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La curva de Bale

La curva de Bale

Escrito por: Marcelino26 febrero, 2019
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Una nueva dimensión

La llegada de Gareth Bale al Real Madrid en el verano de 2013 supuso un punto de inflexión para la entidad de Concha Espina. El conjunto blanco se hacía con uno de los dos jugadores llamados a liderar el próximo lustro acompañando a Leo Messi y Cristiano Ronaldo, y además lo hacía en el mismo verano en el que Neymar Jr, la otra gran estrella emergente, aterrizaba en el Camp Nou. Estos movimientos daban una nueva dimensión a ambas escuadras y sentarían las bases de la lucha de poder europea en los años venideros.

El Real Madrid juntaba a Gareth Bale con Cristiano Ronaldo en el mejor momento de la carrera del portugués y lo integraba, además, dentro de una plantilla descomunal. Pronto nacería el fenómeno de la BBC. De pronto, el equipo blanco contaba con un tridente ofensivo que mezclaba muy bien entre sí y le daba opción de estar vivo en cualquier partido y competición, porque sencillamente tenían más recursos que los demás. Los resultados no se hicieron esperar y en el primer curso llegaría la ansiada “décima” en el que la BBC jugó un papel absolutamente crucial.

Pronto nacería el fenómeno de la BBC. De pronto, el equipo blanco contaba con un tridente ofensivo que mezclaba muy bien entre sí y le daba opción de estar vivo en cualquier partido y competición

La ecuación era sencilla, Ancelotti tenía en sus manos una escuadra de muchísima calidad y terminó configurando un bloque conservador que le permitía tener control en los partidos con la amenaza del tridente ofensivo siempre presente, para castigar en todo tipo de situaciones. Con Karim Benzema como nexo y punto de apoyo para fijar las defensas, ordenar los ataques y lanzar las transiciones, Cristiano Ronaldo y Gareth Bale eran los encargados de dar profundidad a través de su zancada y la enorme capacidad de pegada de uno y otro. El Madrid contaba legitimante con “una delantera de 100 goles”.

Sin embargo, a finales del curso 2013/2014 Cristiano Ronaldo comenzaría a sufrir problemas musculares que se unirían a otros de carácter articular. A partir de entonces todo cambió para el astro portugués, su físico fue perdiendo exuberancia paulatinamente, lo que le obligó a abarcar menos metros, más orientado al carril central y la zona de remate. Como era de esperar, Cristiano se adaptó a esta situación, transformó su juego y el resto es historia.

En ese punto Gareth adquiría un nuevo rol, si cabe más importante, pues era el único elemento de la BBC que tenía un físico portentoso que le permitía ser un elemento de profundidad a través del desequilibrio y la conducción larga. De este modo, asistimos a dos cursos (14/15 y 15/16) en una nueva BBC, con menos armonía y simetría de la que tuvo en su primer curso, pero igualmente portentosa. Con un nuevo Cristiano Ronaldo y sin la figura de Ángel Di María, el desequilibrio corría a cargo del galés.

Sin embargo, no todo era de color de rosas. Bale empezó a evidenciar, desde bien pronto, que existía un problema serio de disponibilidad. Muchos problemas físicos que daban pie a que el jugador se perdiera importantes tramos de competición y la dificultad añadida que eso supone en términos de recuperación, pues no es sólo el tiempo que uno está fuera sino lo que tarda en recuperar la forma, y en el caso del jugador galés, al ser un jugador de una musculatura pesada, estos procesos son más largos.

Muchos problemas físicos que daban pie a que el jugador se perdiera importantes tramos de competición y la dificultad añadida que eso supone en términos de recuperación

Por otra parte, hay que entender el aspecto competitivo y emocional del jugador. Bale es un jugador frío, de pulsaciones bajas, lo que suele implicar que le cueste conectar con los partidos. Esto tiene aspectos positivos y negativos. Ese factor clutch que le acompaña durante su carrera tiene mucho que ver con esto. En esos partidos/momentos en los que las pulsaciones se disparan y los nervios están a flor de piel, el galés ni se inmuta y sigue haciendo su partido, y como tiene calidad, la hace valer. Sin embargo, a nivel competitivo requiere que el partido le llegue a él, pues él sólo toma lo que se ofrece. Eso también da pie a que el jugador, tantas y tantas veces, aparezca desconectado de los partidos, especialmente en el día a día liguero. Es un comportamiento diametralmente opuesto a la de cualquier crack, que en cuanto el partido no le llega decide coger el toro por los cuernos y hacerse con él.

