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Reflexión y parabienes

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Reflexión y parabienes

Escrito por: La Galerna30 abril, 2018
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Buenos días. Como era previsible, el FC Barcelona se proclamó ayer campeón de Liga, lo que unido a su reciente título de Copa del Rey les confiere un doblete que representa un indudable éxito. Otra cosa es analizar todos los factores que han coadyuvado en ese éxito, factores que han sido analizados pormenorizadamente en La Galerna desde su mismísima fundación y sobre los que volveremos antes de finalizar esta sección.

Otra cosa, también, sería analizar hasta qué punto puede sentirse satisfecho un club que suele llevarse el gato al agua en la competición doméstica pero fracasa sistemática y ridículamente cada vez que juega en Europa, donde se muestra incapaz de superar los Cuartos, acaso porque más allá de las fronteras nacionales no entran en juego los factores coadyuvantes a los que nos referíamos. En ese sentido, el contrate con la eficiencia continental del Madrid es lacerante, y no hay más que ver la portada de Sport de hoy para confirmarlo.

Hay que ver cómo se pone la venda en la herida, antes de que ésta se produzca, el diario de Folch. Ese intento por remarcar que nada vale más que un doblete, sin que nadie les haya preguntado, es una de las más obvias manifestaciones de complejo (y mira que nos han ofrecido numerosas muestras) del entorno culé. ¿Nada mejor que un doblete? No se lo creen ni ellos, que por otro lado ya han exteriorizado la sensación de fracaso que les acompañará si, con doblete o sin doblete, el Real Madrid se alza con la XIII en Kiev.

La prensa deportiva catalana, como veis, no ahorra fanfarrias para felicitarse por este logro de los suyos. Es una alegría que, como indicamos, se nos antoja algo ficticia, pues aún no han cicatrizado las heridas del 0-3 en Roma y se nota a la legua que así es.

Sin embargo, no por ello debemos dejar de lado un hecho incómodo: esta Liga, como esta Copa del Rey, deberían haber sido disputadas de otra manera por el Real Madrid, por la sencilla razón de que el Real Madrid tiene la obligación no de ganar, pero sí al menos de pelear todos los títulos que disputa hasta el final o hasta casi el final. Aunque hay atenuantes, no ha sido así con esta Liga. (Los atenuantes, que no eximentes, son las ayudas al Barça de las que hablábamos y de las que hablaremos).

Así pues, y con independencia de lo que suceda mañana frente al Bayern, con independencia de lo que ocurra el 26 de mayo en la gran cita de Kiev (si llegamos a ella), toca al Madrid hacer un ejercicio de serena autocrítica. Llegar a Kiev y ganar allí supondría firmar otra temporada histórica, pese al fiasco liguero, pero no por ello hay que obviar el hecho de que dicho fiasco (y el de Copa) no deberían haber tenido lugar. Las competiciones, como mínimo y como decimos, hay que disputarlas hasta el final o hasta casi el final.

Parece evidente que hubo un exceso de optimismo en la planificación de la temporada. Exceso de optimismo respecto a la celeridad y el aplomo para tomar el testigo por parte de jugadores muy jóvenes. Exceso de optimismo respecto a la salud de Gareth Bale. Exceso de optimismo respecto a la capacidad goleadora del equipo tras haber perdido para la causa (porque quisimos perderlos o porque les dejamos perderse) a hombres como Morata, James y Mariano. Exceso de optimismo respecto a la capacidad de esta plantilla para gestionar de cara a la Liga el desgaste de títulos alternativos felizmente ganados (las dos Supercopas y el Mundial de clubes). En fútbol, hay que planificar siendo pesimistas. Hay que temer la zarpa de Murphy arañando sin piedad.

En cuanto al flamante (?) campeón, nos remitimos a nuestro tuit de ayer a media tarde.

"Enhorabuena al FC Barcelona por el título de Liga conseguido. Enhorabuena también a todas las instituciones y personas que, aparte de los méritos del propio Barça, han participado en este logro por acción u omisión".

¿A quién nos referíamos en ese segundo apartado de nuestra felicitación? Permítasenos, por qué no, que seamos más precisos.

Enhorabuena a Ángel Maria Villar, presidente aún en la sombra de la RFEF, por el triunfo en la Liga de un ancestral aliado.

Enhorabuena al Comité Técnico de Árbitros de la RFEF, con su presidente Victoriano Sánchez Arminio al frente, por haber creado en el colectivo arbitral el paisaje mental adecuado para evitar sufrimientos a ese ancestral aliado, paisaje mental plasmado en aberraciones estadísticas como un penalti en contra cada dos años, un defensa central titularísimo a quien no se pita un penalti en cinco temporadas o un equipo que recibe un lance a favor (penalti o expulsión de un rival) en prácticamente la mitad de los partidos que disputa frente a un 4% para el Real Madrid.

Enhorabuena a la generalidad de la prensa deportiva, la que se ocupa de espiar a Bale para saber si celebra como es debido los goles de sus compañeros pero ha pasado 30 años sin investigar el villarato, pasando incluso de puntillas sobre él cuando el poder judicial (que no la prensa) lo destapó, y privándonos por tanto de una investigación seria sobre el modo en que funciona el clientelismo instaurado por Villar en el sistema. La clara percepción de que ese clientelismo puede tener alguna relación, directa o indirecta, con las ligas ganadas por el Barça en la última década no ha llamado nunca la atención de una prensa generalmente entregada (por convicción, complejo o antimadridismo) a la propaganda culé. Con ello nos referimos tanto a la prensa catalana como a la madrileña. Y si no ved: