Las mejores firmas madridistas del planeta

Ney, nanay

Escrito por: Nacho Faerna4 marzo, 2018

Ya he explicado muchas veces que los que creen saber de fútbol en realidad no saben de nada. Porque el fútbol no es una ciencia, es –según afortunada definición atribuida, no sé si apócrifamente, a Valdano– un estado de ánimo. ¿Y cómo demonios vamos a teorizar seriamente sobre el ánimo? Del ánimo y de las ánimas se ocupan el psicoanálisis y la teología, que son dos formas distintas de charlatanería más o menos elaboradas, y si se quiere muy respetables pasatiempos, pero doctrinas que no aguantan el más mínimo análisis empírico. Para decir algo sustancioso relativo al fútbol lo que hay que dominar es cualquier otra disciplina, casi da igual cuál sea, y aplicar esos conocimientos al juego del balón, como demuestran cada mes Número Uno y Número Dos en esta misma sección apelando a sus conocimientos de la historia del Arte y de la Filosofía para explicarnos por Baudelaire o Tales de Mileto de qué va esta vaina. Es probable que leyéndolos no aprendan gran cosa sobre esquemas de juego, pero a cambio obtendrán valiosos apuntes de cultura general con los que sorprender a sus cuñados en las comidas familiares.

Conmigo tienen ustedes menos suerte. Yo sólo sé, aunque a ciencia cierta, que no sé nada. Bueno, si acaso conozco, por haberlos estudiado e intentar ponerlos en práctica con desigual fortuna, los rudimentos de la escritura dramática. Las reglas que rigen el inmemorial oficio de contar historias a través de las acciones de unos personajes las recogió Aristóteles en su Poética y desde entonces todos los que han teorizado al respecto se han limitado a parafrasear al Estagirita con mayor o menor descaro. Los gurús que predican métodos infalibles para triunfar en el arte de combinar planteamiento, nudo y desenlace no se diferencian mucho de los profetas de la pizarra en el fútbol; como ellos, gastan verborrea de vendedor de crecepelo y son especialistas en analizar la faena desde la barrera y a toro pasado, confundiendo cirugía y autopsias. En los años sesenta, Mary Kent, más conocida como Sister Corita, una artista que además era monja –o una monja que además era artista; no estoy seguro de en qué orden escuchó la llamada a ambas vocaciones–, redactó un decálogo para sus alumnos del departamento de Arte del Immaculate Heart College cuyo punto número ocho zanja con elocuente precisión el problema: “no intentes crear y analizar al mismo tiempo; son procesos diferentes”. Yo no soy de tatuajes, pero si alguna vez me hiciera uno, elegiría sin duda grabarme en la piel las sabias palabras de la hermana Mary.

En la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, cerca de La Habana, Francis Ford Coppola copió en un grafiti en la pared del aula de Guión una cita que él adjudicó par erreur a Flaubert (en realidad es un consejo que le dio Dumas padre a su hijo en una carta): “primer acto, claro; el último acto, corto; interés en todos los actos”. David Mamet, el famoso guionista y dramaturgo, lo resumió de manera aún más simple: nunca seas aburrido. Como ven, las reglas del juego no pueden ser más fáciles de formular y más difíciles de ejecutar. Pues en el fútbol, igual. Y en la vida, ya que estamos.

¿Y qué enseñanzas podemos extraer entonces de la escritura dramática que nos sirvan para entender mejor el balompié? El maestro Garci nos daba algunas claves en la magnífica entrevista que le hizo días atrás nuestro editor. Un buen partido de fútbol es como una película de Hitchcock, un ejercicio de suspense. El suspense se consigue dándole al espectador más información de la que disponen los personajes. Si hay una bomba debajo de la mesa, Hitchcock nos la enseña y se recrea en la parsimonia con la que los personajes, ajenos a la mortal amenaza, charlan despreocupados de algún asunto banal, cuanto más intrascendente, mejor. Con razón, Garci dice que el Madrid es el equipo que mejor utiliza este mecanismo dramático en su versión futbolística. También lo dice, a su manera, Xavi: el Madrid no juega, gana. Todos sabemos, hasta el jardiner, que Zidane desactivará la bomba en el minuto noventa y tres. Lo que no sabemos es si cortará el cable azul o el