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La Galerna de los Faerna
Lopetegui entre sobreros

Lopetegui entre sobreros

Escrito por: José María Faerna21 octubre, 2018

Anda la orquesta desafinada y mustia y la prensa juntacadáveres, formada con sus ojos amarillos al pie de la tapia por si cae el fardo de un momento a otro, huele la sangre y ansía los despojos del director. A mí echar a un entrenador en octubre me ha parecido siempre una ordinariez, una cosa de club orgánicamente pedáneo y provinciano, una maniobra gilygil, por decirlo en lunfardo discépolo. Si echas a alguien a quien has contratado tres meses antes porque piensas que no es capaz de afrontar una coyuntura adversa, el respetable está en su derecho de preguntarse en qué musaraña estabas pensando cuando lo contrataste. ¿A quién preferís, pregunta el populista, a Jesús o a Barrabás?

El despotismo gesticulante no solo es inmoral y huele a berza fermentada. Además nunca funciona. La destitución procede cuando el cesante se ha puesto, y ha puesto al equipo, en una vía muerta o callejón sin salida, y yo estoy esperando que los juntacadáveres pongan algún argumento atendible al respecto sobre la mesa. La ley del fútbol, dicen estos ufólogos de ocasión: el Apocalipsis al tercer día de la Creación. Y tu culo un futbolín, que decíamos en el patio de mi colegio.

Cuando se recurre a esas cirugías de hojalata no valen sobreros. Si traes a un Conte en octubre la única cuestión pertinente es por qué no lo trajiste en junio o julio, cuando estaba igual de disponible. Si él era la respuesta por qué la ignoraste entonces y la activas ahora despertando bajos instintos taumatúrgicos, cuando nada puede hacer, a temporada planificada y plantilla cerrada, salvo bailar al ritmo de los saltitos del coro que grita ¡a Barrabás! ¡A Barrabás! En esas ocasiones de amenaza inminente de ruina solo funcionan espíritus sanadores, de esos que vienen a poner amorosamente emplastos contra la fiebre, a decir palabras de consuelo y zurcir remiendos con dignidad porque su humilde y digna condición institucional, de gentes de la casa, les permite asumir su papel remendón sin que se les caiga ningún anillo: los Molowny, los Del Bosque. Zidane fue el último de esos remendones, y encarnó la figura desde una altura legendaria. El zurcidor prodigioso, un Clark Kent calvo que debajo del abrigo escondía la zamarra de superhéroe. En Valdebebas, salvo que se me escape alguien en el repaso, ya no hay de eso, ni en la versión menestral ni en la áurea.

No escribo, aunque lo parezca, en defensa de Lopetegui en sentido estricto. Cómo no simpatizar con su limpio madridismo y su sentido común. Cómo no empatizar con la miserable condición de chivo expiatorio a que quieren reducirlo si no se le ha ennegrecido a uno del todo el alma. Guardo en cambio algunos escepticismos respecto a su libro de recetas porque sufro de alergia a los entrenadores de libro, pero a quién le importan mis achaques. Lo que defiendo es el derecho de los profesionales a enfrentarse a los desafíos que se les propusieron contrato mediante. Yo tuve un abuelo comerciante que radicaba amablemente su orgullo en que nunca le protestaron una letra y tengo la ingenua convicción de que las personas de honor cumplen sus contratos.

No sé cuál sea esa tan invocada y patafísica ley del fútbol, pero sí que después de la lluvia siempre escampa. Lope no está en el área para rematar ni sale al corte con la cabeza en Babia como últimamente nuestros centrales, y los sobreros acechantes con sus libros y sus hechos alternativos tampoco saltarán al campo a hacer lo que no hagan delanteros y defensas. Dicen los jardineros del mundo que el Madrid solo es ganar. Yo ya llevo muchos años de público y sé que también pierde, aunque no permita que nadie esté seguro de ello hasta que el árbitro no pita el final. Yo puedo asumir que el Madrid a veces pierda. Lo que no le pasaré nunca es que falte a la grandeza.

Número Uno

El mayor de los Faerna es historiador del arte y editor, ocupaciones con las que inauguró la inclinación de esta generación de la familia por las actividades elegantes y poco productivas. Para cargar la suerte, también practica el periodismo especialista en diseño y arquitectura. Su verdadera vocación es la de lateral derecho box to box, que dicen los británicos, pero solo la ejerce en sueños.

21 comentarios en: Lopetegui entre sobreros

    1. Lo que sea que se haya fumado mi hermano, habrá sido en pipa. "Los problemas reales", dice usted. ¿El paro? ¿El cambio climático? Lo que dice, precisamente, es que la solución que muchos reclaman no resolvería ninguno, ni real ni imaginario.

      1. Lo mejor que he visto escrito en mucho tiempo en La Galerna (y eso es mucho decir). Puño de hierro en guante de seda. Profundo, lúcido y crítico de forma constructiva y "sin aspavientos". Mi enhorabuena.

      2. Al Troll de guardia no se le da de comer, señor Nacho Faerna, por mucho que a ud le hierva la sangre lo que parlotea sin cesar, sin sentido... y los que le cuelgan tampoco lo lleven miel... Es triste pero con eso tenemos que convivir. Cuanto antes aprendamos a diferenciarlos, menos avanzará su toxicidad... Por cierto, lo de que habrá sido fumado en Pipa, genial 😉
        Saludos.

  1. Gracias por el artículo. Estoy totalmente de acuerdo. Se trata de mantener la identidad ante las olas de histeria. Creo que Lopetegui se merece al menos la oportunidad que sí disfrutó Queiroz. Y luego a ver qué pasa. Y si gana la Copa del Rey, merecería seguir, igual que Mourinho, que a estas alturas andaba perdiendo 5-0 en Barcelona.

  2. "A mí, echar a un entrenador en octubre me ha parecido siempre una ordinariez, una cosa de club orgánicamente pedáneo y provinciano, una maniobra gilygil, por decirlo en lunfardo discépolo".

    "El despotismo gesticulante no sólo es inmoral y huele a berza fermentada. Además, nunca funciona".

    "Lo que defiendo es el derecho de los profesionales a enfrentarse a los desafíos que se les propusieron contrato mediante".

    "No sé cuál sea esa tan invocada y patafísica ley del fút