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Champions en agosto, ERTEs en abril

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Champions en agosto, ERTEs en abril

Escrito por: La Galerna28 marzo, 2020
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Buenos días. No sabemos si ustedes se acuerdan de aquella película de los ochenta que se titulaba Escuela de genios. Nosotros nos acordamos vagamente, pero, como ese caos de talento y de inteligencia juvenil, como esa suerte de desmadre a la americana con motivos científicos en la que ejercía de líder Val Kilmer con camisa hawaiana, así, imaginamos hoy la redacción de Sport.

El sopor se adueña de la sala en la que casi yacen, recostados sobre viejos sillones con las esquinas arrancadas, los redactores del diario genial. Ernest Folch, con su camisa hawaiana abierta y los pies desnudos sobre una torre de cajas de pizza vacías, bosteza mientras hace extraños movimientos con un muñeco articulado de Messi.

Echa una mirada perezosa a su alrededor y parpadea lentamente. Parpadear es una de las actividades a las que se han entregado los genios de Sport durante el confinamiento. “El parpadeo es uno de los placeres olvidados en nuestra anterior vida frenética”, se oye decir a una voz entre los cuerpos desparramados.

Las frases geniales se suceden en la redacción-fraternidad de Sport, pero ya nadie les presta atención. Cada día es como una tarde quieta de verano caluroso. De pronto, Ernest abre los ojos, se incorpora y baja sus pies de la torre de cajas de pizza vacías, que se tambalea. “¡Lautaro apuesta por el Barsa!”, exclama al mismo tiempo que se levanta, salta sobre una mesa llena de viejos periódicos, que se derraman,  y pone los brazos y las piernas en posición de surfear.

Ahora mismo la redacción de Sport parece aquella villa de la Toscana shakesperiana soliviantada ante la próxima venida de los caballeros. Folch ha saltado de la mesa y deambula en trance como en un laberinto, dando patadas sin darse cuenta a las latas vacías. Un redactor le sigue con una libreta para no perder ni una palabra de la inspiración.

“El club blaugrana tiene muy avanzado el OK... (“el OK, qué genialidad, Ernest”, dice para sí un embebido Folch) ... tiene muy avanzado el OK del jugador que... ¡no!... el OK del jugador ¡a la espera de negociar con el Inter!”. Ernest da una palmada y le da un morreo a una redactora que se encuentra a su paso. El redactor que le sigue musita sin parar con lágrimas en los ojos: “... a la espera de negociar con el Inter, a la espera de negociar con el Inter... es, es... maravilloso...”.

Todo el mundo salta y se abraza. De repente, Ernest se detiene. Se hace el silencio. Alguien susurra: “tiene más, tiene más...”, cuando Ernest, al fin, pronuncia: “El PROYECTO DEPORTIVO y la posibilidad de jugar junto a Messi, claves para la decisión del delantero”.

Ernest se arrodilla, exhausto. La redactora recién morreada se desmaya. El redactor apuntador ha de sostenerse a un perchero atestado de boas azulgranas. Lluís Mascaró se desgarra su camiseta de Bart Simpson. A Ernest se lo llevan en volandas. Todos lo quieren tocar. Mascaró, desnudo de cintura para arriba, se golpea el pecho y grita: “¡Quién es el mejor director!”, y todos gritan al unísono: “¡Ernest Folch!”. “¡Y cuál es el mejor diario!”, y todos dicen: “¡Sport, Sport, Sport!”.

De la algarabía de la escuela de genios pasamos a la ordenada sala de estudio de Mundo Deportivo. “Champions en agosto”. Se les ve entregados a la investigación y al análisis. Se les ve casi retozar, pero ordenadamente, en la hipótesis de la incertidumbre que los lleva a descubrir que, si se juega en verano, el Barsa tendrá a su disposición a Suárez y a Dembelé. Quiénes somos nosotros para desbaratar esta inocente y sana alegría en estos tiempos tan malos. Pues claro que sí. Lo que haga falta. "Champions en agosto y ERTEs en abril", imagínenlo cantarlo con la dulce melodía de Sabor de amor.

A propósito del ERTE, amanece As apretando con un cinturón, no sólo las camisetas del Atleti y del Espanyol (como hacen Sport y Mundo Deportivo) sino también la del Barsa, como NO HACEN los diarios cataculés. Desde aquí nos sumamos a tan bondadosa auto-omisión, que sin duda tiene por objeto no causar un terrible dolor a la afición culé, que no gana para sustos y que no necesita saber que los futbolistas de su equipo han rechazado el expediente propuesto por el club.

En Marca nos presentan a Íker Martínez, el campeonísimo regatista español que cose mascarillas (“su madre era tapicera y le enseñó los secretos del oficio”) y las dona a un hospital de Palma.

Con esto sí se puede empezar bien el día.