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Road to Cardiff (IV): Taxi drivers

Road to Cardiff (IV): Taxi drivers

Escrito por: Jesús Bengoechea4 octubre, 2016
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Tan cierto es que generalizar es siempre injusto como que el gremio del taxi acostumbra en algunas latitudes a acoger en sus filas sujetos manifiestamente mejorables desde el punto de vista de la moral y las buenas costumbres. Hay excepciones que confirman la regla, pero si a priori me dan a elegir entre irme de viaje turístico con un mercenario sudafricano o con un taxista de Sevilla, aun sin conocer a los protagonistas, yo tengo clara mi elección.

Cardiff es una de esas excepciones que no sé si confirman la regla pero que desde luego, como buena excepción, no entra en ella. Los taxistas de Cardiff son afables e invariablemente sonrientes. Hay también excepciones a la excepción, pero yo no he topado aún con casi ninguna.

Parte de la nobleza trasciende a cada representante de la profesión: es gremial, o quizá cultural porque hablamos al fin y al cabo del riguroso Reino Unido. Si tú llamas por teléfono para que un taxi venga a buscarte a casa, el taxista no se presenta allí con el contador echando chispas porque presuntamente viene de Newport, sino que esperará a que estés a bordo para ponerlo en marcha, con bajada fija de bandera de dos libras. Frecuentemente le haces esperar, con algún perjuicio para sus intereses. Nada que no pueda solventarse con un somero "Sorry to make you wait". Seguirán siendo dos libras y un "No problem".

Política de empresa, ya lo sé, pero no es algo que deba ser descontextualizado. Esto es así porque hablamos de una cultura diseñada para honrar al cliente, lo que además armoniza a las mil maravillas con el carácter generalmente amigable del taxista en cuestión. No es cosa suya el que la bajada de bandera sea fija, pero si de él dependiera tampoco la subiría, ni aun viniendo de Newport.

En mis frecuentemente entretenidas conversaciones con los taxistas de Cardiff, nunca falta el tema de Gareth Bale. El destino del viaje puede variar, no así el destino de la charla. Todos los taxistas (y en realidad todos los habitantes de Cardiff) tienen algún tipo de relación, siquiera tangencial, con Gareth Bale. Todo el mundo sin excepción tiene un primo que fue a la misma clase, en Witchurch High School, que la hermana de Gareth. La intimidad se acrecienta en el caso de los taxistas, uno de los cuales me juró una vez haber jugado al golf con la gran estrella madridista. Como fanfarronada no está mal, piensas, hasta que al llegar a destino el taxista saca su smartphone y te muestra la foto. Sabemos de la existencia del Photoshop, pero también que recurrir a él con el único objetivo de marcar paquete no es algo que entre en los parámetros de sencillez galesa.

-La prensa española ha llegado a acusarle de ser poco profesional por culpa de su gusto por el golf- solté, a fin de testar cómo respiraba aquel taxista, que resultó respirar sin ninguna dificultad.

-With all due respect, sir, f*ck the Spanish press.

taxis-cardiff

Otro taxista llegó a contarme que en su juventud salió durante un tiempo con la madre de Gareth. Había un punto de amargura retrospectiva (y mercantil) en su voz.

-Podía haber sido mi hijo- se lamentó el tipo, a cuyas palabras opté en este caso por no dar fundamento, dado que en este caso no fue aportado material gráfico acreditativo.

Mi taxista favorito se llama Denis. El que conozca su nombre no implica que tenga con él ninguna relación contractual. Yo llamo por teléfono a la compañía, como siempre, pero por alguna razón, últimamente, es siempre él quien aparece. Las primeras dos o tres veces pudo ser coincidencia. Yo creo que ahora ya le caigo bien y, cuando suena el servicio desde ....... Road en la radio de la emisora, inmediatamente "se me pide".

Denis es de corta estatura, calvo y rechoncho. Me habla buscando los míos en el retrovisor central con sus ojos vivarachos e intensamente azules. Sigue la Liga española como si no hubiera otra cosa en este mundo. Tiene a Benzema por un muy buen jugador, pero no deja de mencionar qué gran ocasión perdió el Real Madrid al no fichar a Luis Suárez.

-Es un jugador muy sucio, todos lo sabemos- me repite una y otra vez.- De hecho, es un cerdo redomado.

-En el medio digital que edito nunca podría expresarlo en esos términos- suelo responder.

-Imagino, señor. Es tremendamente sucio, señor, pero el Barcelona tuvo la astucia de saber que aun así iba a compensar. Aguantas el chaparrón cuando lo fichas. Luego, ya escampará. Y te garantiza una cantidad tremenda de goles. Tiene el don del gol.

Estos y otros lamentos, esta y otras conversaciones, me hicieron albergar la idea de que Denis no solo disfrutaba con la Liga española sino que, en particular, simpatizaba con el Real Madrid. Tuvimos que empatar en Las Palmas para que yo saliera de dudas.

-Desafortunado empate el de ayer, señor- me soltó no bien cerré la puerta trasera para iniciar el viaje.

-Así fue, Denis- repliqué.- Muy desafortunado.

-El gol del empate marcado por el equipo insular en el tramo final del partido aparejó una gran dosis de suerte- aventuró Denis, a lo que respondí, por el mero afán de poner a prueba lo que yo ya entendía como patente madridismo:

-Bueno, es posible que nuestro portero no estuviera muy fino en la jugada.

Los ojillos de Denis se clavaron en los míos con el brillo inequívoco de una contenida indignación. Aproximó el coche a la acera y frenó casi en seco.

-Señor, si va a culpar a Kiko por ese gol será mejor que se baje del coche y llegue a pie hasta la estación- me dijeron sus ojos, momentáneamente empequeñecidos por la sorna de una sonrisa que, aunque no veía en el retrovisor, resultaba fácil de deducir.

Denis opina que el Madrid estará en Cardiff el próximo 3 de junio. Sus argumentos son irrefutables.

-Gareth lo desea demasiado como para que no suceda. Es un orgulloso galés y un orgulloso madridista. Hay demasiada belleza en la idea de Gareth ganando en Cardiff el galardón más importante que da el fútbol, demasiada belleza como para que esto no tenga lugar. Es su ciudad desde siempre y es su equipo desde que era muy pequeño. Debemos confiar, señor.

Estoy de acuerdo con Denis. Debemos confiar.