Las mejores firmas madridistas del planeta

Menos humos

Escrito por: Angel Faerna20 marzo, 2017

Si se pasean ustedes por los imponentes edificios de la Universidad Humboldt de Berlín, en la plaza que se abre ante la biblioteca verán un recuadro en el suelo que marca el lugar donde, el 10 de mayo de 1933, estudiantes y profesores fanatizados hicieron una pira con cientos de libros arrancados de sus estantes por considerarlos contrarios al “espíritu germánico”. En ese mismo trozo de suelo está grabada ahora la célebre y premonitoria frase del poeta Heine, que estudió entre aquellos muros: “allí donde se queman libros, se acaba quemando también seres humanos”. Siempre que leo algo que va en contra de algún “espíritu” que para mí es digno, noble o incluso sagrado, procuro acordarme de estas palabras, que actúan como infalible extintor de cualquier ánimo incendiario, por justificado que esté.

El espíritu madridista viene siendo zarandeado de un tiempo a esta parte con toda clase de insinuaciones, agravios, provocaciones, ninguneos, y acusaciones gratuitas cuando no sencillamente odiosas. Tan pronto has amañado un sorteo como toda una liga, tan pronto eres un franquista como un envidioso miserable, tan pronto no juegas a nada como sobornas a los árbitros con piruletas, tan pronto presionas con prepotencia a honrados alcaldes como te quejas sin venir a cuento de sanciones que nunca son absurdas ni desproporcionadas. Nada de lo que ganas, ya sean partidos o títulos, parece que mereces ganarlo, y todas las desgracias que caen sobre ti parecen estarte bien empleadas. No hablo, claro, de la pringue que circula por redes sociales, de la que tengo la suerte de no enterarme apenas y que no es más que la consecuencia de enchufarle un amplificador de diez millones de decibelios a las charlas beodas de toda la vida, sino de cosas dichas, escritas y reproducidas en unos medios que, hasta la llegada precisamente de esas redes que han dinamitado en mala hora la distinción entre comunicación privada y no privada, constituían el templo de la “opinión pública”: lo que los filósofos alemanes (valga la redundancia) llaman “Öffentlichkeit”, el sine qua non de una sociedad democrática.

Sin una Öffentlichkeit como es debido, realmente abierta, plural y crítica, la democracia va de cráneo, al menos según Habermas, que sabe un poco de esto por filósofo y por alemán (perdón de nuevo). Decía Hegel (otro que tal baila) que el periódico de los domingos es la misa del buen burgués, pero eso era en tiempos en que la burguesía y la prensa aún eran jóvenes y rebeldes. Hay muchos madridistas que hoy se quejan de que no haya periódicos o cadenas de radio blancas (de que no tengamos nuestro propio espacio en la Öffentlichkeit, para que usted me entienda); es verdad que no las hay, pero eso no es malo. Lo malo es que lo que hay no es abierto, ni plural, y no digamos ya crítico: cuando un periodista recoge una declaración en la que aparecen expresiones del tipo “liga peligrosamente preparada” o “ya sabemos de qué va esto”, se pone a salivar como perro de Pávlov pensando en el titular que acaban de darle en vez de repreguntar, como es su obligación, qué se quiere decir exactamente y sobre la base de qué indicios o pruebas. Difundir esas expresiones sin otra cautela que el entrecomillado sería dejar el trabajo a medias si no fuera porque, en realidad, demasiado sabemos que no es una cautela sino una coartada para darles pábulo. Un probo burgués no debería querer misas blancas ni negras, lo que debe exigir es que no sean amarillas.

Hay madridistas que se quejan de que no haya periódicos o emisoras blancas

Así que me estoy teniendo que acordar mucho de Heine últimamente, y rogaría a todos los madridistas que lo hicieran conmigo. Es verdad que cuando se leen o escuchan según qué cosas dan ganas de tirar de lanzallamas, pero aquí ya no hay quien respire con tanto humo; vamos a terminar todos intoxicados y, lo que es peor, dándonos de tortas; y lo que es peor aún, odiando el fútbol, esa cosa tan entretenida y tan poco importante. Por favor se lo pido a algunos: cada vez que crean ver el espíritu madridista mancillado, no escriban comentarios, no lancen tuits, no hablen con su cuñado, sin tomarse antes cinco minutos para preguntarse si sirve de algo echar más leña al fuego, o mejor dicho, si echar leña al fuego puede significar otra cosa que lo que tristemente significa. Me dirán que tampoco vamos a estarnos callados. Ah, no, eso nunca, pero sin perder las formas y dejándole los remates de cabeza a Ramos, que los borda. Un cabezazo de Sergio y una sintaxis inmaculada son las dos cosas de este mundo que mejor bajan los humos a quien necesita que se los bajen.

Además, no se vayan a pensar que Heine era un picha fría. “Tengo la disposición más apacible que se pueda imaginar”—escribió—. “Mis deseos son: una modesta choza, un techo de paja, pero, eso sí, buena cama, buena mesa, manteca y leche bien frescas, unas flores ante la ventana, algunos árboles hermosos ante la puerta y” —proseguía— “si el buen Dios quiere hacerme completamente feliz, me concederá la alegría de ver colgados de esos árboles a unos seis o siete de mis enemigos. Con el corazón enternecido les perdonaré antes de su muerte todas las iniquidades que me hicieron sufrir en vida. Es cierto: se debe perdonar a los enemigos, pero no antes de su ejecución”. Si esto no es espíritu madridista, ya me dirán qué es. Sumémonos, pues, a Número Uno en su arenga caníbal de hace unos días y exijamos de los nuestros que se cobren sobre el verde campo de batalla todas las iniquidades sufridas y por sufrir, y reduzcan a cenizas los castillos de papel del enemigo. Que los chicos no le quiten ojo a estas selváticas palabras del poeta mientras nosotros no perdemos de vista las primeras y más civilizadas. El pecado del romanticismo fue confundir la estética con la ética y la literatura con la vida, por eso Heine tuvo la sensatez de ponerle fin.

Heine, Habermas, Hegel... Casi me sale la alineación del Bayern. Un rival a la altura de la Copa de Europa, de esos que siempre es un honor encontrarse en un bombo.

Número Dos

Ángel, el segundo de los Faerna, es profesor de universidad. Procura enseñar Filosofía sin hacer más daño del inevitable. Su especialidad, si acaso, es la epistemología y el pensamiento clásico norteamericano, extravagancia que compensa con una desmedida afición por los buenos arroces.

8 comentarios en: Menos humos

  1. Cierto es que el fútbol es lo más importante de las cosas sin importancia, cierto es, también, que las discusiones del tema, como casi todas las de otros asuntos, terminan siendo huecas y estériles, pero no menos cierto es que yano se está hablando de fútbol. Desde hace un tiempo los modos del Barcelona han trascendido el fútbol y su impunidad deportiva casi marcha en paralelo con su desempeño político, pues donde el culé obtiene respeto, si no admiración, apesar de sus dudosos logros, el catalán separatista obtiene las mismas consideraciones en un ámbito bastante más importante y serio.

    No seré yo quien intente traer paz a las procelosas aguas de la difamación antimadridista, menos aún restando importancia a la ofensa por tratarse de un tema banal. En absoluto. Rabia y mayor empeño en demostrar sus falacias, sus forzadas compraciones, sus complejos, sus trampas al solitario, y su total intoxicación de los medios. Tan lejos y profundo han calado, que han logrado zombificar a un sector muy importante del madridismo que aún, muy ingenuamente, cree que esto son cosas de niños.

    Sí, el futbol es entretenimiento, la rivalidad deportiva no debe confundirse. Pero no fuimos nosotros quienes agitamos el avispero, sino otros cuyo interés siempre ha estado más allá del propio fútbol, cuyas miras se han centrado en lo económico, algunos, y en lo político, los más peligrosos.

    Guardiolismo, Xavi Hernández, Messi, incluo Piqué, son símbolos nacidos al albur de una nueva Cataluña, tan poderosa que ha sido capaz de derrotar al mayor símbolo deportivo de la odiada España, el Real Madrid. Quien no quiera verlo, que no lo vea, pero que no me vengan con medias tintas. Aquí ya nadie habla sólo de fútbol. Éste es el medio para alcanzar un objetivo mayor.