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Réplica: El fichaje más esperado

Réplica: El fichaje más esperado

Escrito por: Ramón Álvarez de Mon24 julio, 2015
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Una de las cosas que más orgullo me reporta en mi condición de colaborador de La Galerna es sin duda la de participar en un proyecto con una línea editorial con la que me identifico, pero suficientemente desacomplejada para acoger opiniones muy distantes de esa línea editorial. Esa pluralidad, tan ausente en la mayoría de medios de comunicación, es una de las marcas de identidad de esta publicación en sus dos meses de existencia. Pero la pluralidad podría dejar un poso de frustración si no permitiese ejercer el derecho a réplica ante opiniones radicalmente opuestas a las que uno ostenta. Ese bendito derecho de réplica es el que vengo a ejercer con el mayor de los respetos. El artículo de Antonio Hualde está en las antípodas de mi pensamiento, pero ya adelanto que eso no me hace sentirme ni más ni menos madridista que el autor del artículo “El fichaje más esperado”, que ahora paso a rebatir.

Antonio, haciendo uso de la ironía, comienza haciendo una reivindicación de la cantera para posteriormente criticar el excesivo mercantilismo con el que impregna la presidencia al club. Dicho hecho produce, en palabras del autor, un olvido sistemático de los chavales que se forman en Valdebebas al no ser productivos a nivel comercial. Para Antonio, de todos los atributos que puede poseer un jugador el más importante es el de sentir la camiseta.

No cabe duda de que la identificación con unos colores, llegado el caso, puede suponer un plus en el nivel de un jugador. Ese extra que puede suponer el sentirse madridista podría repercutir en niveles de compromiso que aumenten, por momentos, el nivel de un jugador. Sin embargo, no sobrevaloremos el madridismo de los jugadores en un mundo tan profesionalizado. Tanto los jugadores que se forman en Valdebebas, como los que se forman en Mareo o en Lezama, aspiran a alcanzar la condición de profesionales. En su generalidad, estos jugadores ambicionan ir progresando en su profesión, y ello les lleva a buscar destinos atractivos a nivel deportivo y económico. Salvo en contadas ocasiones, las decisiones más vitales de su carrera son tomadas desde un punto de vista racional, no pasional. Este hecho determina que, para mí, el plus del madridismo sea mucho menos importante que el del profesionalismo. No digamos ya si hablamos de la comparación con su talento, atributo que el autor coloca por detrás, en rango de importancia, a su madridismo.

Por otro lado, Antonio enlaza Valdebebas con el modelo deportivo-económico del club. Mi madridismo es totalmente incondicional y no depende de los resultados deportivos del club, pero si algo ha caracterizado la historia de este club es la búsqueda permanente de los éxitos deportivos. En la segunda mitad de la década de los cincuenta, el Madrid vivió su época más gloriosa. Soy joven para haberlo vivido, pero juraría que no fue un equipo en el que la presencia de la cantera fuera determinante. Ya entonces, un genio llamado Santiago Bernabéu buscada por todo el mundo a los mejores talentos sin importar su procedencia. Esas estrellas mundiales atraían a infinidad de seguidores y se daba un círculo virtuoso: éxitos deportivos y una salud económica que permitiese seguir captando a los mejores talentos; porque no lo olvidemos, el Madrid no tiene ánimo de lucro per se, sino que aspira a tener una situación económica que sea garante de seguir aspirando a tener a los mejores jugadores. ¿Esto implica que sólo se deban fichar jugadores con valor comercial? Radicalmente no. ¿El valor comercial de los jugadores es baladí? Pues tampoco. En el Madrid deben jugar los mejores que además, en su aplastante mayoría, aunarán nivel deportivo y potencial comercial. Si estos jugadores son de la cantera mejor, pero si el Castilla transita por la 2ªB y no tiene jugadores aptos para una de las mejores plantillas del mundo, yo no sacrifico calidad por una identificación que, como he dicho, es discutible. El madridismo se nos debe exigir a los aficionados madridistas, de los jugadores se debe esperar talento y un inquebrantable profesionalismo.

El artículo sigue avanzando en una crítica constante a Florentino (cuya defensa incondicional no persigue este artículo) con intermediarios como Benzema y especialmente Bale. Del galés se desliza que es un chupón y que su función principal en el  Madrid es la de aparecer en anuncios como el de Nivea. Antonio me perdonará que le diga que eso es una barbaridad. En su primera temporada de adaptación, Bale solo fue el autor de los goles de la victoria en la Copa del Rey y en la Décima. No entraré a discutir el nivel futbolístico de ambos, pero creo que hasta para sus más radicales detractores ambos son jugadores con potencial para jugar en el Madrid.

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Me gustaría recomendarle a Antonio Hualde la meritoria sección del Portanálisis. En la misma verá cómo las portadas de dedicadas a Bale por parte de As y el Diario de la Hernia (¿se acuerda?) son todo menos halagüeñas con el galés. Más bien persiguen colocarle continuamente entre la espada y la pared por ser un jugador con el sello de un presidente tan venerado por la prensa.

Desconozco de dónde procede la importancia que tienen las ruedas de prensa para el autor. En mí opinión y, teniendo en cuenta que la prensa azuza un día tras otro al club, la práctica inexistencia de las mismas es algo que protege al Madrid y por ello concuerdo con esta línea marcada por el Madrid que también afecta a jugadores a los que nombra (Casillas y Ramos). Tras una semana de entrenamientos abiertos, la prensa ha mostrado más avidez por destapar polémicas inexistentes que por hablar de fútbol.

Sobre Ramos y Casillas ya me he pronunciado en numerosas ocasiones y por el probable hartazgo de los valientes que me leen prefiero no hacerlo más. Simplemente diré que no percibo el maltrato por parte del club que comenta el autor, más bien una defensa de los intereses del Madrid en la que habrá habido errores y aciertos. Lo mismo podría decir de Casillas y Ramos en la defensa de sus intereses.

En cuanto a Mourinho, al que Antonio considera aberrante, reconoceré que su figura me dejó de importar desde que dejó de ser entrenador del Madrid. No obstante, siempre me consideraré mourinhista ya que es una filosofía que escapa y supera la figura del propio Mou, que sin duda algunas veces no estuvo a la altura de sus ideas. Una filosofía que tiene como puntos cardinales, entre otros, el inconformismo, la subversión ante lo injusto, la defensa con orgullo de lo propio y la lucha por unos ideales. El gran mérito de Mou es que nos recordó a muchos madridistas cuáles eran nuestros valores, unos valores que el mismo Bernabéu defendía a capa y espada, pese a no resultar políticamente correcto en ocasiones.

Por último, terminaré con algo en lo que sí estoy de acuerdo: a pesar de sus errores, yo hubiese continuado con Ancelotti, pero no por su condición de pacificador, sino por ser un excelente entrenador que merecía cumplir su contrato.