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El lobo está aquí (Desde hace 30 años)

El lobo está aquí (Desde hace 30 años)

Escrito por: Jesús Bengoechea25 septiembre, 2017
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Es una bendición tener a Richard Dees, que además nos honra colaborando en La Galerna ocasionalmente. Gracias y solo gracias a su programa El Radio, porque yo apenas escucho la radio española, he tenido acceso a una perla que me ha incendiado.

Durante la retransmisión del reciente Betis-Real Madrid en la cadena Cope, se despachó el claro penalti por mano sobre la línea de gol de Javi García, a remate de tacón de Cristiano, con la asunción de que no era penalti porque "solo Bale lo ha reclamado".

El Real Madrid se caracteriza por ser de largo el equipo de Primera División que menos protesta a los árbitros. Poco se pondera esta política, que (salvo alguna tibia excepción reciente) va desde Florentino Pérez al último de los empleados, pero que se concreta sobre todo en el terreno de juego. Son instrucciones concretas de un Zidane escrupuloso en el respeto que tanto él como sus jugadores consagran hacia la labor arbitral. El contraste con el continuo corrillo que los jugadores del Barça dibujan en torno al colegiado de turno no puede ser más marcado.

Pues bien. He aquí el premio a esta actitud prácticamente ejemplar del equipo en su relación con los árbitros. No protestaron (salvo Bale) el penalti, lo que significa -al parecer- que no había nada por lo que protestar. Tampoco protestaron apenas los otros dos claros penaltis no señalados a favor del Madrid, lo que sin duda será también interpretado como señal inequívoca de que no lo eran.

Te esfuerzas en respetar la labor de los árbitros, y el premio que por ello te otorga la opinión pública (o publicada) es el asumir que los arbitrajes no te perjudican absolutamente nunca, dado que tú nunca protestas.

No es ya que nos remitamos a la irritante validez del viejo dicho "Quien no llora no mama". Es que si te abstienes de llorar -que es lo que sistemáticamente se exige al madridismo, y lo que el equipo hace casi siempre sobre el campo-, ello se tomará como prueba de tu falta de apetito, lo que por supuesto te mantendrá siempre lejos del pezón.

Para mí este tema, casi filosófico y con un claro plano moral, trasciende a los protagonistas de este circo, y nos toca de lleno a todos aquellos que opinamos sobre el Madrid.

De igual forma que Richard es un privilegio, lo es Fantantonio para La Galerna, aunque ahora tenga que discrepar de su columna Que viene el Lobo, publicada hace pocos días. Establece Fantantonio un ingenioso paralelismo entre la actitud actual de parte del madridismo (que "lo protesta todo") con la de Pedro, el de la fábula de Pedro y el Lobo, concluyendo poco más o menos que si el madridismo no restringe sus quejas por los árbitros no será tomado en serio.

Como regla general estaría bien si el contexto no fuera el que es, es decir, un Real Madrid permanentemente asediado por el colectivo arbitral, al menos en la competición doméstica, y como visible resultado del favoritismo por el Barcelona demostrado por el sistema a través de las escuchas filtradas por la prensa en el caso Soule. Si el madridismo está pesadísimo quejándose por todo (que lo está), ¿es culpa del madridismo, o es culpa de que las evidencias cantan la Traviata?

"El principal efecto nocivo de la queja arbitral perenne", dice Fantantonio, "es la ocultación de los males propios. Que el Madrid haya sacado sólo 2 puntos de 9 posibles en el Bernabéu, en los primeros tres partidos de Liga en casa, no tiene nada que ver con que no se haya pitado uno o dos penaltis puntuales. El equipo ha chutado casi 70 veces a puerta, entre los tres partidos. Sólo ha marcado tres goles, recibiendo cuatro".

¿Quién ha dicho, querido Fantan, que la queja arbitral permanente deba ocultar los males propios? No los oculta a menos que quieras ocultarlos. En La Galerna estamos insistiendo en el tema arbitral a la par que analizamos, a veces con severidad, los fallos cometidos por el equipo, sin que nos parezca que una cosa juegue en modo alguno en detrimento de la otra. Tan absurdo es pensar que criticar los infames arbitrajes sufridos lleva implícita la ocultación de los males propios como lo sería asumir que censurar los males del equipo supone negar lo pernicioso de dichos arbitrajes.

Asegurar, por lo demás, que los penaltis no pitados (que no son "dos o tres penaltis puntuales", sino que ya ascienden a diez en los últimos encuentros) "no tienen nada que ver" con la pérdida en esos tres partidos en casa supone, pese a la buena intención de nuestro colaborador, sumarse a la escuela de pensamiento imperante según la cual (no se explicita así pero así se desprende) el Madrid tiene que ganar con el árbitro en contra o a la pata coja, si es preciso.

Lo cierto es que normalmente no ganas si el árbitro no quiere que lo hagas, seas el Sporting de Bratislava o el Real Madrid, aunque en algunos casos la grandeza de este último equipo haya sido capaz de sobreponerse también a esta variable. Pero una cosa es que algunas veces haya sido capaz de sobreponerse y otra lo que empieza a suceder: que otro madridismo sociológico empieza a aceptar la inquina arbitral como una variable que solo cabe tomar como imponderable, como lo sería un vendaval o un terreno de juego afectado por una gran nevada. Hay otro madridismo que está llegando al extremo de considerar que el superar arbitrajes tendenciosos forma parte de la relación de hazañas que el ADN ganador del Madrid debería ser capaz de superar, lo que implícitamente conlleva (ahí es nada) la obligación de hacerlo. ¿Qué otra cosa late si no bajo la manida frase "Es verdad que nos perjudicaron, pero aun así deberíamos haber ganado"?

Empieza a observarse lo que es casi una querencia por la injusticia arbitral infligida en carne blanca, como si fuese la quintaesencia de la superación de la dificultad a la que empuja la Historia del Madrid. Como si, en definitiva, superar las decisiones de árbitros claramente mediatizados por el régimen de castigo a los no-afines en que consiste el villarato (las escuchas de la Soule lo certifican) fuese algo parecido al superar tres goles del Anderlecht en el partido de ida. Y no, oigan. El espíritu de Juanito no está ahí para compensar lo que perpetren los undianos, deburgoses o hernandezhernándeces de turno.

De igual manera que se dan por buenos los penaltis escamoteados al Madrid porque el equipo no protesta in situ (o porque sólo un jugador lo hace), se empiezan a dar por buenos los mismos latrocinios porque cierto madridismo sociológico-mediático tiene un concepto tan elevado de sí mismo que no quiere bajar al barro de la queja aun cuando la queja sea justísima. Hay un madridismo que sólo quiere hablar de lo mal que lo hace su equipo cuando su equipo lo hace mal pero además ha sido perjudicado ostensiblemente, y ese madridismo engorda involuntariamente la especie subconsciente (nadie la expone tal cual, pero ahí late) de que perjudicar arbitralmente al Madrid no es, a lo sumo, más que un apropiado factor corrector del poderío económico y futbolístico de los blancos.

Nadie trata de ocultar males propios por el simple hecho de apuntar a errores arbitrales que responden claramente al caldo de cultivo mental creado por Villar. Y nadie, creo, alerta de la llegada del lobo, por la sencilla razón de que el lobo lleva treinta años instalado aquí y por lo que se ve no tiene la menor intención de dejar de imponer su iniquidad.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea