaba el ministro de Deportes, a la derecha el firmante del artículo "Orgullosos del Barça", a la sazón máximo representante del deporte patrio, y al otro lado del televisor nos encontrábamos, entre atónitos y asqueados, más de cuarenta millones de impotentes españoles, espectadores pasivos de un espectáculo que le sigue revolviendo a uno las tripas. Por detrás del Rey, el presidente del Comité Olímpico Español y, por detrás de éste, el seleccionador nacional de España. Ya dije el otro día, y lo vuelvo a repetir hoy, que tengo la sensación de que todos y cada uno de los asistentes habrían mirado hacia otro lado si Artur Mas hubiera decidido abofetear a Felipe VI. La Comisión Antidignidad no decidió aunque sí paró para comer, y el notario del partido, que es el árbitro, no vio nada anormal en el hecho de que más de ochenta mil almas insultaran al Rey y pitaran el himno nacional de España, y así lo reflejó en el acta: "Público: Normal". El colegiado no vio nada anormal en el akelarre pero un par de años antes sí tuvo la vista necesaria como para vislumbrar en el transcurso de un partido, allá a lo lejos, una pancarta ofensiva hacia la UEFA. Y es que en España lo normal es que se insulte al Rey y lo delictivo que se le falte al respeto a Michel Platini.

Las cosas están así: en su despedida en diferido de los campos de España, el "honorapla" Xavi Hernández, mil setecientos cincuenta trillones de veces internacional con la selección de mi país, va diciendo por ahí que somos unos torpes si no profundizamos en los auténticos e insondables motivos que auspiciaron el akelarre, que hay que comprender a quienes insultaron a mi Rey, a mi bandera y a mi himno nacional, que evidentemente no son los suyos. Lo peor del caso es que estoy seguro de que si el "honorapla" no le hubiera dicho al seleccionador que ya no podía más con las botas, el Conde Duque de Del Bosque, uno de los petrificados asistentes al bochorno del otro día, seguiría llevándole a él a las convocatorias y a nosotros al huerto de la ignominia. Rastreando con fatiga el hilo de las "lamentaplas" declaraciones del "honorapla" Xavi, este peculiar pocero de las ideas a quien un jurado compuesto por momias del Antiguo Egipto tuvo la genial idea de conceder hace tiempo un premio Príncipe de Asturias (a fe mía que de las Letras no sería, no) para que se lo entregara en mano el actual monarca, a quien insultaron en el Camp Nou el sábado pasado, podría decirse que cuando un aficionado llama "hijo de puta" a un árbitro o "negro cabrón" a un futbolista, no conviene alterarse demasiado sino, bien al contrario, acercarse con mimo hacia el espectador para profundizar con él en las motivaciones que le han llevado a realizar semejantes comentarios. Y, llegado el caso, pagarle con alegría la terapia.

capitán haddock

Las cosas están así: en la misma línea que el "honorapla" Xavi, aunque con varios trillones menos de internacionalidades que él, Andoni Ortuzar, presidente del PNV, insiste en que "Madrid, el conceto" no comprende las razones, no entiende los motivos, no analiza los hechos, en definitiva no razona. Claro que en "Madrid, el conceto" comprendemos, entendemos, analizamos y razonamos. Aunque tarde, comprendemos que lleváis todos estos años de democracia lavando el cerebro de vuestros niños para convertirlos en pequeños soldaditos antiespañoles. Entendemos que vuestra única motivación es desviar la atención de lo fundamental, que no es otra cosa que el lamentable estado de desnutrición en que tenéis precisamente a muchos de esos niños, cincuenta mil según los últimos informes. Analizamos que si el otro día pitaron al Rey y al himno fue por algo tan sencillo como que alguien repartió pitos a la entrada del campo. Y, razonando, razonando, razonando, llegamos a la conclusión de que alguien debería castigar a los promotores de semejante vergüenza. Profundizamos, claro que sí. Es más, lo único que hacemos es profundizar. Profundizamos, profundizamos y volvemos a profundizar pero una y otra vez, y otra vez más, nos damos de bruces con la misma pared recubierta de cruda realidad nacional: dormimos con nuestro enemigo, que ya ni siquiera es el separatismo, no, qué va, sino aquellos que aseguran querernos defender y que dicen representarnos. Harto de tanta cobardía, el Rey dejó vacante por iniciativa propia su silla en el palco del deshonor de Berlín. ¡Atajo de amebas!... O, parafraseando al gran filósofo Archibald Haddock, ¡lechuguinos, coloquintos, ciclotrones, cercopitecos, chafalotodos!... Es, queridísimos amigos, el único consuelo que nos queda, soltar por la boca sapos y culebras.

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