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No era posible

No era posible

Escrito por: Athos Dumas16 mayo, 2023
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Tras el 0-2 fatídico en el Wizink, terminado con una bochornosa pelea callejera, nadie entre los presentes o entre los telespectadores hubiese apostado un mísero euro para la remontada de la eliminatoria.

“No es posible”, murmuraban tristemente los que habían presenciado una exhibición de los balcánicos comandados por el viejo —y entrañable, al menos para quien les escribe— zorro Zeljko Obradovic.

Además de tener medio equipo tocado, sin Poirier, con Randolph apenas recuperado, se temía lo peor por parte de la comisión disciplinaria de la Euroliga. Las sanciones fueron “express”, Yabusele quedaba fuera para lo que restaba de Euroliga y Gabi Deck recibía un partido de sanción, precisamente en esa posición donde más débil se encontraba el Real Madrid. Ir a Belgrado, un infierno siempre, caldeado por la refriega del Palacio y por la seria opción que tenían los locales de meterse en la Final Four de Kaunas, sin prácticamente jugadores de pintura, con un Tavares también entre algodones, era ir al matadero con cero opciones.

Obradovic tifo Partizan

Todos los madridistas pensábamos eso la tarde del 28 de abril al conocer las sanciones, que por otra parte también apartaban en dos partidos al francotirador Punter y en uno al francés Lessort, que, al igual que Deck, y en menor medida que Yabusele, repartieron también lo suyo en la infame tangana del segundo partido.

Tras el 0-2 fatídico en el Wizink todos decían que no era posible

¿Todos? Pues como en las aventuras de Astérix, se ve que todos, todos no pensaban en el fracaso, pese a que en Twitter Madrid se quiso aplicar la salvaje ley de Lynch con Chus Mateo, poner de patitas en la calle a Juan Carlos Sánchez y mandar a un imaginario asilo a los Sergios y a Rudy, entre otras lindezas.

Ya saben lo que pasó en Belgrado, se cerraron nuestras filas como nunca. En el primer partido, tras un primer cuarto fulgurante de los serbios (32-19), con la lucha de todos y con dos acrecentadas actuaciones de Tavares (26 puntos, 11 rebotes) y de Williams-Goss (22 puntos y 2 asistencias), se puedo frenar el vendaval y resistir en los últimos minutos con una victoria muy ajustada (80-82). Tavares fue un gigante impenetrable que jugó 36 minutos con apenas aportaciones en minutos de Randolph (5) y los 3 de Cornélie. Se empezaba a divisar a un gran Hezonja en esta serie.

Hezonja Partizan

Lessort volvió en el cuarto partido, lo mismo que Deck. Esta vez fue el Madrid quien se escapó en el primer cuarto (15-27), con una fabulosa réplica local para llegar al descanso con un muy parejo 42 a 45. A destacar los primeros minutos de Adam Hanga, con 3 triples logrados, casi sin fallos. El Madrid ya no era una suma de individualidades, ya era un equipo, un conjunto coral en el que aportaban todos: Hanga, por supuesto, pero también Deck, Tavares, Musa (todos ellos por encima de los 14 puntos), más un Hezonja sacrificado como “4” y recogiendo rebotes.

Los tres veteranos, además de la lucha y fiereza que siempre les ha caracterizado, empezaban a hacerse ver en la serie, con buenos minutos anotadores del Chacho, manejando con criterio al equipo, y buenas acciones, sobre todo defensivas, de Llull y de Rudy, que lograron evitar la hemorragia que suponía cada tiro del muy atinado LeDay, reencarnado aquel jueves 4 de mayo en su compatriota Punter (25 puntos). Por cierto, que para que la “remontada imposible” fuese aún más imposible, a falta de 3 minutos, LeDay tuvo la desgracia de, de forma no intencionada, lesionar a Gabi Deck, que había sido un pilar fundamental de los blancos en toda la serie.