2016 sería el año de la explosión de Gareth. En ese rol, como elemento de desequilibrio y autosuficiente del ataque blanco, el galés cumplió con su papel en un último trimestre de la temporada, en el que Cristiano tuvo muchos problemas físicos. Bale, en cambio, estaba a un nivel físico y de confianza altísimo y, sabedor de ello, el equipo le buscaba constantemente. El partido le llegaba y el galés cumplió. Se ganó la undécima Copa de Europa, en la que tendría un papel crucial, más en juego que en goles, pero en la que dio un rendimiento sobresaliente. Como colofón la Eurocopa con Gales en Francia y su célebre encuentro contra Portugal en semifinales.

Se ganó la undécima Copa de Europa, en la que tendría un papel crucial, más en juego que en goles, pero en la que dio un rendimiento sobresaliente. Como colofón la Eurocopa con Gales en Francia

Mucho se ha escrito sobre la disparidad de rendimiento de Bale en Gales y el Real Madrid y la capacidad de liderazgo del galés. Como decíamos, Bale a nivel competitivo es un jugador muy particular y esto no cambiaba poniéndose la casaca roja del equipo nacional. Chris Coleman, técnico de Gales, configuró un equipo muy trabajado, con un circuito asociativo interesante en el que todos los caminos confluían en Gareth. No era que Gareth tirase del equipo, que también, sino que todo el equipo giraba en torno a su figura, y él respondía. Un patrón que también reprodujo André Villas-Boas al frente del Tottenham en la temporada 12-13.

En este sentido, Bale es un jugador que no requiere tanta libertad como otros jugadores, sino que seguramente se desenvuelva mejor en contextos en los que sean sus técnicos quienes dibujen caminos para acercarle al juego, a sus compañeros y al gol.

José Alvalade

En plena cresta de la ola y tras extender su contrato con el cuadro blanco hasta 2022, llegaría el encuentro de la quinta jornada de la fase de grupos de la Champions League en Lisboa frente al Sporting CP. En el minuto 55 y tras un lance con Coates, sufriría una lesión de tobillo que le apartaría de los terrenos de juego durante tres meses.

Sea casualidad o causalidad, lo cierto es que tras esa lesión nada volvió a ser como antes. Si bien seguía siendo un jugador con un punto de explosividad y velocidad muy alto, se veía un físico más pesado y con menos agilidad, aunque el galés nunca fue un jugador especialmente elástico. Además, en su ausencia, el Real Madrid firmó uno de los mejores cursos de su historia con un doblete que tendría como guinda la final de Cardiff.

Sea casualidad o causalidad, lo cierto es que tras esa lesión nada volvió a ser como antes

Acercándose a la treintena es normal que el jugador fuera perdiendo un punto de energía física y ese rol que ocupó en la BBC como elemento de desequilibrio permanente cada vez podía ofrecerlo menos. Por así decirlo, sus características se iban pareciéndose más a las de Cristiano Ronaldo y al equipo no le sentaba tan bien como antaño su tridente ofensivo. Además, en su ausencia el equipo se había coronado campeón de Liga y Champions, lo cual disparó el status de algunos de sus compañeros, especialmente Isco Alarcón, Lucas Vázquez y Marco Asensio. Entre esto y sus continuos problemas físicos fue perdiendo sitio en los esquemas de Zinedine Zidane.

Por así decirlo, Bale para Zidane tenía un rol similar al de Ronaldo, como delantero de segunda línea en el carril central orientado al remate. Como elementos puros de banda, el técnico galo prefería a Lucas Vázque