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La gran aventura de Vicente del Bosque

La gran aventura de Vicente del Bosque

Escrito por: Mario De Las Heras18 marzo, 2020
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Dicen que una vez le preguntaron a Figo por Del Bosque y el portugués respondió: “Bien, no molesta”. Roberto Carlos dijo de él que era más bien un amigo porque les dejaba hacer lo que querían, como entrenar los lunes (y a veces también los martes) a las cinco de la tarde “porque por la mañana casi nadie llegaba”. La semana pasada Álvaro Benito nos dijo que Vicente del Bosque era un “gran gestor de grupos”. Y lo comparaba con Zidane. Del “Bien, no molesta” al “gran gestor de grupos” debe de haber toda una aventura que no debieron querer emprender en aquella época ni Camacho, ni Luxemburgo.

Recuerdo que, en su posterior etapa de seleccionador, para Del Bosque Piqué era “un chico buenísimo” tras la polémica de los pitos de la afición por la presencia del jugador catalán en la manifestación de apoyo a la celebración de un referéndum por la independencia en Cataluña. “Es su opción”, aseguró. Cuentan que en una conversación grabada al respecto entre ambos, el entrenador recomendaba al defensa que cuando le llegara la pelota la “soltase rápido” para evitar los pitos, a lo que el central del Barcelona le respondió que le dejara a él lidiar con lo suyo, “que bastante tienes tú con lo tuyo”.

Por culpa de estas mínimas anécdotas yo me aventuro a decir que el “gran gestor de grupos” al que se refería el impecable Álvaro Benito, en realidad es el eufemismo del “bien, no molesta”. Yo pienso que Del Bosque (y es un pensamiento basado, como he dicho, en unas cuantas declaraciones, aun significativas, de exjugadores a su cargo, y en la impresión que todo ello y otra serie de aspectos relacionados han dejado en la opinión pública, sobre todo madridista, que tan llamativamente se sintió traicionada por este hombre “de la casa”) ha tenido una actitud admirable casi todo el tiempo de su carrera como entrenador.

Una actitud comprensiva y dialogante en un profesional del fútbol, un perfil de hombre bueno, exjugador destacado, entrenador de cantera, conocedor de los entresijos del club de su vida, de la idiosincrasia y del significado de este. Parecía el entrenador ideal. Recuerdo lo poco que me gustó cuando no renovaron su contrato (sí le ofrecieron continuar en el club como diector deportivo) para contratar a Queiroz. No parecía tener sentido que viniera el segundo entrenador del Manchester United a sustituirle. Decían que era por la estética. Desde luego el entrenador portugués no era un Camacho traído para empezar los entrenamientos a las siete de la mañana.

La decisión del club, de Valdano como impulsor del movimiento, parecía buscar continuidad (en el sentido de un técnico no intervencionista para un equipo liberal), pero con un galán latino en el banquillo y no con un maestro bonachón. Todo parecía un simple remozado hecho de malas formas. Pero lo que vino después me descubrió a un Del Bosque distinto, el mismo que después reconoció que todo aquello le "dolió muchísimo". Fue como si saliera un Del Bosque, el verdadero, que hubiera estado oculto durante décadas, envuelto en la imagen prestigiosa y protectora de Chamartín. Nunca imaginé que aquel Del Bosque del que tanto lamenté su apartamiento (en los medios se trató como un despido y así caló) fuera a mostrar semejante rencor.

Ese Del Bosque era un hombre sin odio que de pronto perdió su valiosísima y definitoria cualidad, quizá porque nunca la había tenido. Sin ella, Del Bosque dejó de ser Del Bosque, por mucho que después intentara mantener el equilibrio desde un lugar que nos era ajeno. Aquella reacción furibunda, demostrada en sibilinos comentarios, poco sutiles, además, a pesar de la apariencia (la apariencia es lo único que le quedaba después de perderlo todo al mostrar una inefable enemistad hacia la institución de sus días) junto a gestos tan contundentes (no se le conocían, y menos se le imaginaban tan negativos) como rechazar la medalla de honor del Real Madrid, hicieron que yo me sintiera engañado.

¿Quién era el primer Del Bosque? ¿Acaso Annakin Skywalker pasándose al lado oscuro a la edad de jubilarse? Yo creía que era otra cosa y me equivoqué. Para muchos, todavía sigue siendo ese hombre que para mí era. Y es lógico. Es ese señor que sólo perdió los papeles contra el Real Madrid, y eso ya se sabe que se perdona, incluso se premia. En esas cosas se encuentra cobijo rápidamente al otro lado, como Mirotic, por ejemplo. Da un poco de tristeza. Y de alipori. Vicente del Bosque no ha molestado nunca a nadie entre "transiciones dulces" (qué empalago) hasta que el Real Madrid le molestó a él.

Es difícil encontrar tan inusitado resentimiento (admitió en ¡TV3! que cuando le despidieron se sentía "imprescindible") que es como un paréntesis en una máxima vital de forzada prudencia. Vicente del Bosque es ese hombre que hoy piensa, y así lo dice públicamente en un programa de radio de máxima audiencia, que nuestros gobernantes han actuado bien en la crisis del coronavirus, que “han puesto las medidas necesarias justo en su momento porque seguramente si las hubieran puesto antes, la gente hubiera dicho que qué alarmismo...”; la enorme y determinante frase (esos “chicos buenísimos” le ha faltado decir) que resume la gran aventura siniestra (la que va desde “el gran gestor” al “bien, no molesta”) de don Vicente.