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El Madrid ganó el Clásico

El Madrid ganó el Clásico

Escrito por: Paul Tenorio7 mayo, 2018
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El Barça salió al Clásico con la intención de dar patadas. Se atisbó antes de cumplirse los 20 segundos de partido con ese plantillazo criminal de Rakitic a Casemiro y se comprobó durante toda la refriega. Sin nada en juego para ellos más que una anecdótica imbatibilidad en Liga en el Barcelona-Madrid más intrascendente de los últimos años, es más que razonable pensar que de la violencia insana (no confundir con intensidad) que emplearon los azulgranas en cada balón dividido se desprendía que estaban disputando a su manera la final de Kiev, intentando dejar al Madrid sin algún jugador para la cita más importante de la temporada. Algo gravísimo, colindante entre lo antideportivo, lo amoral y lo penal, demostrándose que aquello de que todo gira en torno al balón y a los valores en Can Barça no era más que propaganda de una época en la que se sentían caudillos del fútbol. Esa lamentable imagen ofrecida por el Barcelona le dio una victoria al Madrid, que también salió airoso desde otras muchas perspectivas. Quedó probado en esa atroz pulsión que mostró el Barcelona por convertir el Clásico en una batalla campal que el doblete Liga y Copa quedaría sepultado por la Decimotercera Copa de Europa del Madrid, la tercera consecutiva. Para Messi también significaría ver cómo Cristiano le adelantaría en Balones de Oro salvo que Leo, más agresivo y nervioso que nunca, sea capaz de ganar el Mundial con Argentina y discutir ese galardón.

El Madrid también se alzó con el Clásico debate sobre el modelo de juego. La hedionda discusión sobre el estilo. Vimos cómo el Barça ya no objeta para encerrarse atrás a defender, incluso estando con 11 jugadores en el campo, sin apretar la salida de balón del Madrid en muchos momentos, bien replegadito, robar y salir. Le vimos jugar y marcar al contragolpe. Le vimos dar palos. Le vimos perder cualquier escrúpulo para hacerse con el balón sin preocuparse de dar ejemplo a los niños en el proceso. Le vimos anteponer al fin a los medios. El modelo innegociable del Barcelona, esa religión del tikataka, se ha convertido con el paso de los años en un mucho más pagano “haz lo que puedas con lo que tengas”. Vamos, que juegues a lo que maximice tus recursos y minimice los de tu contrincante para intentar llevarte la victoria. El modelo de juego es ganar. Lo demás era, nuevamente, propaganda sin otro objeto que ensalzar tus logros y subir al adversario al cadalso mediático.

En esa victoria en la batalla del estilo, también brilló el propio Madrid. Lo hizo como nunca. Jamás se le vio mover tanto la pelota, ni tan rápido, en el Camp Nou. Por momentos, el cuero parecía tener estela, como un cometa, cuando lo tocaban los de Zidane. Tac-tac-tac, de aquí para allá, de izquierda a derecha, tac-tac-tac. Fue durante muchos minutos una exhibición de fútbol asociación, toco y me muevo, pura precisión y velocidad de circulación probablemente motivada porque o lo hacían así o, en cuanto uno de blanco se quedaba la bola por dos segundos en su poder, saltaba por los aires una coz. Pero el caso es que el Madrid dio 552 pases, un récord en campo del Barcelona.

Venció el Madrid también porque en la Ciudad Condal (y prensa afín en la capital) se afirmó bajo juramente solemne que jamás tendría cabida en ese equipo un futbolista como Pepe, que dejó 4 ó 5 acciones flagrantemente antideportivas en su carrera como jugador blanco. Y resulta que tienen a uno mucho peor, Luis Suárez, que comete también 4 ó 5, pero en cada partido. Insulta, amenaza, protesta, finge y agrede, pero no ha sido expulsado ni una sola vez en nuestra Liga, lo que es una prueba más del proteccionismo arbitral del que goza el club blaugrana desde 2004. El uruguayo tiene un trastorno evidente que ya fue tratado médicamente por un profesional tras morder a Chiellini en el último Mundial, su tercera dentellada ya. El Barça parece creerse exento de transmitir y defender los valores que sí le exige a sus oponentes. Es más: Luis Suárez es un ídolo.

LUIS SUÁREZ Insulta, amenaza, protesta, finge y agrede, pero no ha sido expulsado ni una sola vez en nuestra Liga.

