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Keylor es mi pastor, nada me falta

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Keylor es mi pastor, nada me falta

Escrito por: La Galerna15 marzo, 2018
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Buenos días. Hace algún tiempo, ante la enésima hipérbole irreverente de la prensa deportiva catalana, que tiende a llamar Dios (o, lo que es aún más chocante, D10s) a Lionel Messi, nos tomamos la licencia de escribir esta sección como si hubiéramos otorgado los mandos al mismísimo Hacedor.

Hoy, como si lo de Dios (o D10s) fuera poca cosa estrafalaria, Mundo Deportivo especifica cuál de las tres personas de la Santísima Trinidad es el jugador argentino.

Sí, queridos galernautas. Padre Nuestro. No "Hijo Nuestro" ni "Espíritu Santo Nuestro". No. Padre Nuestro. En el fondo, es un reduccionismo que comporta una mesura que hay que agradecer. Por el mismo precio, Messi podría sernos vendido como las tres personas sagradas (y un solo Dios verdadero) al mismo tiempo. "Hoy he pregonado eso de que Dios es uno y trino. Yo creo que no lo ha entendido nadie", le confesaba Manuel Alexandre a un Cassen con sotana en Amanece que no es poco, para terminar concluyendo con aquello de "Me paece a mí que tenéis un cuajo..."

Para cuajo, amigos queridos, el de Mundo Deportivo, que el día menos pensado nos detalla cómo Lionel Messi creó el mundo en seis días y en el séptimo descansó mientras daba cuenta de un choripán y un batido. No está de más reproducir ahora las palabras que en aquel portanálisis, haciéndonos pasar por el Señor, le recriminábamos a Sportivo.

"Dejad ya de llamar por mi nombre a ese jugador bajito con tatuajes. No tomaréis mi nombre en vano. ¿Os suena? ¿Dónde quedó aquel mandamiento? ¿Qué habéis hecho con él? (Empezásteis por obviar el sexto, el cual Yo comprendo que comporta una gran exigencia, y poco a poco fuisteis arrinconando todos los demás). Y no tengo nada contra ese jugador, eh. No le he visto jugar nunca, yo soy madridista aunque de vez en cuando tenga que dejar ganar a otros por una cuestión de cuotas que ya os detallaré. Me dicen que no juega mal. OK. Pero ni siquiera aquello de Clapton is God, que la gente garabateaba en las paredes del Marquee en el Londres setentero, me convenció del todo, y si la identificación con Eric, que es amigo, no me parece aceptable, cuánto menos me lo parecerá con este chico. Y no es que me ofenda que llaméis por mi nombre a gente que os guste. Es solo que lo de llamar por mi nombre a este chico es una pesadez y (perdonadme, Ernest, Lluis) una ordinariez insoportable. Estais todo el día con eso. Sois unos pecadores pero eso es lo de menos. Sois también unos horteras, y de verdad que eso sí que me va a costar perdonároslo. Al infierno no sé, porque allí solo tengo reservado sitio para el chino que a día de hoy factura todas las cremalleras del mundo y que siempre fallan, pero os aseguro que os ganáis muchos meses de purgatorio cada vez que os ponéis así de horteras. No me ofendéis a Mí, ofendéis al buen gusto, lo cual es casi igual de grave, ¿no lo comprendéis?"

Pensamos que no. Que no lo comprenden. Manifiestan en sus triunfos una falta de naturalidad alarmante, como el nuevo rico que se cuelga del cuello collares ostentosos (u ostentóreos, como diría el mítico Gil y Gil) y paga a modelos reputadas para hacerse ver con ellas por Marbella.

Sí, queridos galernautas (hoy, sí, decimos mucho "sí", tal vez para autoconvencernos de que lo que vemos es cierto, de que no nos engañan nuestros sentidos al echarnos a los ojos estas guerras de los mundos de Orson Welles que muchas veces constituyen las portadas del rinconcito). Sí: éxtasis. No satisfacción. No alegría. No "Bien, en Cuartos, señores, a ver quién nos toca". No.

Éxtasis.

A esta gente alguien tiene que explicarles urgentemente que si tuvieran un punto de contención tampoco nadie les iba a dejar fuera de esta ronda de Champions en la que se han ganado estar. Y cuando decimos "esta gente" nos referimos también a la gente de la televisión, que no es gente necesariamente catalana, pero que obviamente bebe los vientos por el equipo de Valverde como si fueran del mismísimo Esplugues de Llobregat. "Histórico", decían en la tele. ¿Histórico para un equipo con el presupuesto del Barça, que se ha dejado en fichajes seis veces el presupuesto de Sierra Leona, llegar a Cuartos? ¿Histórico? Bien es cierto que a Cuartos (y no más allá de Cuartos) es a donde ha llegado el Barça en las dos últimas ediciones de la competición. A lo mejor lo llaman histórico por eso de que la Historia se repite.

La cosa "histórica" y digna de "éxtasis" (exta sí, exta no, exta me gusta, palmo en Cuartos yo, como creemos recordar que decía aquella canción maquinera de los noventa) viene perfectamente explicada, en esta ocasión, por la portada de Marca, que de cuando en cuando -bien es cierto que en combinación con jugosos escarnios online y en radio- tiene a bien alumbrar primeras planas realmente iluminadoras. Porque queridos amigos: ¿dónde habría quedado lo histórico, dónde el éxtasis, dónde el mismísimo Dios padre (no hijo ni espíritu santo) si Courtois no hubiera abierto las piernas en los dos momentos más inoportunos y de la manera más lamentable ante el Creador de todas las cosas? Permítasenos la humorosa licencia de recordar que el Señor no precisa que nadie se abra de piernas para obrar milagros. Pues hombre, no vayas tú y se lo pongas fácil abriéndote encima.

"Eurotúnel". Agudo y sutil (mira que solemos usar estas palabras irónicamente en esta sección: no ahora), se ocupa Marca de apuntar a la capital importancia del doble fallo de Courtois para llevar al Barça a donde ya lleva (éxtasis, histórico, milagro) nada menos que tres años seguidos llegando, a saber, ni más ni menos que los Cuartos de final de la competición más importante del planeta excepto si la gana el Madrid, es decir, casi siempre (es decir: casi nunca). You welcome me with open arms and open legs, cantaban picaronamente los Who, y a buen seguro que el portero belga es