Las mejores firmas madridistas del planeta

La caza

Escrito por: Mario De Las Heras26 octubre, 2015
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Hoy he abierto sólo un momento mi ventana de Twitter y me he encontrado de pronto (una vez más) en Tart, el pequeño pueblo sureño de La Jauría Humana poblado por siniestros personajes que curiosamente son los mismos, al menos de la misma clase, que conspiran contra el Real Madrid. ‘Bub’ Reeves se ha escapado de la cárcel (donde estaba por un crimen que no cometió), o lo que es lo mismo: Valentino Rossi ha movido una pierna, que también es lo mismo que Pepe cuando puso la cabeza bajo la bota de Busquets. He visto a la jauría sacar sus pistolas, sus cuchillos y lo que es peor, sus lenguas, para ir a linchar sin motivos al piloto de motociclismo más grande de la historia igual que lo hacen con el club de fútbol más grande de la historia. Supongo que eso es algo que muchos no pueden soportar. No es que Valentino Rossi haya movido una pierna. No es que Pepe, por ejemplo, pusiera su cabeza bajo los tacos de Busquets sino que Valentino Rossi, deliberadamente, ha propinado a Marc Márquez una patada para tirarle al suelo, como deliberadamente Pepe dejó su cabeza en el suelo para que el pobre Busquets la pisara.

Lo predicaba desde el primer segundo después del incidente (era imposible saber desde ese momento lo que había pasado) el usurpador del micrófono de la transmisión, ¡cuántos usurpadores narran los encuentros del Madrid para contarnos las bondades del rival incluso cuando es derrotado!, y ya no paró hasta el final de la carrera como si ésta no hubiera existido. La fatua estaba promulgada y los ciudadanos de Tart se lanzaban a la calle en busca de ‘Bub’ Reeves para hacerle una ofrenda a sus propias miserias.

Valentino puede que no sea ya el mejor piloto pero sí el más sabio. Era un hecho aún por comprobar que Marc Márquez pretendiera impedir que el de Tavullia se llevara el campeonato. Un contubernio malévolo al que los madridistas estamos acostumbrados. Rossi lo aseguró (los paletos de Tart comenzaron a hacerse cruces) y la carrera lo corroboró. Sin nada que jugarse, el de Cervera puso sobre el asfalto toda la agresividad que no empleó instantes antes con Lorenzo al servicio de la peor forma de su orgullo con el beneplácito de los árbitros. Hasta catorce adelantamientos se sucedieron en apenas un par de vueltas. De las ruedas de la Honda del español salían las cuchillas de Messala de las que el italiano, atónito, trataba de zafarse igual que Ben-Hur, a quien se le escapaba el título en tan sibilina refriega, en tan turbio comportamiento como si fuera un madridista atroz.

En el que sería el último de los adelantamientos, Valentino miró a Marc (una mirada de interrogación, una mirada de serenidad, de calma en medio del repentino odio: aún recuerdo a Xabi Alonso cogiendo amorosamente de la nuca a Lionel Messi pidiéndole una explicación por sus manejos oscuros) y Márquez le echó encima los caballos sin ninguna posibilidad más allá del choque irremediable. A mí una vez un loco o un borracho, no recuerdo bien, se me echó encima y puse mi mano entre ambos. Rossi no pudo poner la suya porque la tenía en el manillar, así que puso la rodilla. Yo también lo hubiera hecho, y usted, por reflejo. Antes de que Márquez tocara a Rossi, aquel ya se venía al suelo debido a su maniobra suicida. Hay un gif en el que se ve con absoluta claridad como Marc arremete contra Valentino y el casco de aquel impacta con la rodilla del italiano sin que ésta se mueva previamente: el loco o el borracho. No es que la cara de Pepe se pusiera debajo de la bota de Busquets, es que Busquets la vio y la pisó y no sólo no fue sancionado sino que fue glorificado.

valentino rossi

Esta es otra cara de lo que ha salido hoy de Sepang (que también es un terreno de juego), donde el fanatismo ha triunfado. He visto hoy en Twitter a todos esos tartenses desgarrarse las vestiduras por la, a su juicio, leve sanción a Valentino Rossi (quien de repente se ha convertido en Mourinho), cuando la misma le ha supuesto la pérdida, si no sucede un milagro, del campeonato del mundo en favor de Lorenzo, quien se ha sumado a la turba inquisitorial, a la masa fanática que lleva en volandas a la hoguera al mito del motociclismo con los dientes sudorosos, que es como veía aquel poeta muerto al viejo Walt Whitman. ¿Por qué no ha habido sanción a Marc Márquez por embestir sin ningún objetivo de competición a Valentino Rossi? ¿Por qué no hubo sanción a Messi, ni siquiera un pequeño reproche, aquel día que disparó el balón contra la grada del Bernabéu? ¿Por qué no hubo penalti y expulsión de Mascherano en aquel derribo clamoroso a Ronaldo? Hoy los ciudadanos de Tart se han rebozado jubilosos como elefantes en el barro. Los puritanos que defienden con su fe buenista la actitud de Piqué y destruyen así la alegre colonia de Merry Mount gritando: ¡patada!, con la misma propiedad con la que podrían haber gritado: ¡navajazo!: les hubieran creído igual. A ‘Bub’ Reeves lo quemó en el cementerio de coches donde se escondía todo un pueblo excitado y carente de moralidad. Hoy es como si hubiera visto en Malasia a Cristiano, el mejor jugador del mundo, empujar a Guardiola después de que éste le hiciera un desplante malintencionado con el balón en la banda del Nou Camp; pero lo que se ha visto en Tart, lo que ha visto la jauría humana, es a un portugués agrediendo a un héroe, agrediéndoles a ellos.

 

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.