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No es flor

No es flor

Escrito por: Athos Dumas13 noviembre, 2018
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Hace poco más de un mes, tras la derrota en Mendizorroza por 1-0 en el minuto 94, escribí en La Galerna que la única manera para que siguiese Lopetegui entrenando al Real Madrid era que tenía que tomar otro tipo de decisiones que las que había efectuado hasta entonces. No lo hizo. Y tras el desastre ante el Levante (1-2), el mal partido ante el Viktoria Plzen (2-1) y la debacle en el Camp Nou (5-1), la Junta Directiva tuvo que despedirlo un 29 de octubre, tras apenas 10 partidos de Liga, 3 de Champions y uno de Supercopa de Europa. 14 encuentros en los que se cosecharon nada menos que 6 derrotas. SEIS.

Lopetegui no quiso cambiar nada en los días del parón de selecciones que hubo entre el 6 y el 20 de octubre. Siguió sin confiar en Odriozola (por el lateral derecho aparecieron Nacho y Lucas Vázquez en repetidas ocasiones), tampoco en Reguilón (excepto en Moscú, en dende no fue de los peores ni mucho menos), ni mucho menos en Vinicius. Tampoco dio demasiadas oportunidades a Mariano pese a la brutal sequía que padeció el equipo (más de 500 minutos sin anotar, récord absoluto negativo en 116 años de historia). Se enredó varias semanas en el debate Courtois-Keylor. En definitiva, el mayor pecado de Julen Lopetegui fue (salvo contadísimas excepciones) no dar oportunidades a los (pocos o muchos, buenos o menos buenos) refuerzos del club de este verano (excepción hecha de Courtois).

No volveremos al debate de que no hubo un repuesto adecuado a la marcha (voluntaria y exigida por él) de Cristiano. Julen fue tozudo, se plegó a los titulares de siempre y, como ya escribí en mi texto, al final el único que fue descabalgado fue él. De la famosa exhibición ante la Roma (3-0), con presión alta y por todo el campo, con un equipo entregado a él, apenas quedó nada. Siempre quedará como una obra maestra absolutamente enfangada por el resto de sus obras.

Ahora, los sesudos tertulianos de todas las emisoras de radio y de televisión, dicen que Solari no ha cambiado nada. Que lo único que ha variado en estos 15 días, tras 4 partidos, es la suerte. Que los balones que iban a los palos ahora entran en la portería contraria y viceversa. La suerte “haberla, hayla”, indudablemente, pero no es el único factor a tener en cuenta. En la célebre frase de Albert Einstein “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”, estuvo a mi juicio el error monumental de Lopetegui: seguía poniendo en cada partido a los mismos, estuviesen en forma o no, estuviesen agotados por el Mundial o no, se lo mereciesen o no.

Solari, que precisamente no venía de hacer unas grandes campañas con el Castilla (el año pasado sin ir más lejos no aseguró la permanencia en Segunda B hasta la jornada 34), sí al menos desde el primer momento se atrevió a cambiar cosas. Primero, su discurso en la primera rueda de prensa, compareciendo con una sonrisa zidanesca y mentando a “los cojones”, tras dos meses de caras largas y tristes del bueno de Julen. Con él, ya ha debutado, por ejemplo, y en las tres competiciones, un central de su confianza –y que hizo una notable pretemporada con Lopetegui– como es Javi Sánchez. Odriozola y Reguilón ya han demostrado en estos partidos que tienen nivel, por lo menos, para ser unos dignos suplentes de Carvajal y de Marcelo, sin tener que recurrir a la solución conservadora de Nacho (que es un central, no lo olvidemos) en ambos laterales –con la merma ofensiva que ello significa– o a poner a Lucas Vázquez, que cuando sube para atacar deja tras de sí toda su parcela defensiva en paños menores. Y eso pese a la buena voluntad que ambos canteranos ponen en el terreno de juego cada vez que vsiten nuestra elástica.

Otra decisión que ha tomado Santiago Hernán ha sido la titularidad de Courtois tanto en Liga como en Champions. Todo es discutible, conozco a muchos madridistas que preferirían la seguridad que les da Keylor. Pero es una decisión. Los expertos madridistólogos del periodismo dicen que Solari se plegó al club ya que Thibaut tiene 26 años y es la apuesta para los próximos 8 años. En cualquier caso, Solari decidió. Cambió cosas. Y por ahora lleva un pleno de 4 victorias, con un balance de 15 goles a favor y 2 en contra, y un récord de 116 años batido, ya que ningún entrenador (ni Miguel Muñoz, ni Zidane, ni Del Bosque, ni Molowny, ni Mourinho) empezó con este registro.

Solari también ha sido capaz de sentar en el banquillo a Modric en Copa de Europa, a Isco, a Asensio varias veces (y bien que se lo están reprochando ya los salvadores de la patria). Fue capaz también de dar más de cinco minutos seguidos a Vinicius Jr. en un partido tan atascado como el que se disputó ante el Valladolid. Marcó de churro, ciertamente, pero todos sabemos que con Lopetegui ese partido jamás se habría ganado, ya que como mucho habría puesto a jugar al imberbe carioca siete u ocho minutos. En definitiva, ha hecho y sigue haciendo cosas distintas. No puede reducirse todo a haber recibido una supuesta herencia de la Flor de Zidane, flor que es un argumento insostenible para quien en dos años y cuatro meses ganó tres Champions consecutivas, amén de numerosas Supercopas, Mundiales y una Liga.

Por lo pronto, la interinidad de Solari ya es historia y ya es, a todos los efectos, primer entrenador del Real Madrid Club de Fútbol. Quizás no tenga tantos conocimientos teóricos y tácticos como Lopetegui (no olvidemos que sacó su título de entrenador hace apenas tres años), pero ha demostrado en pocos días un arrojo y una valentía que eran precisamente lo que hacían falta en estos tiempos oscuros y tenebrosos, más dignos de la pluma de J.R.R. Tolkien describiendo los pantanos de Mordor que de un club que acaba de hacer historia –una vez más– hace menos de seis meses, conquistando con autoridad su tercer entorchado seguido en la UEFA Champions League.

El cambio era necesario (reconociendo el sincero madridismo de Lopetegui, como lo era el de Benítez, sin duda) para, al menos, rearmar al equipo, expulsar la depresión que sobrevolaba por Valdebebas en las últimas semanas, y al menos poder optar a pelear por algún título y no arrastrarnos vilmente por la novena posición de la tabla clasificatoria de la Liga con 14 puntos logrados tras 10 partidos. “Aún estamos a tiempo de todo” es una frase que estoy seguro se está diciendo por las altas esferas blancas. Aún estamos vivos en las tres competiciones, cosa que yo particularmente dudaba hace 15 días. Y es que las famosas “dinámicas” –Julen repetía la dichosa palabra en cada intervención– cambian, por supuesto: pero hay que provocarlas, haciendo algo diferente, para que cambien. Mucha suerte, Solari.