Las mejores firmas madridistas del planeta

Rocky IV

Escrito por: Antonio Vázquez19 abril, 2024
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—No podemos cambiar lo que somos.

—Sí que puedes.

—Es imposible cambiar nada, sólo podemos cargar con lo que somos.

—No debes cargar con lo que eres. Has leído la prensa, ¿no sabes lo que dicen todos? Es un suicidio. Tú le has visto y sabes lo fuerte que es. ¡No puedes ganar!

—Adrian, siempre dices la verdad. Quizás no pueda ganar. Quizás lo único que puedo hacer es aguantar todos sus golpes, pero para vencerme tendrá que matarme y para matarme necesitará coraje para ponerse delante de mí y para hacerlo. También deberá estar dispuesto a morir. No sé si será capaz de hacerlo. No lo sé, no lo sé.

Rocky y Adrian

Y allí que se fue nuestro Real Madrid, el viejo y eterno campeón, al lugar que todos señalaban como su inevitable matadero. Como Rocky contra Iván Drago, en la cuarta entrega de la saga Rocky, la más exitosa en lo comercial y probablemente una de las peores a nivel cinematográfico, mezcla casi al cincuenta por ciento entre videoclip musical casposo y comedia involuntaria.

En el fútbol, aunque parezca mentira por lo que nos cuentan, se ataca y se defiende

Los nuestros acudieron a pegarse con el City, el ruso que es más alto, más fuerte y cuenta con la más avanzada tecnología. Fueron a morir, a encajar lo que hiciera falta, a mantenerse en pie a toda costa, con la fe del que espera una mínima oportunidad de soltar una mano ganadora. Ese gancho al principio no lo vio venir Drago. El combate se había preparado bien, especialmente desde el aspecto defensivo. Así que, tras ese primer golpe, se volvió a ofrecer al mundo la enésima exhibición de ductilidad y supervivencia. En el fútbol, aunque parezca mentira por lo que nos cuentan, se ataca y se defiende.

Carvajal

El Madrid se atrincheró contra las cuerdas, mantuvo su guardia contra viento y marea y, a pesar de la golpiza, en su mentón solo impactó un directo y apenas hubo un par de amagos más. Transcurrieron los asaltos, y la pétrea fortaleza soviética empezó a mostrar titubeos, grietas. Se llegó a los penaltis, lance que se decide no por cuestiones relacionadas con la fortuna y sí por trabajo, carácter y preparación. Y el más longevo de los campeones, el que ha sido capaz de ganar pegando, controlando al rival, contraatacando y de muchas otras maneras, volvió a hacer lo que le define, ganar. Como sea, donde sea, cuando sea, con el único límite de respetar las reglas. Es una frontera importante, que aquellos que pagaron para declinar la balanza de quien tiene que impartir justicia rebasaron sin sonrojarse ni sufrir más castigo que el reputacional (de momento).

el más longevo de los campeones, el que ha sido capaz de ganar pegando, controlando al rival, contraatacando y de muchas otras maneras, volvió a hacer lo que le define, ganar. Como sea, donde sea, cuando sea, con el único límite de respetar las reglas

Los rivales siguen sin explicarse cómo pudo ocurrir otra vez, volviendo a coger un juego que vive en buena medida de lo emocional, para intentar reducirlo a un pomposo y poco representativo análisis de datos, abstrayéndose de los únicos que importan, los que refleja el marcador al final. El Madrid ganó, como suele hacer, y no fue una cuestión de suerte. Es curioso que los que más detestan al catorce veces campeón de Europa, empleando buena parte de su vida en descalificarle, sigan sin conocer al objeto de su obsesión. Al Madrid no se le puede matar porque es eterno y no hace falta que vuelva, porque nunca se va. Pronosticar su fracaso y hacerlo de forma unánime es el habitual preludio de la siguiente gesta. Ahora estamos en pleno y previsible debate estilístico (que al madridismo en general le es indiferente) o viviendo un ejercicio de ‘zorrauvismo’. Lo habitual para intentar desmeritar al mejor sin discusión.

¿El Real Madrid está hecho de un material desconocido?

Al Madrid no se le puede matar porque es eterno y no hace falta que vuelva, porque nunca se va

Incluso entre el madridismo existe esa facción derrotista que no conoce bien el verdadero espíritu del equipo al que sigue y mira con incomprensible envidia al que pasea por la otra acera, cuando debería llevar la cabeza tan alta que sus rivales no entrarían en su campo visual. Es aquel que cada año denuncia la desastrosa planificación deportiva, vaticina todo tipo de catástrofes y convierte cada victoria en un ejercicio de alivio en lugar de uno de pura felicidad. Nunca podré entender ese madridista, perfectamente respetable por otra parte, porque creo que no es consciente de las inmensas virtudes del Real Madrid, el viejo boxeador que siempre ha sabido encontrar la manera de levantar el cinturón de campeón, reinventándose una y mil veces.

 

Getty Images.

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Pintaza tremebunda el TikiTaka, trivial futbolero que acabo de recibir de mis buenos amigos de HelloFun. Ya tengo ganas de empezar a jugar, y mis hijos ni te cuento.

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Ayer se cumplió el aniversario de la despedida de @MichelGonzalez del Santiago Bernabéu.

✍️@salva_martin nos lo recuerda y nos habla del 8 del @realmadrid, el talento inagotable de La Quinta.

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