El Clásico fue para el Madrid porque con la designación de Hernández Hernández volvió a comprobarse, y van tres de tres, que el canario es una garantía para el Barça, al que ha favorecido inequívocamente en los tres duelos directos entre ambos que ha dirigido. De hecho, la última vez que un árbitro favoreció al Madrid en un enfrentamiento ante el Barça, fue con Losantos Omar en la 2000/01, con aquel gol mal anulado a Rivaldo en el Bernabéu, cuando todavía se pagaba la entrada en pesetas. Hernández Hernández, recordemos, fue el colegiado mejor puntuado por Sánchez Arminio la pasada temporada, donde estuvo nefasto. Su actuación más sonada fue en la última jornada, donde el Barça necesitaba ganar al Eibar. El conjunto armero hizo un gran partido, pero un tropezón de Jordi Alba y un piscinazo clamoroso de Neymar fueron señalados asombrosamente como penalti por el canario. 9,58 fue la nota final de Arminio hacia su número 1. El chiste se cuenta solo. O se puntúa sobre 100 o las notas las pone la Universidad Rey Juan Carlos en vez del CTA. Aunque la hipótesis más lógica es que el 9,58 se debería a la eficiencia con la que Hernández cumple con la tarea que se le encomienda cuando dirige un partido. Que no tiene que ser necesariamente la de impartir justicia.

El Madrid se llevó el Clásico porque huyó del escrache rumbo a El Prat corriendo y sin mirar atrás, con un escaso y muy afortunado parte médico de un esguince leve de tobillo, aunque fuera su mejor jugador quien lo sufriera. Bien pudo marcharse del Camp Nou con dos o tres bajas seguras para la final de Kiev. Fue sin duda la victoria más importante de todas: salir sano y salvo de la encerrona.

El Madrid se llevó el Clásico porque huyó del escrache rumbo a El Prat corriendo y sin mirar atrás

El Madrid también se impuso en el Clásico por ese vergonzoso y ridículo autopasillo que le hicieron cuerpo técnico y empleados del Barça a los jugadores, promovido por Piqué para afearle al Madrid romper una tradición que ellos mismos pisotearon antes y por primera vez al negarse a homenajear al campeón del Mundial el pasado mes de diciembre en el Bernabéu. Un acto de onanismo sin precedentes en el fútbol que vuelve a evidenciar un profundo complejo que el Barcelona aún no ha podido sacudirse respecto a su máximo rival por muchas Ligas que recoja.

Salió además victorioso el Madrid de un Clásico donde un jugador como Dembelé, que le ha costado al Barcelona 150 millones de euros y que, como en tantos otros casos recientes, cierra el paso a los chicos de La Masía, esos que se esgrimían para atacar al Madrid bajo el lema “cantera contra cartera”, vio el partido desde el banquillo. Si Florentino Pérez se gastara esa morterada en un futbolista que pasara con tal intrascendencia por su primera temporada, tendría que huir del país escondido en los bajos de un camión perseguido por la prensa y por esa minoría de madridistas permanentemente angustiados por lo mal que se hacen las cosas entre Copa de Europa y Copa de Europa.

Piqué, importunando a su compañero de Selección Nacho en el túnel del Camp Nou antes de saltar al campo en la segunda parte, también le dio el triunfo al Madrid. Y propició la derrota de quienes defienden su supuesto e innegable compromiso con España, los que dicen que se parte la cara por La Roja, los que le definen como un ejemplo para el grupo. Su comportamiento con el madridista, esta vez Nacho, dificulta que el ambiente de cara al Mundial de Rusia que se disputa desde el próximo mes sea el mejor posible dentro del vestuario que dirige Lopetegui.

El Madrid conquistó el Clásico porque se volvió a reivindicar en la grada del Camp Nou independencia para Cataluña y libertad para los presos políticos, que no son otra cosa que políticos presos por haber cometido uno o varios delitos de gran relevancia. De nuevo, no sólo permitido sino promovido por ese buque insignia del independentismo que es el Fútbol Club Barcelona, se atentó contra la convivencia en este país y contra la imagen de España en el exterior. Y se volvió a profanar ese eslogan tan repetido como hueco de no mezclar fútbol y política, una frase más pisoteada en Can Barça que el césped del Camp Nou.

Se llevó el Madrid el Clásico porque dio una lección de orgullo, respeto al escudo y valentía donde en el Barça sólo hubo un miedo cobarde a la final de Kiev. Sabiendo que le esperaba un equipo que daría todo y un poco más en el partido más importante de lo que resta de su temporada, mientras que la suya propia sólo para esa final ante el Liverpool, y sabiendo que ib