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La batalla de Macedonia

La batalla de Macedonia

Escrito por: Athos Dumas7 agosto, 2017
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Mañana se jugará la primera final europea –  ¡la primera! – entre los dos clubes con más seguidores a nivel mundial. Además, el Manchester United se ha consolidado este año como el más poderoso económicamente – Forbes dixit – y el Real Madrid sigue siendo de largo el club más laureado del mundo, con una gran distancia, cada vez mayor, respecto a los siguientes.

La rivalidad entre ambas entidades siempre ha tenido cordialidad, admiración mutua, fraternidad. Siempre se han visto unos a otros como espejos y ejemplos a seguir. No tiene nada que ver, por ejemplo, con los feroces duelos que han disputado siempre el Madrid y el Bayern. Di Stéfano y Paco Gento, por ejemplo, son considerados semidioses en Old Trafford. Bobby Charlton se ha asomado muy a menudo por el Bernabéu y por su palco de honor. Este duelo a gran escala se puede calibrar de una verdadera entente cordiale pese a que en los últimos años las relaciones institucionales entre ambas sociedades se enturbiaron por el famoso “Caso del Fax”, en el que, claramente, los red devils no querían vender a su guardameta De Gea – por las razones que fuese -  y demoraron en exceso las negociaciones, con lo cual la prensa amiga del Madrid aprovechó para burlarse de forma injustificada y exagerada por el sainete producido.

Hay incluso una corriente periodística que afirma que por culpa del caso del fax, junto al fallido fichaje de Paul Pogba, Morata no fue vendido hace un mes a los mancunians, como venganza en plato frío propia de un Conde de Montecristo enrabietado y justiciero.

Pero un Madrid–Manchester United es algo mucho más serio que un caso De Gea o un affaire Morata. Mucho mejor que yo nos describió esta rivalidad/historia de caballeros Antonio Valderrama en La Galerna hace unos meses.

Como niño de los años 60, recuerdo con admiración las genialidades de Georgie Best, la elegancia de Bobby Charlton, la clase de Dennis Law: curioso que en la Copa de Europa 67-68, cuando nos eliminaron en semifinales (1-0 en Manchester, 3-3 en el Bernabéu, con un desafortunado gol en propia puerta de Zoco), el Manchester tuviese en el mismo equipo al mejor jugador inglés (Charlton, además reciente ganador del Mundial 66), al mejor norirlandés (Best), al mejor escocés (Law) y también al mejor irlandés (Shay Brennan) de ese momento.

Para mí, el equipo inglés por antonomasia era el United. Por ser, como el Madrid, a la vez el más grande de las islas, el más admirado y también el más temido y odiado. Hay una tendencia en España que ha llevado a muchos compatriotas a ser fans del Liverpool FC, sobre todo a causa del Spanish Liverpool de la primera década del siglo XXI, pero no para mí. Nunca pude recuperarme del atragantamiento que supuso para mí la derrota ante ellos en 1981 en el Parque de los Príncipes de París.

La final tendrá lugar en un escenario al menos estrambótico como es Skopje, capital de la Ex República Yugoslava de Macedonia, siguiendo una extraña tendencia que, por ejemplo, nos llevó el año pasado a jugar en Trondheim (Noruega). Será en el estadio Filip II de Macedonia, dedicado al padre del mítico conquistador Alejandro Magno, y con un escaso aforo de 36.000 espectadores. Primera vez en la historia, por cierto, que los nuestros jugarán en aquellas tierras.

Por historia y por palmarés, el campeón de Europa sería favorito absoluto. Tan solo en títulos internacionales, el Madrid presume de 12 Copas de Europa contra 3 del United. 3 Supercopas de Europa contra tan solo 1. 5 Intercontinentales o Mundiales contra 2. Y en los 10 enfrentamientos directos que han tenido (sólo contando partidos oficiales), el balance es de 4 victorias blancas, 4 empates y tan sólo 2 derrotas (una de ellas fue intrascendente además, un 4-3 en Old Trafford con Hat Trick de Ronaldo Nazario a Fabien Barthez, con el que el MU no pudo superar el 3-1 del Bernabéu en la ida).

Las finales, no obstante, no se ganan con el palmarés o con el prestigio. Bueno sería recordar hoy que en la Supercopa de Europa de 1998 nos ganó un Chelsea menor (liderado por Gianfranco Zola y con gol de Gustavo Poyet) y que en la de 2000 fuimos superados por el mediocre Galatasaray de Mario Jardel en la prórroga. Ambas finales tan solo recordadas por haberlas perdido, tras dos actuaciones francamente pobres de los madridistas. Es por ello que mañana es imprescindible estar muy atentos en todo momento.

