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El chándal del Barça de Nicolás Maduro

El chándal del Barça de Nicolás Maduro

Escrito por: Jesús Bengoechea5 mayo, 2020
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Son ya varias las ocasiones en las que el presidente venezolano Nicolás Maduro ha aparecido en actos más o menos públicos luciendo (es un decir) un chándal con el escudo del FC Barcelona. Digo que es un decir no porque no sea posible lucir un chándal con ese escudo, sino porque al mandatario, en concreto, no le favorece demasiado al no ser precisamente un dechado de atractivos físicos. Ese mismo chándal en Robert Downey Jr. habría sido otra cosa, si bien por el momento la hipótesis del actor cambiando el uniforme de Iron Man por un chándal culé se antoja improbable y, bien pensado, no sería a priori un trueque que le mostrara agraciado, lo que quizá venga a negar lo dicho al principio y sí sea difícil, en realidad, lucir (lo que se dice lucir) un chándal del FC Barcelona. Una muestra que cubre un espectro tan amplio como el que distancia a Nicolás Maduro de Robert Downey Jr. otorgaría suficientes elementos como para concluir que es empresa ardua la de estar guapo vistiendo dicha prenda, con independencia de la percha. Tampoco me atrevería a ser taxativo en este sentido, me apresuro a aclarar, por cuanto puede que existan ignotas excepciones a la regla que acabamos de exponer.

Tanto Nicolás Maduro como un chándal del Barça son cosas que suelen generar opiniones extremas, con escaso espacio para el término medio. La gente ama a Nicolás Maduro o lo odia. La gente ama un chándal del Barça o lo detesta. Así, pueden establecerse cuatro combinaciones que a su vez darán lugar a cuatro grupos humanos bien diferenciados, cada uno de los cuales encajará de diferente manera la visión en pantalla de Maduro ataviado de la referida guisa culé y proclamando jocundo: “Me van a llamar para mi primer entrenamiento”. (Ya sería llamativo, dentro de la marcianada general en que nos ha sumido el Covid, que al primer entrenamiento de los de Setién en la fase de desescalada se uniera el más ilustre (?) exconductor de autocares del cono sur, pero no cabe duda de que esta crisis nos ha preparado para ver casi cualquier cosa).

A los que amen a Maduro y también amen un chándal del Barça, la fortuna les ha sonreído con un mash-up improbable. Me malicio una gran afluencia de gente en este subconjunto. No me pregunten por qué. No dispongo de evidencia científica que señale una confluencia estadística manifiesta entre ambas corrientes. Es mi instinto hablando, nada más. Los mismos o parecidos mecanismos que pueden mover a una persona a considerar a Maduro un icono de la democracia y los derechos humanos alcanzan para decidir que un chándal del Barça epitomiza todo aquello que del género humano merece ser loado y conservado. El fútbol y la política internacional son mundos aparte, sí, pero hay sinestesias cerebrales que hacen confluir conceptos dispares.

Luego estarán los que adoren a Maduro pero muestren sincera desafección por un chándal del Barça. En este apartado es posible que solo se encuentre Gabriel Rufián, quien ya hace no tanto sorprendió a todo el mundo declarando su querencia merengona. Junto a Rufián podrían formar otros afamados izquierdistas radicales pero de reconocida filiación madridista, como Íñigo Errejón. Así, con nombre y apellido, pocos más se nos ocurren. La mayor parte de gente de extrema izquierda que bebe los vientos a la vez por el Madrid y por Maduro carece de nombre propio o prefiere no difundirlo, y se parapeta en las redes sociales tras avatares más o menos amenazantes que lo mismo les sirven para insultar a Pablo Casado o Lucas Vázquez que para loar a Maduro hasta la extenuación. Es una pena no saber quiénes son. Por curiosidad.

La tercera variante estaría conformada por personas que detestan a Maduro y su régimen pero veneran y hasta envidian el chándal azulgrana que se gasta. Es este un subconjunto que intuimos más numeroso y variopinto, desde la tradicional burguesía catalana que (indepe o no) sigue siendo innegociablemente capitalista al señor de Palencia que vota al PP pero es del Barça por... por razones que se nos escapan, pero sus razones tendrá, evidentemente. También cabrán en este apartado los propios venezolanos culés que sufran en sus carnes el régimen de Maduro. El ver embutido en un chándal blaugrana a la causa de sus males no ha de ser plato de buen gusto para ellos, y solo restaría hacerles llegar nuestra solidaridad.

Por último, estarían aquellos que denuestan el régimen bolivariano de Venezuela y tampoco pagarían, precisamente, por hacerse con una prenda barcelonista como la que luce su líder, por no decir su dictador. El que firma se encuentra definitivamente enmarcado en esta corriente, y la imagen de Maduro con el escudo culé junto al corazón supone para él un recordatorio amalgamado de las prioridades que a todo deben ser asignadas en la vida. Quiero decir con esto que, si a cambio lograra que Venezuela se viera libre del tirano que la ha conducido a la miseria más absoluta, yo mismo sería el primero en buscar mi talla en Amazon, canturreando si fuera preciso el Tot el Camp.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea

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