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Benzema fait ce qu'il obtient del rabé

Benzema fait ce qu'il obtient del rabé

Escrito por: Jesús Bengoechea4 marzo, 2020
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Se puede definir la reticencia como la actitud de cualquier persona vinculada al Barça cuando le toca elogiar algo del Real Madrid, lo que sea y por poco que sea.

Aún recuerdo un reportaje laudatorio (uno de tantos y tantos) al eximio jugador de póker y promotor tenístico Gerard Piqué. Entre la nube de personalidades del fútbol que le rindieron homenaje estaba el mismísimo Pepe, que mandó un vídeo en el que no dudaba en calificar a Piqué como el mejor defensa central del planeta.

—Y tú, Gerard, ¿qué opinas de Pepe?

El rostro de Piqué se contrajo entonces en una inefable mueca de dolor, muy similar a la que deforma el rostro de los estreñidos cuando por fin, no sin gran esfuerzo, logran cumplir el objetivo evacuador de la semana. Sus labios fruncidos dejaron escapar un resquicio de aire para pronunciar las palabras más arrastradas de la historia del fútbol.

“Él también está en la élite” fue todo lo que Piqué fue capaz de musitar, en un hilo de voz casi imperceptible para el micrófono y con cara de estar deseando ir a la cocina para lavarse la lengua con lejía.

El mismo domingo, sin ir más lejos, el propio Piqué tuvo una ocasión pintiparada para halagar el fútbol del Real Madrid, que en tan buena lid ganó a su equipo, pero lo más parecido a un piropo que fue capaz de articular fue “Ha sido el peor Madrid que he visto nunca”. En la mente de todos está aquel adjetivo supuestamente elogioso (pero sibilinamente despectivo) que Guardiola usó para ponderar (?) el juego del Madrid ante su Bayern: “Son atletas”, o el más reciente “Equipo poderoso fuera del campo” con el cual el de los lacitos trataba de hacer de menos al Real Madrid haciendo como si le hiciera de más, esa táctica tan vista por los pagos paisdeahiarribenses.

Por eso, por esa reticencia tan proverbial a elogiar con franqueza y sin puyitas afeminadas nada que tenga que ver con el blanco adversario, me han sabido a gloria las palabras de Eder Sarabia, el segundo entrenador de Setién a quien todo el mundo pone a parir por un quítame allá esas blasfemias de banquillo. A mí, en cambio, su actitud me ha sabido a gloria, sobre todo por ese momento en que las cámaras le atrapan diciendo de modo literal: “Benzema hace lo que le sale del rabo”.

Es cierto que hay que entender esa observación a la luz de un afán crítico con los defensas que marcaban a nuestro delantero: “Estamos dejando que Benzema haga lo que le sale del rabo”, sería la lectura más exacta de su pensamiento. No es menos verdad que, de ser un elogio, es un elogio involuntario, una oda off the record si queremos verlo así, una zalamería que de haber podido habría negado haber proferido Sarabia, con lo mal vistas que están ahora las zalamerías, sobre todo (como vemos) las dirigidas al Madrid desde la Ciudad Condal. Con todo, es lo más parecido a un halago espontáneo, sincero y visceral que ha brotado desde Can Barça con dirección capitalina.

Aunque tratase de minusvalorar la tarea de marcaje de los defensas azulgranas, “Benzema hace lo que le sale del rabo” podría también ser interpretado como un reconocimiento sin igual a la capacidad técnica del atacante francés. Con el balón, hace lo que quiere. Lo que dispone. Lo que se le antoja. Lo que le parece oportuno hacer en simple obediencia a su libre albedrío testicular o miembril, sin más constreñimientos.

Gracias, Eder Sarabia, por haber parido el primer piropo hacia un jugador del Madrid concebido desde el entorno culé, el primero al menos desde que un Cruyff ochentero manifestó su admiración por Butragueño. No era lo que pretendías, ya lo sé, pero gracias por reconocer que aquí quien manda es el manubrio a la vez gentil y homérico de Karim.