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Qué palabras harían justicia

Qué palabras harían justicia

Escrito por: Jesús Bengoechea4 junio, 2017
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Hace bien poco hablaba con Rafa Moreno sobre las peculiaridades del día a día de escribir La Galerna. Coincidíamos en que los acontecimientos felices en la vida del madridismo inspiran la búsqueda de la excelencia periodística en mucha menor medida que las desgracias. No es nuevo: los estados de ánimo aciagos incentivan la creatividad más que la alegría y son numerosos los poetas que así lo han consignado. Nos referíamos más concretamente al Portanálisis pero sirve para cualquier sección o colaboración: la paradoja consiste en que es más fácil escribir La Galerna cuando el Madrid pierde que cuando el Madrid gana.

Estoy radiante de felicidad porque escribir La Galerna es imposible hoy. Si la felicidad que vivimos hoy tuviese matices no sería imposible sino solamente difícil, pero al ser una dicha ridículamente perfecta, imposiblemente imposible, es a su vez imposible reseñarla. Nunca La Galerna ha sido más innecesaria que hoy, más fútil, más pretenciosa. Si hubiera algo que objetar a la redondez del júbilo blanco, o si alguien hubiera ignorado que no hay nada que objetar y hubiese objetado pese a todo, nuestra labor tendría hoy algún sentido. Pero qué podemos decir que añada algún valor a la completitud de lo que siente el madridismo ahora.


En vano intento de responder a la pregunta anterior rebusco en mis bolsillos un argumento futbolístico que agregue algo a la belleza innombrable de lo que ha logrado Zidane con este equipo, y si no es un argumento futbolístico que sea una metáfora, y si no es una metáfora que sea un retruécano, un sofisma, un madrigal. Nada.


Hoy La Galerna se tiene que rendir, como se rinde abrumadoramente  -emocionantemente casi- Mundo Deportivo al marsellés en una portada inconcebible. No nos rendimos ni nos rendiremos nunca ante los abusos de la prensa contra el equipo que amamos, no nos rendiremos ante el fraude culé (que hoy hinca rodilla en suelo) y no nos rendiremos ante las tribulaciones deportivas que jalonen la vida futura del equipo.

Pero ante esto, ante esta perfección casi sonrojante, nos rendimos del todo, porque ¿qué podemos agregar a ella que la mejore de algún modo? No se puede, por obra y gracia de la perogrullada: no se mejora lo inmejorable, y así como Rafa Moreno andará a esta misma hora dejando jirones de meninge en el camino de la ocurrencia para alumbrar un Portanálisis yo declaro por la presente mi incapacidad para hacer lo que de mí se espera ahora. Dimito, supongo que solo temporalmente pero vayan a saber, porque si esta gloria se perpetúa (y tiene trazas de hacerlo), es posible que La Galerna haya cumplido ya con su misión. Nadie podrá oponer nada a esto, y si nadie opone nada a quién vamos a oponernos nosotros.

Porque oponernos a alguien o algo es la salida fácil a la cual, confesémoslo, nos hemos confiado siempre. Es la forma de hacer algo por un Madrid cuya excelencia desmesurada no puede ser loada con palabras que la hagan justicia, simplemente.

¿Qué palabras harían justicia a la idea de un entrenador que se las apaña para involucrar a todos en algo que no sería posible sin involucrarlos, cerrándose así un extraño círculo virtuoso o profecía autocumplida? ¿Qué palabras harían justicia a la sabiduría granítica que se impuso tras el descanso de la Final de Cardiff? ¿Qué palabras harían justicia a la contumacia demoledora de Cristiano, ese icono que se rebela adaptándose para (a base de diluir su ego en el colectivo) hace brillar su ego de forma más gozosamente individualista que nunca? ¿Qué palabras harían justicia al asentamiento definitivo de Isco como uno de los mejores centrocampistas creativos del planeta? ¿Qué palabras harían justicia a compañeros de línea tan precisa y rigurosamente sabios como Kroos, como Casemiro? Como (ay) Modric. ¿Qué palabras harían justicia al filón de estos dos laterales ímprobos en su brillo, la incursión cortante de Carvajal en el gol que abre el marcador, la conquista de la línea de fondo que emprende Marcelo en la apabullante penetración que precede al gol de Asensio? ¿Quién añade carne a la carne de leyenda de Keylor?

Sí, ya lo sé. Parece que juego a que digo que no se puede agregar valor a todo eso con palabras mientras de rondón trato de colar unos tímidos intentos de agregarlo. Pero no, o si he llegado a ensayar el intento ya desisto, para quedarme de nuevo edificando en el páramo ensimismado y boquiabierto de mi propia felicidad, bellamente ingenua, arrebatadoramente estúpida.

Y la que se viene, amigos.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea

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