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Por qué Di Stéfano es importante para ti

Por qué Di Stéfano es importante para ti

Escrito por: Jesús Bengoechea12 noviembre, 2021
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Tradicionalmente, al menos en mi experiencia, ha sido más enriquecedor hablar con un culé que con un colchonero. Habrá quien discrepe, lo sé, pero el culé guarda por lo general un íntimo respeto, tal vez inconfesado, por el gran enemigo blanco. Lo negará tres veces antes de que cante el gallo, pero no le creeremos: en lo más íntimo de su ser, envidia y admira al Madrid. Bajo el odio del culé medio al Real Madrid, solo de boquilla, late un íntimo deseo de que su Barça se pareciera en algo a nuestro club. Por eso se emocionaron tanto durante el paréntesis (porque solo fue eso: un paréntesis) en que Messi les condujo a ganar unas cuantas Champions: porque estuvieron medianamente cerca de emular al verdadero objeto de aspiración vital azulgrana, que no es otro que el club de Concha Espina.

Con los colchoneros no suele ocurrir eso, o al menos eso me dicta mi instinto. Cuando rajan contra el Madrid, lo hacen genuinamente. Al contrario de lo que sucede con sus hermanos en el antimadridismo los culés, no se cambiarían por nosotros. Se creen a pies juntillas sus propios desvaríos, los que atribuyen la atiborrada sala de trofeos del Madrid al puro latrocinio y la chamba vil. Por efecto de un sentido de la dignidad completamente desatinado, se enorgullecen de no contar con tantos títulos, y de hecho tienen un espacio en su sala de trofeos para los subcampeonatos europeos de Lisboa y Milán. Esto último es información, no opinión.

Esa mentira, según la cual el Madrid debe su palmarés al estamento arbitral, el culé solo finge creerla al tiempo que le da pábulo, mientras que el indio lo tiene más fácil porque no necesita simular nada: se la traga de verdad. Por eso tienen razón -en esto sí- cuando aseguran que no les podemos entender: es inentendible que alguien pueda creer algo semejante. Y sin embargo ahí les tenemos (no a todos, claro, no hay que generalizar), aferrándose orgullosos a su tendencia a perder para no mancharse nunca las manos de éxito, esa cosa tan impura y tan vikinga.

Por esta razón, he constatado durante lustros que hablar de fútbol con un culé es más agradable que hacerlo con un colchonero. En dos copas el culé se reblandece, y te reconoce que se cambiaría por ti, pero sobre todo que querría que su presidente fuese Florentino Pérez. No hay copas suficientes en el mundo para que un atlético reconozca algo semejante, por la sencilla razón de que no lo cree, ni siquiera en lo más profundo. Es granítico en su cerrazón. A las dos copas, o a las cuatro, solo lograrás que ponga al Cholo por testigo de que piensa seguir pasando hambre.

HABLAR DE FÚTBOL CON UN CULÉ ES MÁS AGRADABLE QUE HACERLO CON UN COLCHONERO

Es verdad que, durante el paréntesis antes reseñado, hablar con un culé, incluso con copas por medio, se convirtió en una experiencia temporalmente ingrata. ¿Más ingrata incluso que hablar con un cholista desaforado? Puede ser. Messi ganaba Champions a razón de una sí, una no, y semejante anomalía llegó a hacerles creer que llegaría a ganarlas de manera consecutiva, como el Madrid. Como el envidiado Madrid. Nada de eso sucedió, y el que a renglón seguido comenzó a ganarlas (¡a volver a ganarlas!) de manera consecutiva fue el propio Madrid. Sin embargo, durante un rato, llegaron a estar bastante creciditos ante la sola perspectiva de emular mínimamente al oponente.

Allí la satisfacción de hablar con ellos quedó diluida en un marasmo de ordinarieces de nuevo rico. En ese periodo, resultó más juicioso mantenerse alejado del culerío, con o sin copas, quizá especialmente con ellas. Ejercían un supremacismo zafio de jaguar en la puerta y amante recauchutada. Eran superiores porque les crecían iniestas en el bancal, torpemente ignorantes de que lo normal es que en el bancal te crezcan minguezas, a ellos, al Madrid y a todos los clubes.

