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Sagas familiares del Real Madrid (1ª parte)

Sagas familiares del Real Madrid (1ª parte)

Escrito por: Alberto Cosín8 marzo, 2017
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A lo largo de los 115 años de historia del Real Madrid han pasado cientos y cientos de futbolistas por el vestuario blanco. Algunos de ellos tenían parentesco familiar, desde padres a hijos pasando por hermanos, abuelo y nieto o tío y sobrino.

Los pioneros a los que les corría la misma sangre por las venas fueron los hermanos Palacios Gutiérrez, Julián y José. Julián fue uno de los fundadores de la entidad blanca a comienzos del siglo XX y además ejerció como presidente antes de la inscripción del Madrid como club. Jugaba como medio ala aunque las labores administrativas le impidieron disputar partidos oficiales. Sólo acudía a los entrenamientos y a algún choque amistoso. Por su parte José se desempeñaba en la misma posición y estuvo dos campañas en el cuadro merengue participando en un encuentro de Copa.

Coetáneos de los Palacios Gutiérrez fueron los hermanos Giralt, tres futbolistas nacidos en Cuba que hicieron buena carrera en el Madrid de la época. La familia tuvo mucho que ver en la fundación del club y Mario, Armando y José engrosaron la primera plantilla de la historia en el curso 1902-1903. Mario, un zaguero fuerte y potente físicamente, únicamente estuvo un año en el equipo, aunque fue fijo en el torneo de Copa. Mientras que sus hermanos sí permanecieron más tiempo en la disciplina madridista y obtuvieron las Copas de 1906 y 1907. Armando era un extremo izquierdo rapidísimo con una gran precisión en su zurda y José era un delantero rematador y fornido que logró dos tantos en sus diez partidos como blanco.

En la misma etapa y durante un lustro coincidieron los hermanos Yarza en los albores de la institución capitalina. Ambos llegaron en 1903 y se marcharon en 1908 con cuatro Copas (1905 a 1908) en su bagaje personal. Manuel y Joaquín ‘Quincho’ habían fundado el Moderno, club que fue absorbido por el Madrid F.C., y se incorporaron al cuadro merengue de inmediato. Manuel, vocal de la Junta Directiva y que actuaba como medio era un jugador contundente y eficaz en su juego. Por su parte Joaquín, que comenzó como extremo pero bajó a la defensa, formó una pareja legendaria con Berraondo gracias a su fortaleza física y su calidad en el corte.

Hermanos Yarza

En 1909 tres onubenses que se formaron en el Recreativo de Huelva, el decano del fútbol español, llegaron a Madrid para estudiar y compaginaron sus estudios con el balompié vistiendo la camiseta blanca. José, un centrocampista, y Luis  un ‘wing’ derecho  estuvieron hasta 1912, aunque solo disputaron dos encuentros oficiales de Copa. Mientras que Francisco, que era medio izquierda, se mantuvo una temporada más, hasta 1913. Los tres saltaron al campo a la vez en los dos choques de la Copa de 1910, pero no tuvieron mucha fortuna, puesto que el Madrid cayó en San Sebastián por 2-0 ante el Athletic y el Vasconia.

Con la llegada de los años 10 dos sagas familiares legendarias hicieron su entrada en el mejor club de la historia: los Bernabéu y los Aranguren. Marcelo Bernabéu, que era médico, y fue el principal culpable de que a Santiago le entrase el gusanillo por el deporte rey fue un magnífico defensa que descollaba por sus cualidades físicas y atléticas y por una enorme eficiencia en la marca. Titular durante siete campañas era habitual verle en las alineaciones de los choques de Copa y el Campeonato Regional. Santiago por su parte debutó en 1912 para demostrar con celeridad su gran potencia, su instinto para el remate, su poderío en el juego aéreo y su versatilidad en la punta del ataque. En su palmarés destaca la Copa lograda en 1917 aunque una lesión en las semifinales contra el España F.C. le impidió salir de inicio en el partido decisivo frente al Arenas.

Marcelo Bernabéu fue el culpable de que a Santiago le entrase el gusanillo por el fútbol

Aranguren, Eulogio y Sotero fueron argentinos que de pequeños se trasladaron a vivir a San Sebastián, donde se formaron como futbolistas. Eulogio fue un medio de gran calidad, habilidad y destreza con el balón en los pies. También podía bajar a la zaga y en sus años como madridista levantó la Copa de 1917 y tres Campeonatos Regionales. Su hermano Sotero aterrizó junto a él en 1911 y se mantendría en la escuadra madrileña hasta 1918. Brillaba como extremo izquierdo y fue uno de los mejores jugadores de la época en España. Rápido, desequilibrante, vertical y con un carácter muy fuerte, jamás se rendía fuesen las circunstancias que fuesen. Compartió once con Eulogio en la final contra el Arenas de 1917, tanto en el primer partido como en el desempate. Tras terminar sus estudios le destinaron a Miranda de Ebro y tuvo que dejar el Madrid para su desgracia. Cuatro años después, en 1922, falleció de forma prematura y el club blanco le homenajeó con una escultura de bronce en 1925 en la que figura junto a Machimbarrena. Hoy en día se encuentra en la bocana de vestuarios en el estadio Santiago Bernabéu.

