Las mejores firmas madridistas del planeta

Messi desvirtuado

Escrito por: Angel Faerna13 mayo, 2018

El último Barcelona-Real Madrid nos dejó muchas confirmaciones: por ejemplo, que bajo Zidane, y resultados aparte, los nuestros se han sacudido del todo los restos de esa intimidación que por temporadas les producía el “estilo La Masia”, tortura china ya casi en desuso, y hoy vuelven a imponer sobre los blaugranas su jerarquía de siempre. Por ejemplo, que estamos listos para el 26, pase lo que pase. Por ejemplo, que Hernández Hernández quizá no tenga vergüenza pero sí una alergia grave, y al oler cierto color se le cierran los alveolos y no puede soplar el pito. Por ejemplo, que cuando un día Piqué se retire del fútbol le quedarán secuelas de veterano en las rodillas pero mantendrá el cerebro intacto, con la edad mental de un culé de 5 años. Pero también fue el partido en que por fin Messi se hizo musa de una de estas divagaciones mías que algunos de ustedes me hacen la caridad de leer.

Porque Lionel Messi, el mejor jugador del mundo para los amigos, a mí nunca me decía nada. No hablo ahora de sus virtudes futbolísticas, de hecho no suelo pronunciarme sobre temas técnicos por puro conocimiento de mis limitaciones. Aun así, qué duda cabe que Messi sabe lo que hace con los pies, posiblemente mejor que nadie. Todas las virtudes que le atribuyen los que entienden de fútbol son ciertas, solo que en mi gremio a eso no lo llamamos virtudes. Son dones. Los dones, cuando son portentosos o excepcionales, deleitan, asombran, producen sana envidia, pero sea cual sea su magnitud, carecen del más mínimo mérito. No puedes vanagloriarte de tener buena planta, o una voz privilegiada, o de haber nacido en tu terruño, a no ser que seas completamente tonto. No hay mucho que decir de los dones desde un punto de vista moral, salvo quizá lamentar que no estén mejor repartidos. Las virtudes, en cambio, han sido tema de reflexión inagotable de los mayores sabios. La virtud es todo lo contrario del don: a la virtud se llega tras un laborioso esfuerzo, no se recibe sino que se amerita, y por eso es admirable, cosa que el don nunca es. Por eso también la envidia de la virtud jamás es sana sino rencorosa, porque quien envidia una virtud se confiesa a sí mismo su propia desidia para alcanzarla. Nadie nace con el don de eso que los griegos llamaron areté, los latinos tradujeron como virtus y en castellano tiene por mejor nombre excelencia. Antes de que los espíritus estreñidos se apropiaran del lenguaje, vivir virtuosamente significaba ser un virtuoso en el arte de la vida, un atleta moral, y a eso no llegas si no le echas muchas horas.

En este sentido, y restringiendo la vida al fútbol, el contraste entre Messi y Cristiano Ronaldo creo que salta a la vista. Dicen de Messi que puede ganar él solo un partido cuando quiera: eso es un don. Cristiano quiere ganarlos absolutamente todos: eso es una virtud. Parece que Messi con 12 años ya poseía el talento natural del futbolista que es hoy, es su don; Cristiano a la misma edad seguramente tenía dotes excepcionales para el deporte, pero construir con ellas un futbolista estratosférico como CR7 y no cualquier otra cosa, quién sabe si igualmente estratosférica, ha sido su virtud. Por eso, y no porque se sea madridista, hay que admirar siempre a Cristiano Ronaldo, la excelencia hecha fútbol.

Dicen de Messi que puede ganar él solo un partido cuando quiera: eso es un don. Cristiano quiere ganarlos absolutamente todos: eso es una virtud.

En Messi, en cambio, nunca he sabido qué admirar, y en esto nada tiene que ver que yo sea madridista porque estoy convencido de que lo mismo les ha pasado siempre a los barcelonistas. Tampoco a ellos les ha dicho nunca nada. Por un tiempo debieron de pensar que el genio era tímido, hasta que por fin tuvieron que aceptar que era sencillamente mudo. Trataron entonces de fabricarle unas virtudes a las que poder remitir su comprensible necesidad de admiración. A muchos argentinos les ocurría lo mismo, copio aquí el retrato robot que hace un par de años intentó confeccionarle un columnista de aquellos pagos: “el liderazgo del capitán del seleccionado argentino se sostiene sobre la humildad, el deseo constante de superación, el respeto por los rivales, la austeridad verbal, la lealtad a sus camisetas” (añadan ustedes mismos el tonillo del NO-DO si quieren). Sonaba suficientemente tópico y, como traje, no parecía muy difícil de vestir, pero Messi seguía sin dar muestras de querer acaudillar nada: renunciaba desmoralizado a su selección, se hacía esperar en cada renovación con su equipo, apuntaba desplantes de desprecio o de soberbia en el campo, y la austeridad verbal parecía cada vez más el eufemismo de una incapacidad constitutiva para comunicar algo. En fin, no quedaba otra, a grandes males grandes remedios: si no había forma de admirarle, habría que pasar directamente a reverenciarle. Aquel enano genial que una vez fue bautizado con cariño como “La Pulga” subió un buen día a las rendidas portadas catalanas transfigurado en “Dios”. Dios no es admirable, carece de virtudes, y tampoco habla mucho, pero va de suyo que es el mejor. Asunto resuelto.

