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Keylor Navas y la xenofobia de la prensa

Keylor Navas y la xenofobia de la prensa

Escrito por: Jesús Bengoechea4 julio, 2015
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Sostengo desde hace meses, por no decir años, que el tratamiento que la prensa deportiva española hace del asunto Iker Casillas da para la realización de un tratado de sociología. La prensa de un país no puede ser (y no es) sino un reflejo del país mismo. La rajada de vestiduras mediática que trae consigo cualquier amago de tocar al intocable nos recuerda el amiguismo imperante en la sociedad donde convivimos, ese amiguismo reñido con la meritocracia –y lo que es peor: con la amistad- que casi todos sufrimos y disfrutamos en distinta medida. La inmediata relación que aun hoy se establece entre el asunto Casillas y el asunto Mourinho (cuando la persistencia de problemas alrededor del guardameta dos años y medio después de la salida del técnico portugués debería dejar clara la nula incidencia sobre la variable Iker del efecto Mou en el momento presente) actualiza la vigencia del sempiterno rencor patrio. Y la asunción de que Iker debería seguir en el Madrid por “lo que nos ha dado” subraya, por si hiciera falta, la mentalidad funcionarial del españolito medio, capaz de trasladar a un contexto eminentemente competitivo como el deporte la asunción de que lo logrado por uno en el pasado acarrea una serie de prebendas que no tienen fecha de caducidad, entre ellas el mantenimiento de un puesto de trabajo (aquí en la portería del Madrid, generalmente en algún edificio de la administración pública) con su correspondiente acumulación de trienios, moscosos y demás conceptos inherentes al que vive a la sombra fragante del erario público. Resulta que Iker no vive del erario público sino de los socios del Real Madrid, pero este nimio detalle no importa al conjunto de una sociedad donde quiérase o no la gente sigue pensando en “colocar” a su hijo o a su yerno, como es el caso. España tiene a su yerno colocado y se pone de uñas cuando algo amenaza este confort. Las uñas de la sociedad en este capítulo se llaman Marca, As, Cuatro, Cope y etcétera.

En estos y otros conceptos relacionados con Iker, no hace la prensa –que por supuesto tiene sus propios intereses, lo que sucede es que aquí van de la mano con las pulsiones del pueblo- más que reflejar una concepción del mundo que es la concepción del mundo que tiene el español de a pie. Hay otro capítulo, sin embargo, donde es la prensa la que a mi juicio lleva la delantera a la sociedad. Me refiero a la xenofobia que sufre Keylor Navas por parte de los medios. Ha llegado el momento de llamar a las cosas por su nombre, que para eso lo tienen.

navas keylor

Creo sinceramente que la mayoría de la sociedad española no es xenófoba. Existen reductos, por supuesto, y aun hoy somos muchos –me incluyo- los que debemos hacer un esfuerzo por desterrar prejuicios sobre algunas culturas, recordando que determinados exponentes negativos de las mismas no son representativos de la norma y no deben pagar justos por pecadores. Con todo, entiendo que la sociedad española se ha acostumbrado a vivir en una diversidad cultural y étnica impensable hace apenas veinte años, y la inexistencia de un partido de corte racista o xenófobo que cuente con un respaldo popular importante demuestra que la xenofobia no prevalece, o al menos que no tiene la suficiente fuerza como para organizarse en busca de una concreción política. Por tanto, la actitud xenófoba de la prensa española hacia Keylor Navas no refleja nada, no sigue en este caso la prensa el pulso de la población, sino que se limita a reflejar su propio ideario y agenda. La prensa española no sigue en esto a España, y deseamos que España tampoco siga a la prensa.

