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Nuestra Montaña Rusa

Nuestra Montaña Rusa

Escrito por: François Villalta4 marzo, 2020
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Semana post-Clásico y el madridismo (casi) al completo está eufórico. Abundan las camisetas blancas por las calles y los halagos a nuestros jugadores y técnico en redes sociales. La felicidad es palpable en el entorno madridista. Nadie diría que el miércoles anterior el Madrid había sido herido de gravedad, ante nada menos que el City de Guardiola en los octavos de la Champions League. Pero esto es el Real Madrid y con un par de partidos malos es suficiente para que un murmullo pida que rueden cabezas, que un jugador u otro se siente en el banquillo o que pensemos en traer a otro entrenador.

Ese mismo día, tras el partido, las críticas sobre Carvajal arreciaban desde todos los puntos del planeta, algunos incluso sugerían que no podía jugar el Clásico, que no estaba al nivel, pero llegó el domingo, y Zidane, lejos de esas corrientes, le otorgó la titularidad. ¿Qué pasó después?, que Carvajal hizo un partido inmaculado, secando cualquier entrada por su banda, ya fuera de Jordi Alba, de Griezmann o de Messi cuando caían a la izquierda, o de un Ansu Fati que salió al final y al que Dani dejó inédito. En cuestión de días, Carvajal ha pasado de ser una diana para los antis y los madridistas, a ser uno de los mejores el día que nos jugábamos la Liga en nuestro feudo, y todo en menos de una semana.

Es una circunstancia que ilustra no solo este particular sino el equipo en conjunto. El jueves, las portadas de los grandes diarios deportivos anunciaban que estábamos hundidos en una profunda crisis, por llevar dos derrotas consecutivas. Ya nos situaban fuera de todas las quinielas para la Champions, e incluso para la Liga. Dieron por muerto a los de Zidane antes de haber jugado el partido. Pero, hay que asumirlo, el Real Madrid es esto, un día estás abajo y parece que todo es cuesta arriba, y al otro le ganas a tu máximo rival y ya lo ves todo con otros ojos.

Volviendo a nuestros jugadores, Casemiro también cometió un grave error contra el City, no fue su mejor día, y le atizaron con dureza. Días después cuaja un partido excepcional en un Clásico, logrando secar a Messi cada vez que bajaba el centro del campo, y recuperando cuanto balón pasaba por su zona. Vinícius Jr. también fue objeto de críticas y mofas por “fallar” un rechace de Ederson a remate de Benzema. El domingo, este niño de 19 años lideró nuestro ataque y marcó el gol que nos pone líderes de la Liga ante el Barça, siendo para muchos el mejor del encuentro. Cuando el miércoles estos dos brasileños estuvieron desacertados, los querían matar. Todos hemos visto las imágenes de Casemiro arrodillado en el césped del Bernabéu, casi con lágrimas en los ojos, golpeando el terreno de juego y celebrando los goles con tanto sentimiento como el hincha más apasionado, o de Vinícius agarrando el escudo nada más alcanzar la red su remate.

Un día tocas fondo y el otro te elevan a los altares, porque esto es el Real Madrid y cualquier inercia es magnificada hasta el extremo, pero también porque el Real Madrid es capaz de revertir cualquier adversidad. No es algo que deba sorprendernos, los madridistas convivimos con este constante sube y baja desde siempre. Así lo atestiguamos en Lisboa, con el famoso Tamudazo en la Liga de Capello o en tantas remontadas históricas en los años ochenta. Pero no se trata solo de las grandes ocasiones, sino que también lo vivimos así cotidianamente, semana tras semana. Que se resignen aquellos que buscan estabilidad como aficionados blancos. Esa pretensión solo les acarreará frustración.

El Real Madrid es nuestra peculiar montaña rusa. Sabemos que subiremos y bajaremos emocionalmente. Es inevitable. Pero como decía nuestro compañero Pepe Kollins, la única forma de afrontarlo es con la conciencia de que rendirse nunca es una opción. Cuando nos sintamos hundidos, solo hemos de mirar hacia arriba, conscientes de que el cielo es la siguiente parada.

 

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