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La Supercopa gana al Madrid

La Supercopa gana al Madrid

Escrito por: Jesús Bengoechea10 agosto, 2016
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Al final dio igual si la Supercopa es o no es un torneo menor, porque el mundo entero vio la esencia del Real Madrid en 120 minutos y eso no puede ser menor. El Madrid hizo ayer con la Supercopa de Europa lo que ya llevó a cabo con aquellas copas de la UEFA de los 80, a las que Butragueño, Juanito y el resto de secuaces dignificaron y convirtieron en algo memorable cuando sobre el papel eran poco más que un consuelo de manual para losers. No time for losers ´cause we are the champions, volvió a cantar Freddie Mercury al término del partido, y esta vez nos pareció una velada alusión a quienquiera que tuvo la brillante idea de organizar una competición donde se mide a un campeón de verdad con un campeón de la consolación. Anoche el Madrid convirtió la Supercopa de Europa en otra cosa, pero no está de más recordar que la idea de esta competición sólo puede ser concebida como una trampa para el auténtico campeón, que será ridiculizado si pierde contra el campeón de chichinabo y tendrá poco que ganar si gana. Eso hasta ayer, insistimos. El Madrid ganó mucho ayer, y lo hizo con total despreocupación sobre el carácter mayor o menor del envite. La Supercopa se revitalizó anoche gracias a que la ganó el Madrid y sobre todo a cómo la ganó el Madrid. La Supercopa ganó al Madrid (para su causa).

La trampa trascendió lo conceptual. No fue sólo el riesgo de perder contra un campeón menor para que se autoproclame previsiblemente, en el colmo del cinismo, más campeón que tú. Fue también el aliento de la Eurocopa en el cogote con cinco bajas fundamentales (y alguna otra por otras causas). Y fue, redondeando la encerrona, más propia del Sánchez Pizjuán que de la gélida asepsia noruega, la ignominia de un árbitro cuya grosera anulación de un gol por causas que aún se desconocen casi deja en asunto menor la invención de un penalti  en el área vikinga y la condonación de otro clarísimo sobre Modric. Como atinadamente señalaba ayer Jorge Calabrés, a pesar de haber ganado, o precisamente por haber ganado, el Madrid debe quejarse ante quien corresponda por lo que fue un arbitraje absolutamente escandaloso.

Ni la naturaleza resbaladiza del torneo, ni las bajas de postín, ni el intento de fraude arbitral pudieron con el Real Madrid, que empezó a ganar desde la ejemplar alineación inicial de Zidane. El técnico francés tomó una de esas decisiones que acarrean de inmediato toneladas de respeto (si es que aún hacían falta) por parte de la plantilla. Puso sobre el césped a los que estaban en mejor tono, sin atender a nombres. No le defraudaron. El partido empezó a ganarse en un primer tiempo donde solo una blanda acción defensiva permitió el empate a última hora del Sevilla. Antes, claro, Asensio presentó sus credenciales a jugador revelación del año con un golazo para la Historia, y compensó con creces el inconveniente táctico de su alineación, o al menos de su alineación como extremo izquierdo puro: jugando con él por delante, Marcelo no se siente dueño de su banda y se acortan sus prestaciones ofensivas. Habrá que ver el modo de compensar esta pega cuando juegue Asensio, un futbolista mayúsculo.

gol asensio supercopa

No lució el Madrid durante la mayor parte del segundo tiempo. Tampoco lo hizo el Sevilla, quien en cambio se encontró con el regalo de un penalti inexistente. No lo desaprovechó, como no desaprovechó el Madrid la oportunidad de desembridar su vieja épica a cuenta de la agonía. Fue Ramos y fue en el 93, pero no es esta la única semejanza con Lisboa, cuando también el Madrid mereció equilibrar el choque mucho antes. Lucas Vázquez, quizá el mejor del encuentro, se internó aprovechando un pase de Carvajal -apabullante la banda derecha ayer- para que el gallego metiese un centro inteligente que Sergio Ramos convirtió en un apéndice irónico e inverosímil del mito.

En el tiempo extra sólo existió el Madrid, que (aun tomando ventaja en términos de juego de la justísima inferioridad numérica sevillista) malogró clarísimas oportunidades de definir la Final. El árbitro, como ha sido dicho, no malogró la suya de entrar en los anales del despropósito, invalidando un gol de Ramos porque como todo el mundo sabe no es reglamentario el rematar de cabeza en la primera parte de una prórroga. Los penaltis habrían sido fatales: en ese terreno eminentemente psicológico, vence siempre aquel para quien llegar a los penaltis es un logro. Lo habría sido para el Sevilla, que no hizo más méritos para ser campeón que el de ser una escuadra correosa entrenada por un señor que cae muy bien a la prensa.

Carvajal puso justicia con una carrera eterna. Lo celebró sin sonreír, como quien pone las cosas en su sitio, entrando en la leyenda como quien entra por la puerta de casa después de un día de trabajo fastidioso, una jornada laboral que se torció exclusivamente porque en el mundo existen el azar y la poca vergüenza, y que al final del día se enderezó porque la grandeza, para desgracia de muchos, suele prevalecer.

 

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoeche