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Manuel Olivares: el primer Pichichi blanco

Manuel Olivares: el primer Pichichi blanco

Escrito por: Alberto Cosín2 abril, 2017
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Un jugador de otro tiempo, de antes de la Guerra. Un futbolista olvidado y poco conocido por muchos. Manuel Olivares fue el primer jugador de la historia del Real Madrid en ser máximo goleador de la competición liguera. Su experiencia previa fue en el Alavés, de donde llegaría junto a otros mitos blancos como Quincoces o Ciriaco.

Nacido en Son Servera, en las Islas Baleares un 2 de abril de 1909, se desempeñaba como punta. Fue un delantero de gran calidad, dominio del cuero, velocidad, oportunismo en el área, certero disparo con ambos pies y magnífico en el remate de cabeza. Se le conoció con el apelativo de “El Negro” por su oscuro color de piel. Pese a su procedencia balear se formó como futbolista en el País Vasco ya que emigró cuando tenía dos años a Fuenterrabía debido al trabajo de su padre que era carabinero.

Sus primeros pasos los dio en categoría regional en las filas del Avión de San Sebastián. Años después la Real no le quiso y se marchó al Alavés para sustituir a Unamuno. En el cuadro vitoriano hizo historia al ser el primer jugador en marcar un gol tanto en Segunda División como en Primera. El ‘Glorioso’ ascendió en 1930 y el estreno del balear en la élite del balompié nacional fue asombroso con ocho dianas en las tres primeras jornadas del Campeonato. Se puso en la cabeza de la clasificación de artilleros aunque posteriormente fue superado por Bata, Gorostiza, Arocha o Urtizberea.

Su gran papel no pasó desapercibido y fue incluido en el paquete del traspaso de Ciriaco y Quincoces al Madrid al concluir el curso 1930-1931 (tras un pago de 25.000 pesetas por cada defensa y 10.000 por el punta). En un comunicado oficial los merengues anunciaron su firma y confirmaron la entrega de 6.000 pesetas al delantero y una ficha de 800 pesetas mensuales.

En su primer año con Lippo Hertzka como patrón del cuadro capitalino forma un frente de ataque formidable junto a Lazcano, Luis Regueiro con el que se entenderá a las mil maravillas, Hilario y Luis Olaso. Debuta en agosto en un choque de pretemporada frente al Leganés aunque su estreno oficial no se produce hasta la jornada seis de Liga. El Español visita Chamartín y regresa a Barcelona con tres goles en el zurrón, dos de ellos de Olivares, el primero al aprovechar un balón dentro del área y el segundo al empujar el esférico a la red después de un disparo al travesaño de Eugenio, según crónicas de la época.

Un mes más tarde el balear completa probablemente su mejor partido como blanco. Madrid y Barcelona se miden en la jornada nueve y los blancos vencen por 2-0 con un doblete de Olivares. Los dos tantos llegan en la primera parte y este triunfo aupa a los de Chamartín al liderato en la tabla. Otras dos dianas suyas en San Mamés la jornada siguiente dan un empate clave en las aspiraciones ligueras aunque su mejor racha dio inicio en la jornada 11. Marca en cinco partidos consecutivos: ante Valencia, su exequipo el Alavés, el Arenas, el Español y el Real Unión y los merengues obtienen cuatro victorias y un empate a uno en el siempre difícil Stadium Gal de Irún. Sus once tantos le convirtieron en el mejor artillero de un equipo que alzó la primera Liga de su historia invicto y tras cantar el alirón en Les Corts en Barcelona.

La temporada siguiente de 1932-1933 el entrenador blanco fue el inglés Robert Firth que continuó apostando por el balear en la delantera. La vanguardia ofensiva tuvo el único cambio de Eugenio por Lazcano y Olivares entró en la historia de la Liga y el Real Madrid al erigirse máximo goleador de la competición con 16 tantos. Esos goles resultaron a la postre clave para revalidar el entorchado liguero tras aventajar en dos puntos al Athletic Club. En las cinco primeras jornadas “El Negro” apabulló a las zagas contrarias al conseguir nueve goles, con dos hat-trick incluidos. El Donostia y el Betis en casa sufrieron esos tripletes y además el Valencia recibió dos dianas y el Alavés en Mendizorroza una. A continuación Racing, Arenas y Athletic también hincaron la rodilla tras goles de Olivares y en la segunda vuelta perforó las mallas del Valencia en Mestalla y el Arenas en Chamartín el día que se certificó el título.

En su última campaña en la capital no logró un tercera Liga consecutiva pero si levantó su única Copa. En la Liga Bru sustituyó a Firth en la jornada 11 y Olivares acabó el Campeonato con solo siete tantos en 12 partidos, marcando eso si dos goles en el triunfo ante el Valencia o el primero en la victoria contra el F.C. Barcelona en la Ciudad Condal. Mientras que en la Copa fue titular en los tres primeros choques de la competición pero luego desapareció en favor de Pepe Samitier. En octavos los blancos eliminaron al Osasuna tras un global de 8-1 y en la ida de cuartos el punta superó al arquero rojiblanco Ispizua en las tablas a un gol ante el Athletic en San Mamés.

Tras dejar el equipo blanco en el verano de 1934 se va al Donostia (actual Real Sociedad) con el que logra seis tantos en 17 partidos en Primera. Una temporada más tarde baja de categoría para jugar y entrenar al Zaragoza con el que sube a la máxima categoría y el estallido de la Guerra Civil le sorprende cerca de Vitoria. Durante unos meses se viste de nuevo la zamarra blanquiazul para disputar una serie de encuentros amistosos y tras acabar el conflicto bélico regresa a la ciudad maña.

Con el inicio de los años 40 se enrola primero en las filas del Hércules que está en Primera y luego en las del C.D. Málaga compatibilizando el cargo de futbolista y entrenador. Su retirada definitiva de los campos de juego se produce en 1943 en el Algeciras para emprender una etapa como técnico que le lleva a pasar también por el Linense, el Salamanca, otra vez el Zaragoza en Segunda División, el Palencia, el Villena de Alicante, el Calvo Sotelo, el Betis o el Orihuela.

Con la selección nacional actuó en una sola ocasión en junio de 1930. El técnico José María Mateos le convocó para un amistoso en Praga ante Checoslovaquia que se decidió a favor de los locales por 2-0. La gran competencia en su puesto en la época con Bata, Campanal y sobre todo Lángara le impidió tener mayor protagonismo en el equipo nacional.

Falleció en la capital de España a los 67 años el 16 de febrero de 1976.