El Madrid ya no era una suma de individualidades, ya era un equipo, un conjunto coral en el que aportaban todos

El pesimismo caía sobre el equipo pese a la victoria final (78-85), cuando al día siguiente se confirmó la gravedad de la lesión de Deck, al menos 3 meses por su rotura de ligamento externo de la rodilla, aunque por fortuna evitó la siniestra rotura del cruzado, la lesión quizás más temida por cualquier baloncestista.

Deck

Otra vez a jugar sin pívots y sin cuatros, exceptuando a Tavares, que había sido una muralla infranqueable durante casi 70 de los 80 minutos de las batallas del Stark Arena de Belgrado (recinto talismán para el Madrid, al haber sido sede de la 10ª Copa de Europa de baloncesto).

Poirier seguía fuera, Yabusele sancionado, Deck, “out” para el resto de la temporada, Randolph completamente fuera de forma y sin dinámica de mejora. Por el lado de los “partisanos”, recuperaban a su mejor hombre, no ya de los 2 primeros partidos, sino de toda la temporada, el temido neoyorquino del Bronx, Kevin Punter.

Pero se trataba del Real Madrid. Tras superar 2 matchballs en Belgrado, el Palacio se iba a llenar (desde 4 días antes no quedaba ni una sola entrada a la venta), y claro que había fe, pese a lo mal que habían transcurrido los dos primeros partidos jugados en Madrid. Casi 13 mil espectadores se juntaron para ver lo nunca visto, la remontada de un 0-2 en play-offs finales de Euroliga.

Los tres veteranos, además de la lucha y fiereza que siempre les ha caracterizado, empezaban a hacerse ver en la serie, con buenos minutos anotadores del Chacho, manejando con criterio al equipo, y buenas acciones, sobre todo defensivas, de Llull y de Rudy

Al descanso, el pesimismo cundía por todo el Wizink. Una vez más, y ya eran 3 seguidas, los hombres de negro de la capital serbia se habían apropiado del dominio en ambos aros, machacando a triples al equipo local: 39-55. Y 20 minutos por jugar. Con un Tavares en el banco con 3 personales, alguna de juzgado de guardia. Leí a Pablo Lolaso, afamado tuitero y buen analista, escribir algo así como “en todos los años que vengo a ver al Madrid en Euroliga en el Wizink, JAMÁS he visto un arbitraje favorable a los blancos”. Y en este 5º partido, así fue. Lo de siempre. Ante la mínima duda, todas las decisiones del trío formado por Ryzhyk, Latisevsy y Difallah se inclinaban para el lado de la confluencia de los ríos Danubio y Sava.

Para suplir las ausencias de Tavares, a Chus Mateo no le quedó más remedio que emplear a un crío de 19 años, Ndiaye, que se fajó lo indecible con los pívots forasteros. Pero todo parecía perdido, parecía insuficiente el esfuerzo de los blancos, inferiores a la hora de ajustar las miras de sus metralletas, sobre todo en comparación con Punter, bien secundado por el antiguo culé Exum.

Ndiaye

Solo unos pocos, entre ellos el editor de esta revista, Jesús Bengoechea, creían en el milagro. Quizás por aquello de la fe inquebrantable, más que por las sensaciones que se transmitían sobre el parqué de la calle Goya. El Wizink, que había empezado en plena ebullición, parecía muy tocado, y apenas los Bersekers y los Ojos del Tigre seguían insuflando ánimos a los suyos.

Al descanso del quinto partido, Solo unos pocos, entre ellos el editor de esta revista, Jesús Bengoechea, creían en el milagro. Quizás por aquello de la fe inquebrantable, más que por las sensaciones que se transmitían sobre el parqué de la calle Goya

Empezó el tercer cuarto de la misma manera, incluso llegó la diferencia a ser de 18 puntos en contra (41-59), y la cuarta personal de Tavares llevaba a la mayoría a perder la poca fe que les quedaba. Pero a falta de unos 13 minutos, los tres veteranos, Chacho, Rudy y Llull, se debieron de conjurar en algún tiempo muerto o en una de tantas revisiones de vídeo arbitraje.