Ahora, en la era de los minguezas y las telarañas, charlar con un culé es cosa que vuelve a tener su punto. Lo digo porque hace poco, en una boda, tuve una conversación altamente reveladora con uno. Se había tomado dos copas, cosa que en estos tiempos vuelve a humanizarles en lugar de horterizarles. La variable flujo que humaniza al culé es el alcohol, siendo la variable fondo la historia itinerante que pasa por Turín, Múnich, Lisboa, Liverpool y Roma, entre otros santos lugares.

Mi amigo estaba francamente hundido, y te explicaba los motivos de su desazón con una mezcla conmovedora de resignación e incredulidad. Y lo que me dijo se me ha quedado grabado como una epifanía, un momento de discreta revelación al compás del Torero de Chayane, o lo que fuera que estuviese sonando en aquella boda.

-Estamos muy mal a todos los niveles: financiero, deportivo, institucional. Pero lo peor no eso, sino el no tener nada a lo que agarrarse en el pasado. Se nos ha ido Messi, y la sensación es que no hay nada detrás que avale nuestra grandeza. Nuestra grandeza era Messi, y no hay nada pretérito que se aproxime una micra a su excelencia. Vale, tenemos el gol de Koeman a la Sampdoria, pero es una isla en medio de un mar de triunfos prosaicos en territorio local. Se nos ha ido Messi y no nos queda nada.

Messi

Yo trataba de animar a mi amigo porque sentía verdadera pena, pero él, inflexible, no se dejaba ayudar. Sentía hervir por dentro la atracción al vacío que le comunicaban sus propios pensamientos, irrefutables, insobornables.

-Vosotros tenéis una historia, eso es lo que hace que hayáis superado la marcha de Cristiano, que es vuestro equivalente a la marcha de Messi. Bien, no la habéis superado del todo, porque eso cuesta, pero al menos no os habéis desmoronado. Eso es porque en el pasado tenéis una historia plagada de triunfos. Eso sostiene vuestro optimismo. De hecho, ya perdisteis a Di Stéfano y volvisteis a ser grandes, porque con los años llegarían Mijatovic y Raúl y Roberto Carlos y Hierro y Zidane. Tenéis los resultados de ese laboratorio en la cabeza. Nosotros no nos hemos enfrentado, y me atrevo a decir que tampoco nos enfrentaremos, a una pérdida tan totalizadora como esta de Messi.

Yo ya sabía que Di Stéfano (y con él Gento, y con él Puskas, y con él Santamaría y los demás) eran importantes en mi vida en tanto en cuanto eran importantes en mi madridismo. Nunca los vi jugar, pero edificaron mi presente. Eso lo entendía, pero nunca hasta este diálogo con este culé lo había (podríamos decir) experimentado casi sensorialmente, a través del descarnado contraste entre el vacío existencial de dicho culé y mi propia percepción de la realidad.

En ese testimonio viví en mis carnes la relevancia decisiva de ese señor al que no vi jugar (y de los otros señores) en mi vida. La relevancia de esos señores a los que no viste jugar en tu vida, madridista. Gracias a todo lo que esos señores hicieron cuando tú no habías nacido, cuando sabe Dios si ni siquiera habrían nacido tus padres, tú viste partir a Cristiano Ronaldo con tristeza inmensa, con ira quizás, pero no con desesperación. Porque gracias a los Di Stéfanos y los Gentos y los Puskas y los Santamarías (y todos los demás, incluyendo esa segunda hornada con Raúles y Hierros y Roberto Carlos y Mijatovics y Zidanes), tú albergas el íntimo convencimiento de que todo, tarde o temprano, saldrá bien. Quizá no viste jugar a los más viejos, a los del blanco y negro, pero sus victorias de luz desgastada conforman tu optimismo irreductible de madridista, ese que un culé, en esta hora aciaga, no puede encontrar por mucho que rebusque en los bolsillos.

Por eso Di Stéfano es fundamental para ti, madridista, porque constituye el aliento de fe perpetua que te sostiene futbolísticamente, o puede que hasta más allá de lo futbolístico. Por eso Gento es esencial para ti, madridista que nació en Bangladesh y no sabe ni quién fue Gento, porque aunque no lo sepas la creencia tal vez incauta de que todo irá bien (o volverá a ir bien) te resulta irrenunciable. Por eso Puskas es vital para ti, madridista que acabas de nacer y no sabes quién es Puskas ni quién es nadie: porque es el nombre que sin conocer pondrás a tu indomable resistencia al fracaso y a la muerte.

Miré a mi amigo culé, sin nada más que añadir, y tomándole fuerte del hombro resoplé:

-Vamos a bailar.

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Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea

17 comentarios en: Por qué Di Stéfano es importante para ti

  1. Bravo D. Jesús . Yo que por mi edad vi jugar a los Kopa, Puskas, Santamaría, Gento y al gran Di Stefano. Razón tiene que fueron ellos los que plantaron los cimientos de lo hoy somos
    Que tiempos

  2. "HABLAR DE FÚTBOL CON UN CULÉ ES MÁS AGRADABLE QUE HACERLO CON UN COLCHONERO"
    Y a veces, hablar con ambos es mejor que hacerlo con un madridista.

  3. Al leer este tremendo articulo, recorde mi visita a Madrid, en el Santiago Bernabeu, ver jugar a Hugo Sanchez, marcarle 2 goles al Atletic Club, hacer su salto mortal, otra leyenda del Real Madrid! (1986)

  4. Yo vi jugar y ganar copas de Europa a los Gento, Di Stefano, Rial, Kopa, Santamaria, Joseito, Vidal,
    Del Sol y tantos otros, estos pusieron los árboles y ahora se recogen sus frutos.

  5. Lo del indio , tras 2 copas ( de alcohol) “que ponga al Cholo por testigo de que piensa seguir pasando hambre”, me ha llegado al alma. Jojojojó.

    Pero, ya, lo del culer “al compás del torero de Chayane” ... me ha parecido sublimemente descacharrante o, si lo prefieren, descacharrantemente sublime.

    No lo tengo claro, aunque no descarto tajantemente esa diferenciación entre culers e indios. He conocido muchos culers y , en comparativa, escasos colchoneros . Sí me cuadraría respecto al culer medio, y en general, que en ese odio-temor proyectado al Real Madrid subyazgan sentimientos de admiración y envidia.
    Lo que sí tengo claro es que el culer lleva años con pocas ganas de hablar de fútbol y baloncesto con madridistas. Son marcadamente ventajistas.

        1. Gracias. Me sonaba , pero no lo encontraba para corroborarlo. Hasta me sonaba haber dicho , en ocasiones, "subyazcan". Las 3 formas son correctas: subyazgan, subyagan y subyazcan.

  6. Y fruto de ese complejo es la invención de “el relato” al que han añadido un eslabón más. Ahora no tienen una filosofía de fútbol, ahora es “LA IDEA”, no una idea de fútbol sino LA IDEA,LA ESENCIA del fútbol total. Le han sacudido el polvo al Mito de la caverna de Platón y aquí estamos los pobres mortales ,encadenados ,viendo solamente las sombras y a la espera de ser liberados para encaminarnos a la luz y contemplar una realidad más profunda y completa: LA IDEA DE FÚTBOL.
    Mi madridismo hace que evite luces cegadoras y dogmatismos; puestos a elegir prefiero a Kant ( alemán y con K ) que animaba a sus alumnos a “ pensar por cuenta propia”.
    Sapere aude ! ,¡ Ten el valor de servirte de tu propio entendimiento!
    PURO MADRIDISMO.

  7. Brutal artículo. Me quito el cráneo. Muy bien expresado lo que yo no sabría expresar sobre cules y colchoneros. Desde luego, en mi experiencia, yo ya he tirado la toalla con los del malakito. Con esa gente no se puede hablar de fútbol, y me atrevería a decir sin excepción. Violentos, irracionales, faltones, y hasta el más educado se pone a gritar como un energúmeno en cuanto les metas al Madrid. No me extraña que haya pasado lo que ha pasado con esta afición siempre. No lo podemos entender, pero un psiquiatra tampoco

  8. Felicidades, Sr Bengoechea. Excelente artículo.
    Yo también he detectado siempre notables diferencias entre los culers y los patéticos.
    En general, son muy distintos.
    Los aficionados del farsa siempre han querido compararse con el Real Madrid. Su última aspiración siempre ha sido igualar títulos y grandeza. Como bien comenta en el artículo, hubo una década que parecía que podrían acercarse. Pero pasó de largo y no sólo no se acercaron, es que el Real Madrid se empachó de ganar Copas de Europa consecutivas. En mi niñez les sacabamos 6 Copas de Europa, ahora les sacamos 8. Eso hunde en la miseria al más optimista de los culerdos. Ellos suelen consolarse con la política y el más que un club.
    El aficionado del malakito es muy distinto. En general, es un triste. Un envidioso patológico. Se enorgullecen de sus derrotas porque nunca han saboreado el triunfo. Cuando en un periódico observan una tabla de resultados, siempre miran primero que ha hecho el Madrid antes que su equipo. Eso da idea, del odio sarraceno que nos tienen. Son el club que lo tiene más díficil del mundo. Puedes ser del Inter y compararte o soñar con ser como el Milan. O ser del City y querer llegar a la grandeza del Manchester, y así podría seguir poniendo decenas de ejemplos de aficiones de equipos que comparten ciudad. Pero ellos quieren compararse con el más grande entre los grandes. Eso les ha generado siempre un complejo de inferioridad, que lo tienen tan arraigado en lo profundo de su ser, que me extraña que no lo hayan incorporado ya en su escudo.
    No es que les despreciemos, es que están en un escalón muy distinto al nuestro. El madridista de bien y siempre guardando las distancias, puede hacer comparaciones con uno del Bayern o del Manchester United, no con uno del malakito.
    Claro que no les podemos entender. Ellos a nosotros tampoco.
    Hala Madrid

  9. Di Stefano es esencial para cualquier madridista. No hay otro más esencial. Gran artículo, mister B. Puritita realidad. No opinión. Felicidades.

  10. Reflexionando, relativamente, sobre las diferencias entre las mentalidades del indio y del culer, he recordado que hace no pocos años tuve la ocasión de jugar un partido de tenis con un funcionario de consistorio que , debido a los comentarios que pudimos proferir relajadamente -antes, durante y después de la contienda- me hicieron concluir-erróneamente- que el contrincante era también madridista, por las alusiones sarcásticas y despectivas hacia lo culer. Puix resulta que al cabo de décadas me enteré que el tipo en cuestión, la verdad es que me cae bien incluso después de semejante descubrimiento, es del malakito (así lo hace constar en su avatar de cuenta de whatsapp a través del escudo rojiblanco). En fin, solo añadir que fue aplastado en lo tenístico. En aquel momento me supo un poco mal , puix lo creía madridista.

  11. Genial artículo.
    Expresa maravillosamente la idea que me ronda en la cabeza estos últimos años: el Real Madrid con su grandeza como institución ha sabido igualar y después superar a un Barcelona brillante pero excepcional, con Messi, unos jugadores geniales de la cantera unos años y centenares de millones gastados hasta arruinarse.

    Otra idea que también me surge es que el Barcelona sí ha conseguido ser nuestra Némesis, nuestro gran rival, que nos distancia pero en cierto modo nos iguala. Hemos llegado los madridistas a tener en nuestra mente al Barcelona tanto como los barcelonistas al Madrid. Por eso debemos empezar a desintoxicarnos de barcelonitis.

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