Si diseccionamos jugador por jugador, el Madrid es muy superior. El final de la temporada pasada demostró que nuestro equipo tiene recursos tácticos, estratégicos y cualitativos muy por encima de los del equipo de Mourinho. Lukaku no mejora en nada a Ibrahimovic aunque su velocidad y potencia son para tenerlas en cuenta. Nemanja Matic, recién llegado del Chelsea, sí es un fichaje a tener en cuenta, ya que una posible línea de centrocampistas de tres con Pogba-Ander Herrera-Matic garantiza mucha madera y una teórica resistencia digna de los bunkers de Normandía ante nuestros artistas Modric e Isco, por ejemplo. El United es una auténtica torre de Babel, con jugadores de 17 (¡diecisiete!) nacionalidades distintas, poquísimas raíces de lo que siempre fue en tiempos de Sir Alex Ferguson, y cuyo capitán es el ecuatoriano Antonio Valencia.

Como todos los equipos de Mourinho, el Manchester United no juega a nada (en eso se parece al Madrid, ironía en modo on), pero la temporada pasada, pese a su infausto 6º puesto en la Premier League, fue capaz de levantar 3 títulos, la Community Shield el pasado verano (ante el Leicester aún de Ranieri) , la Copa de la Liga ante el Southampton y la Europa League, tras eliminar al Celta en semifinales, ante el Ajax de Amsterdam. 3 títulos menores, en una temporada calificada por muchos relaños como vergonzante, merecen al menos un respeto.

Posiblemente jugará Sergio Romero en la portería (así fue en la pasada Europa League) en detrimento de De Gea. Ambos en mi opinión son una garantía de seguridad bajo palos. La línea más débil es sin duda la defensiva, el eje central Bailly-Rojo no es demasiado fiable, quizás con Smalling o Blind lo sería más. Las bandas con Valencia y el italiano Darmian son de lo más normalitas. El centro del campo, poderoso e inarrugable, aunque le falta creatividad a mi entender. Juan Mata puede dar allí un claro valor añadido, Fellaini desde luego que no, Carrick ya va para los 36 años. Y cuidado arriba: aunque Romelu Lukaku no sea Van Basten, tiene olfato de gol y dosis altas de agresividad. Mkhitaryan nunca me convenció pero Anthony Martial puede hacernos un traje (como el que nos hizo en el amistoso en Santa Clara, California, hace unos días). Y está el jovenzuelo Marcus Rashford, una incógnita con mucha calidad y muchas ganas, y con solo 19 años.

Zinedine Zidane ha demostrado que sabe plantear y ganar finales. Aprendió de Don Alfredo: “Las finales no se juegan, se ganan”, y las 4 que hemos disputado bajo la dirección de su batuta (2 Champions League, 1 Supercopa de Europa y 1 Mundial de Clubes) en efecto se ganaron todas y cada una. Da igual el dibujo. Que juegue Asensio o que juegue Bale. Que salga Kovacic o que empiece Kroos. Incluso que juegue CR7, cuando todo el mundo piensa que sólo viaja porque viajan todos. Con debutantes como Ceballos, Theo o Vallejo, o sin ellos. Tampoco es momento de hablar de los Mbappés que van a llegar o de los Marianos que ya se fueron.

En este partido ni siquiera está el morbo de Mourinho en el banquillo contrario, de su salida (hace ya 4 años) del Madrid, de los malos rollos que hubo con Casillas, Ramos, Pepe o Cristiano. Mourinho no quiere ganar por reivindicar algo, quiere ganar porque siempre quiere la victoria. No es una cuestión de cuentas pendientes. No tiene que demostrarnos nada a los madridistas ni tampoco a él mismo.

No es un partido más, es un título importante a conquistar. Por lo tanto, tras la dura pretemporada californiana con malos resultados y sensaciones de duda (en los siempre críticos y/o escépticos, madridistas y antis), el Madrid puede y debe volver a la senda triunfadora de la pasada primavera, en la que con trabajo, entrega, calidad y dedicación, todo nos sonrió. Mañana en Skopje, más que nunca, nos tenemos que fijar en nosotros mismos y demostrar que este Madrid sigue siendo uno de los mejores de toda nuestra abundante y exitosa historia. Veremos qué grado de motivación y de ganas de victoria es capaz de transmitir Zidane a sus tropas en tierras macedónicas, espectadoras de cien mil batallas a lo largo de su historia.