Y Chacho —sí, fue el primero— aulló tras meter un triple de los suyos y proclamó a todo el pabellón aquello del Rey Theoden de Rohan cuando llegó con sus tropas para socorrer a sus aliados de Gondor en la capital de Minas Tirith (El Señor de los Anillos), asediada por un ejército infinito de orcos, de olifantes, de trolls y de mercenarios de todas las especies. Theoden vio que sus tropas eran poco numerosas, que estaban cansadas tras recorrer muchas millas en pocos días, pero las arengó, no con un discurso digno de Enrique V en vísperas de la batalla de Azincourt, sino al sencillo —y eficaz— grito de “¡Muerte!”.

Sergio Rodríguez Partizan

Chacho dio la señal (afortunadamente no con la palabra muerte), con un “¡Vamos!” o un “¡Coño!” o qué sé yo, que en ese mismo momento resucitó al Palacio: fue como una inyección gigantesca de adrenalina y de testosterona, y aquello resultó suficiente para que los serbios se dieran cuenta que la victoria la iban a tener que pelear hasta el minuto 40.

Como así fue. Tavares ya no fue relevado, aguantó hasta el final con sus 4 faltas (quizás ahí falló el sabio Obradovic, sus hombres no le supieron buscar las cosquillas al gigante de Cabo Verde). Poco a poco, los tiradores infalibles empezaban a fallar, Llull en esta faceta estuvo impecable defendiendo a Punter como si tuviese 10 años menos. Y Rudy. Qué decir de Rudy, que se lanzó varias veces al parquet para jugarse los brazos, las piernas, el hombro, que recibió una falta brutal por parte de Exum que a cualquiera de nosotros nos hubiese mandado a Urgencias (o a algo peor), y que, aun así, volvió a la cancha como los valientes elfos y los enanos aliados de los hombres en El Señor de los Anillos, dándolo todo por los suyos.

Chacho merece un capítulo aparte, más que nada por ser él quien dio el toque de corneta decisivo, para despertar a sus compañeros y a todo el Palacio. Tras la temporada de críticas que llevaba, logró en 19 minutos en cancha 19 puntos, con triples salvadores y entradas con bandejas dignas de John Stockton, y regaló 6 asistencias a unos más que certeros Llull, Hezonja y Tavares. Más 3 rebotes. Más una lección de liderazgo digna de los cantos de gesta de los héroes medievales, veteranos, sin duda, pero luchando desde la primera línea de fuego, y sirviendo de ejemplo a todos sus compañeros de batalla.

Llull Partizan

Y lo que no era posible se hizo posible, pese a unas extrañas decisiones arbitrales que dieron vida al Partizán hasta la última jugada (un triple de Punter que se salió y que pudo haber llevado a la prórroga el partido, ya que hubiese supuesto el empate a 97). Dos últimos minutos que se hicieron interminables y siniestros (en las novelas de héroes siempre hay emociones y sobresaltos hasta el final), el Madrid anclado en los 97 puntos desde el 97-88 (un parcial de 56-29 desde el 41-59 del minuto 22), sufriendo y apretando las nalgas como nunca nadie lo había hecho.

Y la explosión final de todo el pabellón, que había contemplado lo nunca visto antes en toda la historia de la Euroliga (en 23 años), una proeza digna de los Ulises y de los Aquiles de la Guerra de Troya. Y es que el pasado miércoles 10 de mayo pasará a la memoria como la fecha de una velada inolvidable. Homérica.

 

 

Getty Images.

3 comentarios en: No era posible

  1. Randolph era un jugador que me encantaba, pero no deja de sorprenderme la infinita paciencia que ha tenido el club con él. Ya sé que no ha bajado de nivel por su culpa, pero me temo que el mejor Randolph no va a volver.

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