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James contra James

James contra James

Escrito por: Paul Tenorio31 marzo, 2016
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No sé en qué punto el club deportivo más laureado y exigido de la historia, el Real Madrid, ha cambiado la competitividad por la caridad y ha mutado en un trasunto de ONG, cuya esencia es dar cariño y cobijo emocional a privilegiados multimillonarios, cuya profesión es levantarse por la mañana (y no demasiado temprano) para jugar al fútbol, cosa por cierto que llevan más de un año sin hacer. James no es el primer episodio, pero sí el último.

"En Colombia se me dan bien las cosas porque juego, y cuando se tiene el apoyo de todos, se nota", decía el colombiano tras brillar ante Ecuador. Y no dice ninguna mentira. No vamos a descubrir ahora que cuando uno se siente respaldado, en cualquier ámbito profesional y social, ofrece su mejor versión. Pero James, que si ha notado falta de cariño sólo puede haber sido en su menor participación en el equipo (el comportamiento tanto de la afición como de la prensa y del club hacia él son intachables) debería entender que el Real Madrid no se compone de 11 futbolistas, sino de 22, y que juegan los que lo merecen. O así debería ser. Si 11 tíos hechos y derechos estallaran en lágrimas cada vez que se quedan en el banquillo o en la grada, el Bernabéu parecería una guardería y no un prestigioso club de fútbol al que todos, dicho sea de paso, quieren ver caer lo más hondo posible. No ayuda James a nadie en ese sentido. Ni a su club ni a sí mismo. Sus manifestaciones son un error, con el agravante además de la reincidencia.

El James de la temporada pasada sí lo jugaba todo. ¡A ver quién se atrevía a sacar del campo a ese pelotero! Llegó con la intención de ganarse un puesto entre sospechas y vergonzosas acusaciones, y lo hizo de forma apabullante. Sin discusión. Consciente de la feroz competencia que hay para jugar en el último tercio del campo del Real Madrid, prensa, afición y cuerpo técnico coincidimos en alabar el descomunal trabajo defensivo que desempeñó en cada uno de los minutos en los que vistió esa camiseta, añadido por supuesto a su exuberante calidad con el balón en los pies y a la inteligencia de sus movimientos. Era un James humilde, voluntarioso, trabajador y al servicio del colectivo. Eso marcó la diferencia, más allá de tener un guante en su zurda. Se erigió, de la  noche a la mañana, no sólo en titular indiscutible, sino en el mejor madridista de la temporada junto a Cristiano y Modric. Y en un Balón de Oro en potencia.

banquillo james

El problema ha llegado en su segunda campaña. Y ha sido tan inesperado como decepcionante, como ocurre cuando un niño que lleva los primeros suspensos a casa tras un historial académico inmaculado. Nadie esperaba ni su bajo rendimiento ni sus discordantes exigencias. Sin ser el mismo James por motivos que se me escapan (aunque ha quedado bien claro desde la llegada de Zidane que Rafa Benítez no era su inhibidor), el cafetero parece entender que lo conseguido en su primer ejercicio como madridista le acredita para seguir siendo un fijo en las alineaciones. Es el famoso “con todo lo que nos ha dado”, pero reducido a una hoja de servicios de tan sólo un año. Pertenecer a un club tan grande es un privilegio que hay que ganarse en cada partido, en cada jugada, en cada entrenamiento. O vienen por detrás y te comen, como le está ocurriendo con Lucas Vázquez, por ejemplo. La naturaleza de un once cualquiera del Madrid no es la de rehabilitar a nadie, para eso están los entrenamientos. Un once del Madrid se forma para ganar un partido a un rival que lleva toda la semana preparando cómo hacerte la puñeta.

