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Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

No surrender

Escrito por: La Galerna12 abril, 2016
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Quienes escribimos esta sección apenas hemos hecho otra cosa en la vida que discutir con diferentes amigos cuál sería, de entre nuestras canciones favoritas, el himno oficioso más apropiado para las remontadas del Real Madrid. Madridistas melómanos de distintas edades, procedencias y niveles de animadversión a Piqué tratan siempre, en este debate, de arrimar el ascua a su sardina musical predilecta.

El clásico We are the champions de Queen está demasiado trillado, y además sirve como himno triunfal más que como soflama preparatoria. Es un post, no un pre.

Otra finalista es siempre I will follow. Tiene la energía cruda y el punto de mesianismo inseparables a la gesta requerida, pero sugiere una relación público-equipo que es típica del piperismo liguero y no de la entrega febril de las noches de comunión total como la de hoy (If you walk away, I will follow, de donde se deduce que sólo si tú –el equipo- caminas, yo –la afición- te seguiré, lo que vale para un domingo contra el Getafe pero no para un antes y un después europeo como el que se cuece para hoy. Hoy hay que animar desde mucho antes que de comience el partido y hasta el mismísimo final, con independencia del desempeño de nuestros once).

La excepcional reflexión que nos regaló Nacho Faerna tras el desgraciado partido de ida desembocó en una conversación tuitera donde se afianzó la necesidad de recordarnos unos a otros que estamos en el madridismo por amor (así, con toda su bendita ingenuidad, su imbatible inocencia), y que los Who y aquella estremecedora Love reign o'er me nos proveen de todo lo que necesitamos para una noche como la de hoy.  Tampoco triunfa, no obstante y bien pensado, por extraordinaria que sea. Su carácter épico funciona más para la remontada emocional introspectiva que (suponemos) cada cual ha llevado ya a cabo durante la semana que para las horas previas a la hazaña estrictamente futbolística que se cuece.

Nada hay que temer en este ensayo de zozobra, porque Springsteen y el Madrid siempre vienen al rescate. Hemos escogido, de entre todas las posibles, esta apabullante versión de No surrender, donde dos espontáneos se suben al escenario con el Boss, para capturar el espíritu necesario hoy.  Haceos cargo de que vosotros, en el Bernabéu, en sus alrededores vibrantes, en Teruel, en Ciudad del Cabo, en Cardiff, en Puebla o en Singapur, sois esos dos adolescentes de ascendencia hispana que se desgañitan junto a Bruce, y mirad al Madrid como ellos le miran a él, porque vosotros, esta noche, también estáis sobre el escenario. Todo esto es desvergonzadamente emocional, sí. Es infantil, sí. Tanto como lo es el idealismo de noches así, y que define al Real Madrid más que ninguna otra cosa por mucho que los apóstoles del cinismo quieran prevalecer. También ellos, esta noche, se sentarán frente al televisor para admitir, siquiera en su fuero interno, en los minutos previos al partido, que algo perfectamente reconocible como lo mejor de su infancia y de toda su (puta) vida late incontrolado en el centro de su pecho.

Todo en No surrender parece pensado para noches como la de hoy, empezando por el compromiso indesmayable del estribillo.

 

We made a promise we swore we´d always remember. 

No retreat, baby, no surrender. 

Like brothers on a stormy night 

with a vow to defend. 

 

Pero también está lo que ya hemos sugerido: el retorno a la infancia (la nuestra o si somos demasiado jóvenes aún mejor: la de nuestros padres) y la recuperación de las esencias más puras gracias al Real Madrid. El mensaje alcanza, sí, también a los escépticos, para quienes hay un dardo dylaniano: hazte a un lado si no quieres o no puedes contribuir a la corriente porque tu corazón haya envejecido demasiado. O haces eso o apuestas por la redención.

 

And now young faces grow sad and old 

and hearts of fire grow cold. 

We swore blood brothers against the wind. 

Now I´m ready to grow young again. 

 

No queremos añadir más presión a la ya existente, pero nos parece que esta noche nos jugamos todavía más de lo que nos pensamos. El club se juega muchísimo, pero ¿y lo que se juega cada madridista? Cada madridista se juega su propia conexión a la causa, ni más ni menos, su compromiso con una parte más o menos esencial (para algunos muy esencial) de sí mismo. A diferencia del club, que tiene que ganar, ese compromiso puede salvaguardarse aun en la eliminación, cosa que por supuesto no va a tener lugar. Basta con dejar de lado los remilgos de adulto falsamente desencantado y abrazar la ilusión. El desencanto es siempre una pose cuando se mira a la cara con el idealismo.

Hala Madrid y nada, pero absolutamente nada más, amigos.

 

PD: Hoy hay portadas también.

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