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Ocean´s eleven

Ocean´s eleven

Escrito por: Rafael Nunez Huesca27 mayo, 2015
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Unai, Koldo, Urko; pocas cosas más feas que un nombre vasco. Pasa lo contrario con los apellidos, que siempre me fascinaron. El de Jesús es Bengoechea.

Bengoechea, qué bonito, joder. Fue lo primero que le dije cuando nos conocimos personalmente.

La historia empezó unos días antes, a raíz de un artículo mío en NeuPic (“El Gym”) en el que relataba, en clave de humor, mi bochornosa –según él, descacharrante- experiencia en un gimnasio. Reparó en que el protagonista, es decir, un servidor, “vestía el pantalón de La Séptima, el de Kelme”. Mi amigo Pablo Garijo (@Mesetario1) retuiteó el texto y así, creo, llegó a Jesús Bengoechea. La cosa fue rápida. En un DM concretamos día, hora y lugar para vernos.

Una agradable terraza de Príncipe de Vergara. Un after work, que dirían ahora los cursis. Allí apareció Jesús, con sus náuticos de niño bien y camisa por dentro. Resultó ser un tipo extraordinariamente amable. De sonrisa permanente y, sobre todo, entusiasmado con el proyecto. De habernos citado en otro lugar, Jesús hubiera tirado los objetos de encima de la mesa y hubiera desplegado un plano con el que explicarlo. Algo, por otra parte, que todo hombre debería poder hacer al menos una vez en la vida. En plan Ocean’s Eleven.

Tomamos asiento. Pedí una cerveza sólo después de que él lo hiciera. No quise correr el riesgo de que se plantara con un té con sacarina y quedar yo, un lunes a las siete de la tarde, como un jodido alcohólico. Precauciones de las primeras citas. Un amigo tiene una teoría sobre el asunto: si en la primera velada ella come a dos carrillos, olvídate. No mojas. No estará para esos trotes, y nunca más apropiada la expresión. Y aunque no era esa nuestra intención, lo cierto es que los pinchos quedaron intactos. Estrechas rebanadas colmadas de atún y coronadas, en un inestable equilibrio, por una tira de pimiento de piquillo y una aceituna. Hay que hacer una jodida ingeniería para comerse eso sin hacer el ridículo. Lo dicho, intacto.

ocean´s eleven

Edades, trabajos, familias, aspiraciones vitales y, por fin, fútbol. El Madrid. Me impresionó su nivel de implicación emocional. Fue extraño: percibí que el Madrid jugaba un papel preponderante en su vida personal, pero no parecía un fanático. No hablaba como un fanático. Quizá, de haber tenido la cabeza menos amueblada, lo hubiera sido. Pero no era el caso. Jesús parece sentir amor de tipo romántico por el Madrid. Nada de arrebatos sexuales de bufanda, insulto y vuvuzela. Tiene al Madrid siempre en la cabeza, como un enamorado. Apostaría a que alguna vez, a la hora de identificarse ante, qué sé yo, Hacienda o la Guardia Civil, lo ha hecho sin ahorrar la coletilla: “Soy Jesús Bengoechea y soy del Real Madrid”.

Me habló del proyecto que tenía entre manos (y que hoy, querido lector, tiene usted entre las suyas) como una madre de su hijo; al fin y al cabo La Galerna es su criatura. Quería algo de cierta altura intelectual. Algo que, aunque no lo dijo, supongo que por corrección, representara cierto elitismo. Buenos textos, reflexiones interesantes y opiniones ingeniosas. Y todo enmarcado en un site estéticamente muy cuidado, de aire retro. Fútbol y letras. Madridismo y sintaxis, que dice el eslogan.

En aquel momento se hallaba inmerso en pleno proceso de reclutamiento. Habló de un guionista de éxito cuyo fichaje acababa de cerrar. De un conocido periodista deportivo, una tuitera chispeante y aquí un servidor. Coño, parecíamos, ahora en serio, los once de Ocean.

Describió un gol fascinante de Roberto Carlos del que alguien, él, yo u otro, debería en algún momento escribir. Sobre su prodigiosa plasticidad. Desde la carrera al impacto de la pelota con la red. “Cuando escribamos sobre ese gol, sería muy fácil adjuntar el enlace al vídeo, ¿verdad?”, me preguntó. “Pues no lo haremos”.

Eso será La Galerna.

 

Alcoyano, valenciano, ahora también madrileño, y español. Todo a la vez, Artur. Se puede. No me ha pasao ná. Me gusta Sorolla, Goyo Jiménez, Muchachada Nui, La Estrella Galicia y leer ensayo. Si me queréis hacer un regalo, bombones Guylian. Los de caballitos de mar y mejillones relleno de praliné. Periodista. Publicista. @nunezhuesca