James ha encarnado esta temporada el mal del Real Madrid en el siglo XXI: tras hacerlo extremadamente bien, se ha relajado. Imposible no acordarse del galacticidio. O de la caída libre del Madrid tras la Décima, el Mundial de Clubes y una racha asombrosa de 22 victorias consecutivas exhibiendo un fútbol maravilloso. Quizá James haya podido pensar que el Madrid es más grande desde que él está enrolado en sus filas, y no justo al revés. Quizá se le escapa que si el Madrid fue capaz de ganar 5 Copas de Europa sin Di Stéfano, sin él podrá conseguirlo también. Quizá, como piensa Casillas y así lo expresó recientemente en Twitter, ha pensado James que es un jugador quien hace más grande al Madrid, y no el Madrid el que hace más grande a un jugador.

Las quejas de James han llegado tras una concentración con su selección. No es la primera vez que ocurre, además. Ni en su caso ni en el de otros futbolistas, que se suelen mostrar políticamente correctos en Madrid pero prenden la mecha en cuanto se alejan lo más mínimo. Desconozco si lo hacen mal aconsejados o simplemente se arman de valor al encontrarse a miles de kilómetros, pero resulta muy ingenuo pensar que todo lo que se dice en plena revolución digital no tarda varios segundos en cruzar el charco. La misma ingenuidad en la que cae James cuando considera que rindiendo al máximo una temporada puede coger impulso para jugar 500 partidos con la camiseta del Madrid al tran-tran y convertirse en una leyenda del club. Ingenuidad que quizá le lleva a pensar que la afición le va a demostrar su cariño y su apoyo aunque llegue medio segundo tarde a cada balón, como le sucedió por ejemplo en la derrota ante el Atlético de Madrid en el Bernabéu. Medio segundo tarde en fútbol es como en Fórmula 1: pasas de los primeros puestos de la parrilla a la cola del grupo.

Porque esa es otra. Ante Ecuador, liberado de exigencias defensivas gracias a su estatus, y dada la menor velocidad con la que se juega al fútbol en Sudamérica (fútbol cuyas virtudes son otras, como la competitividad o la agresividad), pudo erigirse en capitán general. Lo difícil es serlo ante el equipo del Cholo, claro. Todavía entendería que reivindicara más minutos si hubiera sido capaz de voltear ese 0-1 con acciones decisivas, una presión asfixiante sobre la salida de balón rojiblanca, un par de asistencias o alguno de sus célebres zurdazos. Todo ello, ciencia ficción esta temporada. No es el caso.

A James Rodríguez, cuyo potencial para ganar algún día el Balón de Oro sigue intacto porque ya ha demostrado en el pasado lo bueno que es, le diría precisamente que no mire al pasado. Aquello de “lo difícil no es llegar, sino mantenerse”, otro de esos tópicos que, por muy tópico que sea, encierra una gran verdad de la alta competición. Le diría también a James que es él quien debe estar al servicio del Real Madrid y no el Real Madrid a su servicio. Que es James el que debe apoyar y dar cariño con su máxima e incondicional entrega a esos aficionados que se dejan una nómina para hacer mil kilómetros en coche y ver un derbi en el que se arrastró (él y otros compañeros) por el campo. Le diría que es muy lógico que quiera jugar, pero que se lo tiene que merecer. Le diría que los grandes futbolistas de la historia lo fueron por su insaciable necesidad de mejorar día a día, no por un par de voleas aquí y un pase entre líneas allá. Comprendo que debe de ser duro pasar de tener vitola de estrella en todo un Real Madrid a calentar el banquillo, pero ante esa situación, James tiene dos salidas: la de un ganador, que es trabajar más, o la de un conformista, que es lamentarse y poner morritos en el banquillo y ante los micrófonos, siempre sedientos de polémica. Le diría a James que los primeros acaban triunfando y los segundos, cogiendo la puerta con destino siempre a un club peor. Que unos hacen historia y otros languidecen durante toda su carrera viviendo en su zona de confort. Y le diría que está en su mano, en su pie izquierdo y en su cabeza, decidir cuál de los dos James quiere ser.