Asunto resuelto para los devotos, claro, porque esto a Messi tuvo que dejarle de lo más confuso. ¿Debo ser humilde y Dios al mismo tiempo? ¿Qué esperan ahora estas gentes de mí? ¿Y qué esperar yo de mí mismo? Me fijé mucho en los primeros planos de Messi en el último clásico, se le ha puesto una terribilidad ceñuda en la mirada, como de Zeus tonante, o puede que solo de estupor trágico. Es verdad que era una situación de lo más violenta para Dios, teniendo que saltar a su propio campo convertido en mero sparring de un Real Madrid camino otra vez de su propio e inaccesible olimpo. El partido tuvo ribetes de mitomaquia: vimos a Dios embistiendo con rabia las patas del centauro Ramos y golpeando sin tino las espaldas aladas de Marcelo, supimos que persiguió al sumo sacerdote hasta el Tártaro del túnel de vestuarios para demandarle a gritos más sacrificios. Y gracias a este precisamente, que propició que desplumaran al gallo Varane y le dieran un hachazo, lo pudimos contemplar al fin en plena epifanía: tras manifestarse en un gol digno de sus dones, posó mayestático ante la grada, testa alzada y brazos extendidos, para bañarse en adoración.

No me sorprendió nada que luego nuestros jugadores no quisieran cargar demasiado las tintas en sus declaraciones. La sensación era que allí se había ganado todo lo que se había ido a ganar. No era el día de llamar a las puertas del cielo, todavía no. En cuanto al Barcelona, dejémosle seguir instalado en el suyo privado, donde reina un Messi al fin elocuente cuyos maravillosos dones parecen dispensarle ya de toda aspiración a la virtud.

Número 2

Ángel, el segundo de los Faerna, es profesor de universidad. Procura enseñar Filosofía sin hacer más daño del inevitable. Su especialidad, si acaso, es la epistemología y el pensamiento clásico norteamericano, extravagancia que compensa con una desmedida afición por los buenos arroces.

19 comentarios en: Messi desvirtuado

  1. Messi: Mundial 2006: 1 gol; Mundial 2010: 0 goles 0 asistencias; copa America 2011: 0 goles 1 asistencia; 4 finales perdidas con su selección con 0 goles 0 asistencias; 8 eliminaciones con el Barça en Champions con 0 goles y solo 1 asistencia en esas eliminaciones. Pregunto: es realmente Messi el mejor del mundo como algunos y cada vez menos lo dicen? o solo es el que juega mas bonito? Que es ser un mejor jugador del mundo?
    Realmente Messi es muy talentoso y juega muy vistoso, pero no es el mejor del mundo porque de la misma manera que no es el mejor alumno del aula el mas inteligente sino el que ademas de la cuota necesaria de inteligencia estudia mas que lo demas, igualmente no es el mejor del mundo el de mayor talento y juega mas bonito sino el que ademas de jugar bien y poseer buena medida de talento a ello le añade la cuota de esfuerzo y sacrificio dentro y fuera del campo y sobresale por sobre el resto por caracter y liderazgo aunado a la calidad tecnica en los momentos y situaciones donde sobresalen los Grandes.
    Messi no es el mejor; CR es el mejor; CR no es como Messi que solo es talento y que solo luce en ambientes mimados y en partidos de baja presión; CR tambien ha sabido ser un jugador vistoso y todo un espectaculo verle jugar, pero a esa vistosidad CR le añadió garra y liderazgo para en los momentos mas dificiles y en los escenarios mas complicados apuntalar sus dones de jugador y lucir esas virtudes de competidor fiable que le han hecho ser reconocido indiscutiblemente y sin dudas como el mejor del mundo por los que asi le consideran.
    CR tiene tecnica, domina el balon con cualquier parte de su cuerpo, juega y remata con ambos perfiles y de cabeza y desde cualquier posición del campo y a cualquier distancia de porteria, CR posee gran visión de juego para intuir por donde va la jugada antes que nadie, CR gran asistidor, ha jugado de mediocampista externo, de extremo, de delantero de todo el frente de ataque y de delantero de área segunda punta, y en todas esas posiciones ha brillado con luz propia, CR posee gran fisico para mantener la regularidad toda su carrera, y tambien posee gran fortaleza animica para liderar; osea un jugador completisimo, lo tiene todo.
    Y Messi es solo exhibición en tiempos de paz,