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El Madrid en Alemania

El Madrid en Alemania

Escrito por: Antonio Valderrama6 abril, 2016
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Como uno de esos personajes a los que persigue un trauma de la infancia, el Madrid regresa al hogar de sus demonios. Alemania, lugar donde tanto sufrió, tierra forjadora de mitos que envuelven al madridista como un sudario, como un miedo nocturno. Alemania, pulsión de muerte, emerge de la bruma cada temporada como una isla a la que siempre retorna el Madrid; cuya costa está infestada de piratas y de donde sólo puede sacarse el botín mediante el sacrificio de la mitad de uno mismo.

Pero Alemania, ¿por qué es así? Las únicas visitas plácidas que recuerdo del Real más allá del limes, son las dos últimas, al Schalke. Sin embargo, en el duelo de vuelta de 2014, Jesé se rompió la rodilla, desgracia individual hecha colectiva al final de la Liga, cuando al Madrid le faltó el aliento del canario. En 2015, el Schalke decidió traerse Alemania a Madrid. Aún hay quienes ven ese 3-4 por las noches, flotando en las sombras del dormitorio.

Caos, precipicios, abismos abiertos en mitad de la cancha mientras el bramido de la grada multiplica el eco de la tragedia: lo normal es que el Madrid, en Alemania, sea una de las legiones de Varo, y alrededor, todo el bosque de Teutoburgo. Con sus macabros secretos, con la masa rugiente invocando el Apocalipsis. Las heridas de Dortmund no son sino continuaciones del recuerdo. Lewandowski es la mutación perfecta de Castern Jancker, aquel gigante de 3 metros que salía en Juego de Tronos batiendo el Muro con una maza colosal. En cada balón colgado a la olla, en cada elevación de Jancker sobre el cielo del Madrid, sobre Casillas aspaventeando y sobre Hierro, Iván Campo, Karanka o Helguera reducidos a guiñapos torturados por la tormenta, ha muerto la inocencia de millones de niños madridistas.

Alemania muro

Tempestades de acero. Pero Alemania es el Tánatos del Madrid porque, en el terreno de juego, y hasta en la grada -cuando el Bernabéu se pone farruco, parece por un momento el Westfalenstadion-, es una réplica del Madrid esencial. De ese Madrid intrahistórico que surge siempre de las entrañas de la tierra: abrasador, que encajona al rival en su área empujándole con las vísceras, que centra y centra, que gana los balones divididos, que copa las segundas jugadas, que atasca a los defensas contrarios entre su portero y el punto de penalti. Ese fue siempre el gran Madrid, y esa fue siempre la gran Alemania: la que todo el mundo puede reconocer pues los trazos están, imborrables, en la cabeza de la gente.

Por eso, es natural que sea en Alemania donde el Madrid sufre siempre más. Donde cada partido, ora la fase de grupos, ora semifinales de la Copa de Europa, sea una caminata por los siete círculos del infierno. Werder Bremen, Bayer Leverkusen, Borussia Dortmund, Mönchengladbach, y naturalmente, Bayern Munich: todos son capítulos de la misma historia, del mismo combate atemporal entre fuerzas hermanas. La pasión, la cólera, el choque noble, la perseverancia en la búsqueda de la victoria, el frenesí que es capaz de ser creado en un instante glorioso para luego guardarse de nuevo en una urna: tal es el Madrid, su terribilitá, tan alemana, tan dominadora. Tan consciente de sí misma y tan orgullosa.

Alemania es como un espejo. El Madrid se ve a sí mismo, ve las brasas ardiendo en medio de la noche, y tiene miedo. Ancelotti le cortó tres cabezas a la hidra, pero ir allí nunca será como viajar a otro lugar cualquiera. Pues ningún equipo ha jugado más finales de la Copa de Europa como el Madrid, ni otra selección ha jugado más veces la final de la Copa del Mundo que la alemana. Dos caras del mismo dios Jano del fútbol.

Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

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