Entre 1914 y 1915 les tocó a dos jugadores de origen francés que se trasladaron desde Irún a Madrid para estudiar en el Colegio de El Pilar: Juan y René Petit. Juan llegó en 1914 y era un magnífico interior, fino y con un fenomenal dominio del cuero que formó con Sotero Aranguren una banda extraordinaria. Estuvo tres campañas hasta que fue llamado a filas para el ejército francés en la I Guerra Mundial donde sufrió unas heridas de consideración que acabaron con su carrera. Su hermano René fue el primer gran crack madridista. Un delantero que actuaba también en la media y un mago del balompié. Elegante, técnico, hábil, inteligente y preciso en todas sus acciones, manejaba el juego de toque a la perfección. Jugó desde 1915 a 1918 un total de 29 partidos oficiales en los que logró 13 dianas y levantó como título principal la Copa de 1917, marcando además el primer gol en el duelo de desempate.

Hermanos Aranguren

Junto a los hermanos Petit llegó a coincidir unos meses Manuel Cominges, un interior gallego que comenzó sus estudios de Ingeniero de Caminos a la vez que firmaba por el Madrid en 1917. Futbolista muy alto para la época, 1,87m, era un jugador corpulento y dominante en el juego aéreo que actuó casi siempre en el Campeonato Regional aunque también disputó un partido de Copa. Su hermano Francisco diez años menor que él fichó en 1926 tras militar en el Hogar Vasco. Su demarcación era la de medio ala y tras jugar en Copa y en el Regional Centro pudo participar en tres partidos de la Liga 29-30. Concretamente salió ante el Racing, el Atlético de Madrid y la Real Sociedad y anotó frente a los colchoneros y los donostiarras.

En 1919 otras dos estirpes de hermanos se barruntaban en el cuadro blanco al fichar Pablo Hernández Coronado y Adolfo Mengotti. El primero era un madrileño que sería historia del club blanco durante casi medio siglo. Fenomenal guardameta también ocupó labores de entrenador, secretario técnico y directivo. Jugó tres años en diferentes partidos de la Copa y el Campeonato Regional. Falleció a los 100 años. Por su parte Mengotti nacido en Valladolid pero que adoptó la nacionalidad suiza por su progenitor fue un mediocentro sobresaliente por su velocidad, su intuición, su calidad en el pase y su temperamento. Estuvo seis años en la disciplina merengue donde ganó cuatro Campeonatos Regionales pero su mayor éxito fue la medalla de plata en los JJOO de Paris de 1924 donde representaba al Madrid.

Sus respectivos hermanos aparecieron en 1921 y 1923. Rafael Hernández Coronado un medio que practicaba el atletismo y el boxeo permaneció tres años aunque sus labores como médico le impidieron tener continuidad en el equipo. Por su parte Arturo Mengotti se desempeñaba como arquero y estuvo en dos etapas distintas en el club blanco (1921-1923 y 1925-1926). Muy centrado en sus estudios apenas disputó algún encuentro del Campeonato Regional Centro.

A mediados de la década de los 20 dos hermanos se trasladaron a Madrid desde Vizcaya: Ramón y Luis María de Uribe y Echevarría. Este último empezó a jugar en 1925 y se confirmó como un brillante definidor y anotador tanto en Copa como en el torneo Regional. Su larga carrera le permitió también disputar un partido de Liga contra el Arenas antes de marcharse al Athletic tras terminar sus estudios en la capital. Mientras que Ramón era un zaguero muy potente, típico del fútbol del norte, que estuvo al completo el curso 1926-1927 con tres choques del Regional como bagaje.

La siguiente dinastía de hermanos tuvo lugar en los años 30 y es una de las más célebres: los Regueiro. El mayor, Luis, fue firmado del Real Unión en 1931 para hacer historia en la casa blanca. Interior irrepetible, disponía de un gran talento, regate, creatividad, imaginación y elegancia. En sus seis campañas alcanzó los 164 partidos y un total de 87 goles que ayudaron a la conquista de las dos primeras Ligas del club, dos Copas y cinco Campeonatos Mancomunados. Su hermano Pedro descollaba en la media siendo un discípulo del gran René Petit. Se compenetraba muy bien con Luis y, aunque era muy seguro y enérgico en su juego, algunos le catalogaron como frío. Fichó en 1932 y estuvo hasta 1936 con unas estadísticas de 134 partidos oficiales y una Liga, dos Copas y cuatro Mancomunados como trofeos de prestigio. El último de los hermanos, Tomás, vio como el estallido de la Guerra Civil daba al traste con sus opciones de hacer carrera en el Madrid y apenas estuvo unos meses de 1936 en la plantilla merengue. Los tres pudieron concurrir en un mismo partido a la vez en el homenaje a Félix Quesada. El choque se celebró el día de Año Nuevo de 1936 en Chamartín donde los madridistas derrotaron por 4-1 (Luis marcó el primero) al Szegedi TC húngaro.