Es escandaloso el modo en que se asume por parte de los medios, con la máxima naturalidad, que el portero que sustituya a Iker en el Real Madrid debe ser español. Nadie lo explicita y mucho menos, claro, se explican los razonamientos que conducen a ese requisito, inaceptable desde un punto de vista ético. Pero se da por hecho de un modo implícito. En reciente entrevista para La Galerna, Siro López ya sugería que nos encontrábamos ante un ejemplo de xenofobia. Otro periodista, cuyo nombre no podemos citar, nos revelaba en charla privada su propia perplejidad ante otras charlas privadas. “Pero, ¿cómo vas a dejar la portería del Madrid en manos de un tío de Costa Rica?”

Se asume que el único modo de sustituir a Iker en el Madrid es hacerlo con quien está llamado a sustituirlo en el equipo nacional, como si ambas cosas no fueran enteramente independientes, como si no hubiese que aspirar a que Iker fuese sustituido por el mejor portero del mundo, sea este natural de Costa Rica, España, Mozambique o Bangladesh. El Madrid fichó hace algo más de un año al mejor portero (o así) del último Mundial, pero ahora tiene que fichar al mejor portero español del momento porque la prensa no aceptaría que el recambio de Iker no fuera “producto nacional”. Espero sinceramente que el poner esto en negro sobre blanco no mueva a nadie a escándalo. Lo escandaloso no es que yo señale esto. Lo escandaloso es que ocurra y que se acepte con normalidad.

Me adelanto a desactivar los previsibles contraargumentos.

-Pero, oiga, ¿qué dice usted? ¿Acaso alguien en la prensa ha insultado o menospreciado a Keylor Navas por razón de su pasaporte o color de piel?

No, respondo. No, ni falta que hace para que este sea un caso de xenofobia. La xenofobia no tiene por qué aparejar un arsenal de descalificaciones explícitas o agresiones verbales para serlo. La xenofobia es a veces soterrada, tranquila, casi consuetudinaria. Cuando el principal diario deportivo nacional afronta en portada el previsible conflicto de la portería la próxima temporada, y pone en la foto al portero que tiene todos los visos de irse y al que aún no ha llegado y quizá ni llegue, ignorando la existencia del único que de verdad está (por contrato y actitud), ese diario deportivo nacional está discriminando a ese tercer portero –y acaso yo mismo esté jugando al mismo juego repelente por el mero hecho de acceder a señalarlo como el “tercero”. Los dos porteros que salen en la foto, espalda contra espalda para sugerir la idea de un duelo sin otro contendiente, son españoles, y no lo es el que no está. ¿Casualidad? Difícilmente lo será cuando resulta que el portero ignorado lleva (obviamente) más tiempo en plantilla que el que aún no ha llegado y quizá ni llegue. Difícilmente lo será cuando el historial en la Liga española y en competiciones de selecciones nacionales de ese portero ignorado rebasa con mucho el historial del portero que aún no ha llegado y quizá ni llegue.

-No, hombre, no es xenofobia. Son solo los intereses de la prensa. La prensa vive del Real Madrid y de la selección nacional, y les interesa que haya muchos vasos comunicantes entre ambas entidades. Les interesa que el portero del Madrid sea el de la selección.

Lo sé, pero la xenofobia no deja de serlo por responder a una agenda de intereses concretos. No toda xenofobia es visceral, espontánea. La xenofobia no solo responde a pulsiones internas más o menos atávicas, más o menos irracionales. La xenofobia también lo es cuando se hermana con la búsqueda de un determinado resultado. El contraargumento que acabo de imaginar no descarta la xenofobia. Como mucho la explica, o acaso solo complementa la explicación.

Lo mismo puede decirse de mi preferencia por Keylor Navas. Nunca he ocultado que soy de Keylor, y este artículo solo aspira a complementar la exposición de razones por las que lo soy. Las resumo.

Soy de Keylor Navas, en primer lugar, porque me parece un extraordinario portero, flagrantemente infrautilizado por el Real Madrid. Pero lo soy también por lo que acabo de consignar. Lo soy por la simpatía que en mí despierta la víctima de una asquerosa corriente subterránea de desdén y estiércol.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea