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La Galerna de los Faerna
Platón, Neymar y la horticultura

Platón, Neymar y la horticultura

Escrito por: Angel Faerna19 marzo, 2018

Decía Número Uno en su última epístola al madridismo que esta peculiar fratría, la terna Faerna, está por la labor de “crear climas de opinión” sobre asuntos cuya gravedad así lo requiera, y parece que el eventual aterrizaje de un tal Neymar en Madrid-Barajas-Adolfo Suárez es de los que lo requieren urgentemente. Yo, ya saben, paso la mayor parte del día en el Mundo Inteligible, donde nunca aterriza nada que no esté presidido por las formas inmutables del Bien, la Verdad y la Belleza, así, con mayúsculas platónicas, de modo que la llegada del tal Neymar, si se produjera, probablemente me pillaría fuera de casa. Es una ventaja que tengo. Pero ya saben también la de servidumbres que acarrea el vínculo filial, de ahí que el divino Platón quisiera abolirlo y sustituirlo por un muy racional comunismo de los hijos, que lógicamente haría de todos los seres humanos hermanos entre sí, con el consiguiente vaciamiento del concepto mismo. No crean, un mundo sin hermanos Faerna no sería mucho peor, y sin hermanos Gallagher sería definitivamente mejor.

En fin, que tengo que convencerles a ustedes de que el tal no debe atravesar ni en pintura el espacio aéreo de la Castellana con ese jet privado que se gasta (supongo) y en el que viaja una tropa infernal de derviches giróvagos que solo dejan de dar vueltas para recargar la batería de los auriculares. Me he documentado un poco y el chico este tiene pinta de cualquier cosa menos de jugador nuestro: caprichoso, insolidario, trapacero, inconstante, tarambana, todo esto dentro y fuera del campo. El Real Madrid también se escribe con mayúsculas platónicas, faltaría más; no en vano el Mundo Inteligible es el Mundo Real, y con eso está dicho todo. Cuando Parménides le pregunta a Sócrates si en lo/el Real cabe también la Mugre, puesto que alguna idea tenemos de ella, el ateniense se lleva las manos a la cabeza horrorizado. Los madridistas, y Platón el primero, solo le damos carta de naturaleza a lo que nos entra por el intelecto, y ni ustedes ni yo entendemos que el tal Neymar, con lo bueno que es, lo sea de un modo tan feo y tan falso. Como sentenció Número Uno, el mero bien es banal si no le aportan solidez la verdad y la belleza; es lo que separa a un nocturno de Chopin de un bonito ripio de Richard Cleyderman. Así que decidido: Neymar, carne de Caverna. O, como dijo Número Tres, craso error de casting.

O no.

Esto último no es una cita de Rajoy, a tanto no llego, es solo que uno tiene el vicio de tratar de mirar siempre los dos lados de las cosas. Eso también te lo enseña Platón, que en el texto que comentamos está ya a unas alturas de la vida en la que las dudas le asaltan por todas partes. Hay que ser muy grande para rozar la perfección con los dedos y reconocer después que algo no termina de encajar en la Teoría de las Ideas (es lo que separa a los grandes de Xavi Hernández). También Platón era más amigo de la verdad que de sí mismo, nada de echar balones fuera. Enemigo en la contienda, no le pudo dar la mano a Parménides pero le escribió un diálogo en el que este se llevaba el gato al agua. Señorío.

Pasemos, pues, al otro lado de las cosas. Los griegos tenían una propensión exagerada al orden, a definirlo y clasificarlo todo. Cuando inventas algo tan productivo como la lógica bivalente —todo lo que no es verdadero es falso, y viceversa—, es difícil prescindir de ello. El problema es que no hay dios que meta en ese lecho de Procusto un fenómeno tan escurridizo como el cambio. Las cosas tienen la mala costumbre de moverse por el Ser, y eso te arruina cualquier definición y te descoloca cualquier clasificación. Todo lo que está alineado, antes o después se desaliña, es simple cuestión de tiempo y del segundo principio de la termodinámica. O sea, el Ser es inmutable, sí, pero solo a condición de que no pongas a andar el reloj, por eso algunos entrenadores se sienten más felices contemplando los partidos en una pizarra eidética que experimentándolos en el campo con el cronómetro en marcha. Un filósofo idealista viene a ser eso, un buen alineador de la realidad, solo que la realidad es inquieta y no le gusta posar para que la retraten los idealistas, del mismo modo que al socarrón de Di Stefano le molestaba que los jugadores se le movieran por el campo, con lo bien que los había colocado él al principio.

La pregunta es, entonces: ¿puede cambiar Neymar? Parece difícil, pero cosas más raras se han visto. San Agustín pasó de perseguir doncellas númidas al más duro monacato, y San Pablo dejó de perseguir cristianos para ponerse directamente a reclutarlos. Y por si alguno piensa que esto es solo cosa de santos, le recuerdo que Richard Gere estudiaba impunemente filosofía hasta que alguien lo metió en cintura dándole un papelito en Grease. Todo el mundo es susceptible de mejorar, de redimirse, de rehabilitarse. Sobre esa convicción descansan los sistemas penales modernos, aunque ahí parecen soplar también vientos sombríos de cambio en el clima de opinión.

¿puede cambiar neymar? parece difícil, pero cosas más raras se han visto

Ahora bien, una cosa es el cambio y otra muy distinta la transubstanciación, por seguir con la vena beata. Según explicaba Aristóteles, nada llega a ser lo que no tiene el potencial de ser, de una semilla de alcornoque no va a brotar nunca un roble te pongas como te pongas (de ahí que el hombre no venga del mono, la cosa es un poco más complicada). Y, por otro lado, todo cambio requiere el concurso de las circunstancias naturales, sin agua y nutrientes no hay árbol que valga. Así pues, toda transformación es posible, pero dadas las necesarias condiciones; o, como decía Santayana con más gracia, la conversión de pan y vino en carne y sangre no siempre es un milagro, a veces es explicable y se llama digestión. De modo que ya podemos concretar mejor nuestra pregunta desglosándola en dos: ¿es realmente Neymar el alcornoque que parece, ha florecido ya y está plenamente en acto, o parte de su ser sigue en potencia y aún puede darnos una grata sorpresa?; y, en este segundo caso, ¿qué circunstancias naturales coadyuvarían a semejante y feliz alumbramiento? Empezando por lo último, a mí no me cabe duda de que, si en Neymar se esconde un jugador de fuste y no solo un habilidoso niñato, si todo se reduce en él a un problema de riego (más moral que cerebral, que aún es joven), el Real Madrid y Zidane son exactamente el huerto que necesita. Quizá el problema de Ney es que de momento ha pasado por clubs grandes pero sin el suficiente poso, tan apremiados por ascender a un Topos Uranos impolutamente blanco hasta la fecha, que se deslumbran con facilidad; y por entrenadores, o bien nerviosos pero faltos de nervio, como el Lucho aquel, o bien un poco blandurrios como Emery. La verdad, no veo ni al Real Madrid ni a Zidane poniéndose a los pies de jugador alguno, por fantástico y brasileño que sea. Resumiendo, si Neymar supiera lo que le conviene para florecer, intentaría plantarse en el Madrid. Pero no estoy nada seguro de que lo sepa.

Esto, claro, en el supuesto de que no haya acabado de brotar todavía y le falte una primavera, que era la primera parte de la pregunta. Ahí ya no me mojo, doctores tiene la iglesia blanca para dictaminarlo, y de paso arriesgar su cuello si el trasplante no es todo un éxito. Porque una cosa sí aventuro: si Ney viene y sigue siendo el mismo Ney, una de dos, o Florentino lo echa o Zidane se nos marcha, porque no me imagino al divino calvo bailándole el agua a un zascandil. Si de algo sirve mi opinión, yo no me arriesgaría, no trae cuenta. Nos hace mucha más falta un referente sólido como ZZ, de profesión demiurgo, que las correrías futbolísticas y extrafutbolísticas del líder de los derviches.

Número Dos

Ángel, el segundo de los Faerna, es profesor de universidad. Procura enseñar Filosofía sin hacer más daño del inevitable. Su especialidad, si acaso, es la epistemología y el pensamiento clásico norteamericano, extravagancia que compensa con una desmedida afición por los buenos arroces.

8 comentarios en: Platón, Neymar y la horticultura

  1. Demasiado arriesgado, en mi opinión.

    Ya he comentado que en el Real Madrid tendría que tener el aplomo y la fortaleza mental de Cristiano Ronaldo para soportar el acoso del Régimen. Más teniendo en cuenta que, si no cambia, va a ser él mismo el que se busque el lío.