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Morata, decime qué se siente

Morata, decime qué se siente

Escrito por: Athos Dumas28 enero, 2019
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Álvaro Morata acaba de cerrar un extraño círculo. Vuelve, cedido por el Chelsea, al club con el que jugó en categorías infantiles y cadetes: el Atlético de Madrid. Nada más aterrizar en la capital de España, este sábado por la noche, declaró lo siguiente a la prensa: “la gente que sabe de dónde vengo, sabe mi historia y lo que significa para mí esto”, refiriéndose a su fichaje por el Atlético.

Particularmente, me trae sin cuidado que ahora se bese el escudo colchonero o que diga cualquier obviedad sobre cuáles son los colores que ama de verdad. Podríamos recordarle sus llantos al volver al Madrid en 2016. O su presencia en el programa de RMTV, “Campo de estrellas”, en el que afirmaba que quería cumplir su gran sueño, que era triunfar en el Real Madrid. Pero allá él sí es madridista, colchonero o azulón.

Su famoso entorno, con raíces atléticas y, sobre todo, su padre, Alfonso Morata - ex directivo de la cadena SER y de la COPE – y amigo de tantos periodistas, no le ha ayudado a conseguir una estabilidad profesional, con constantes cambios de equipo. El Atleti va a ser su cuarto club en menos de tres años, amén de dos etapas distintas en el Real Madrid.

Morata, desde sus tiempos en el Castilla, nunca llegó a ser titular. Tampoco en el Madrid, ni en la Juventus. En el Chelsea lo fue la temporada 2017-18 - con tan solo 15 dianas en 48 partidos -, pero hasta Olivier Giroud, rebotado del Arsenal, terminó enviándolo a la suplencia. Álvaro tampoco ha logrado desplazar a Benzema, ni a Carlos Tévez, ni a Dybala, ni a Mandzukic. Sin embargo, en todos sus equipos, exceptuando la temporada y media en el Chelsea - en donde ha fracasado estrepitosamente, a tenor del rol que le confería un contrato sideral -, siempre ha aportado mucho más saliendo del banquillo.

Ese era su escenario en el Real Madrid, donde, probablemente, hubiera jugado mucho más de lo que lo ahora lo vaya a hacer en cualquier otro equipo e, incluso, desde donde podría haber aspirado a estar en la lista de 23 para el mundial de Rusia. No fue así, y eso que Lopetegui fue el técnico que más confió en él, tanto en la sub-21, como en la selección absoluta. Pero al chico le hicieron ver que era una especie de Van Basten redivivo. Y de esas expectativas falsas levantadas por su entorno, quizás provenga su eterna estampa de eterno insatisfecho, siempre con cara de amargura, ya juegue de titular o se siente en el banquillo.

Por mi parte, solo me queda recordar sus 95 partidos jugados con el Real Madrid, en los que marcó 31 goles. Poco más. Debe mucho más al Madrid que el Madrid a él. No es una historia nueva. Recuerda, aunque con menos calidad y trascendencia futbolística, a las vividas con Mesut Özil o Ángel di María, porcelanas de Ming, por el elevado precio que pagaron sus equipos y criando polvo y telarañas, al menos en cuanto a palmarés de primer orden - véase Champions Leagues -, en Arsenal y PSG, respectivamente. Y es que fuera del Madrid hace mucho frío. Algo que algunos no logran comprender hasta que lo padecen.

Aunque su representante, el ex rojiblanco y famoso leñero de su época, Juanma López, intentó colocarlo en el Camp Nou, según reconocen fuentes barcelonistas, eso no impide que Morata haga, ahora, como que sale del armario y proclamé sus sentimientos rojiblancos. Pero este columnista prefiere ver los alardes de amor a unos colores en las gradas o en el día a día. Dentro del terreno de juego, me quedo con los buenos profesionales, que saben sacar las castañas del fuego, antes que con los “besa-escudos”, que apenas aportan.

Cuando vuelva Morata al Bernabéu, contará con mi indiferencia. Sin rencores ni ovaciones “piperiles”. Morata, junto a sus consejeros, ha elegido un nuevo rumbo en su caótica carrera. Pero, por ahora, el único club que le ha dado gloria eterna – dos Champions, dos Ligas, dos Copas, un Mundialito y una Supercopa - es al que parece haber olvidado bien pronto. Haríamos bien, también nosotros, en borrar de nuestras mentes aquel “Campo de estrellas”. O mejor aún: enviarle el DVD a su casa y cerciorarnos de que lo viese por última vez y lo destruyese para siempre.

Y es que Morata estuvo mucho tiempo en el Madrid. Pero el Madrid, para desgracia del propio jugador, no estuvo mucho tiempo en el corazón de Morata.