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Cuando cualquier victoria es ilegítima

Cuando cualquier victoria es ilegítima

Escrito por: Athos Dumas24 junio, 2020
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El barcelonismo en llamas no para de proclamar a los cuatro vientos, y sobre todo después del reinicio de la competición liguera,  sus 8 conquistas en las 11 últimas ediciones disputadas. Han hecho de la Liga española –lo mismo de la Copa del Rey– un coto privado: tan sólo son legítimas las que ellos conquistan, las demás son robadas, expoliadas, y deben ser invalidadas o, cuando menos, vituperadas.

Por supuesto que estudios tan serios sobre beneficios arbitrales (saldo de penaltis, de tarjetas amarillas y rojas, tanto a favor como en contra, elaborados por minuciosos estudios de Maketo Lari o Juanpa Frutos, con datos indiscutiblemente reales), el culerío rampante ni los escucha, ni los lee, ni menos aún los interpreta, ya que no forma parte de su histórico relato victimista más falso que una moneda de tres euros.

No están dispuestos sus voceros a que el Real Madrid se lleve esta liga –ni ninguna más, a poder ser– y llevan ya días poniendo el grito en el cielo por 5 aciertos arbitrales 5, haciendo pequeña y ridícula aquella queja –con Pep empezó todo– de Guardiola quejándose por el acierto arbitral de Undiano Mallenco en 2011 al anular un gol por fuera de juego de Pedrito Rodríguez en la final de Copa disputada en Valencia. ¿Cómo es posible que el árbitro acierte cinco veces seguidas a favor del mismo? claman.

Cinco aciertos arbitrales:

⁃ El gol de Kroos ante el Eibar (supuso el 1-0) con posición previa correcta de Karim Benzema, tras revisión de VAR.

⁃ El gol bien anulado a Rodrigo ante el Valencia por fuera de juego de Maxi Gómez, tras revisión de VAR.

⁃ El penalti a Vinicius en San Sebastián, con el árbitro tres metros situado frontalmente a la jugada, y con revisión posterior de VAR.

⁃ El fuera de juego posicional de Mikel Merino en el disparo de Januzaj, impidiendo la correcta visión a Courtois, y revisado por VAR.

⁃ El gol de Benzema que suponía el 0-2 en ese momento, tras controlar el esférico con el hombro, jugada también revisada por VAR.

Criticar el acierto. El nuevo mantra de los tramposos más grandes del Universo. Al que se unen felices y dicharacheros enormes hordas de antimadridistas feroces de envidia por todo el planeta.

Por supuesto, para qué vamos a comentar el paso de ballet –quizás una Glissade, puede que un Pas de Chat– de Messi ante el Leganés, un penalti tan vergonzoso como aquellos penalbas ante el Eibar bajo la mirada –¿dónde estaría mirando?– de su admirador Hernández Hernández. Por supuesto, ni VAR ni vergüenza. Y menos aún sobre el empujón chulesco del propio Leo a Diego Carlos en el Pizjuán, con imágenes –una vez más– secuestradas por el realizador Óscar Lago, confeso seguidor culé. Ni se vieron apenas imágenes –ninguna decente– ni menos aún se comentó un hecho tan matonil efectuado por el tantas veces denominado, y siempre ponderado hasta los altares, mejor jugador de la historia. En estos lances de Messi, más, por ejemplo, un codazo de Piqué que debió suponer su segunda tarjeta amarilla y por tanto, su expulsión ante el Sevilla, el VAR ni intervino ni, la verdad sea dicha, se le esperaba que interviniese.

Los lloriqueos no cesan, y todavía quedan ocho jornadas ligueras. Todos los madridistas sabemos que la única forma de ganar la Liga es venciendo en los ocho partidos, y a fe que nos lo están poniendo complicado con, por ejemplo, un Athletic-Real Madrid a jugar un 5 de julio a las 14:00 en San Mamés, tras haber jugado apenas 62 horas antes ante el Getafe un partido que concluirá pasadas las 12 de la noche.

El 8 de 11 no se les cae de la boca a los heraldos barcelonistas y antimadridistas varios. Es proclamar algo similar a ¿cómo osa el Madrid pretender ganar una liga más? La gran paradoja de todo este tremendo tinglado mediático es que el Real Madrid es el único club de Europa que últimamente gana más títulos fuera de las fronteras españolas que dentro de ellas. Desde 2009, 2 Ligas, 2 Copas del Rey, 3 Supercopas en los últimos 11 años, frente a 4 Copas de Europa, 3 Supercopas de Europa y 4 Mundiales. ¡11 títulos internacionales frente a 7 nacionales!

Algunos trompeteros seguirán con la canción de “qué fácil es ganar la Champions, 13 partidos y ya”. Pero que me digan lo fácil que es ganar la Copa de Europa clubs que ni han estado cerca de olerla nunca, como el City de Manchester o el PSG de los petrodólares, que en cambio han estado conquistando sin parar sus títulos domésticos en los últimos años, o clubs que apenas han llegado a una final y la perdieron, como el Arsenal, el Tottenham, la Roma… Que se lo pregunten al Atlético de Madrid (3 finales) o al Valencia (2 finales) lo sencillo que resulta ganar una Copa de Europa. El Real Madrid con sus 13 en 64 ediciones ha logrado conquistarla en un 20,3% de sus ediciones y es, con diferencia abismal sobre los demás, quien tiene mejor palmarés. El AC Milan, con 7 entorchados, no aparece en rondas finales desde hace más de 10 años, y el actual campeón, el Liverpool, no va a ser capaz de revalidar su título de 2019 ganado en el Wanda. Para que luego se ningunee vergonzosamente las tres consecutivas de Zinedine Zidane y los suyos…

No es de extrañar por lo tanto que a Zidane le hiciese tanta ilusión ganar la liga 2016-17 y que su objetivo número uno para esta sea de nuevo alzarse con ella. Es tal el entramado de la LFP con su confección de calendario y horarios, más la aplicación sesgada del VAR en ciertas jugadas llamadas “de interpretación” (método Stalinislavski diría yo; la más flagrante, como olvidarla, la del rodillazo del charrúa Suárez al Pichu Cuéllar el año pasado y que apenas pudimos ver repetida), todo ello bien aderezado y sazonado con coros y danzas de los propagandistas a quienes no se les cae la cara de vergüenza nombrando más a menudo a Guruceta por un penalti de 1970 que a los De Burgos Bengoetxea de la actualidad.

A este madridista que escribe le hace muy feliz el poder remontar ante el City y poder lograr la 14ª en Lisboa, faltaría más. Pero llevarnos esta liga, surfeando las olas del tsunami victimista culé, y con decisiones arbitrales como las de esta pasada semana, correctas y certificadas por VAR, sería una alegría inmensa de doble efecto: reconquistar un trofeo en el que, no lo olvidemos, somos también los mejores con diferencia (33 hasta ahora) y seguir disfrutando con el aquelarre lacrimógeno que se está produciendo entre tanto anti escocido y que provoca entre el madridismo una sensación cercana a la carcajada, la vergüenza ajena y también el hastío más absoluto.

 

Fotografías Getty Images.