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Algunos hombres libres

Algunos hombres libres

Escrito por: Antonio Valderrama9 junio, 2020
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En las últimas semanas dos futbolistas del Madrid han sido insultados por periodistas generalistas a causa de sus posiciones políticas, si es que se puede decir que Isco, primero, y Ramos, después, se posicionaran políticamente de algún modo: hace cien años, “posicionarse” era defender una postura con uñas y dientes en tumultuosos congresos de partido, muchas veces en la clandestinidad y exponiéndose a las amenazas de muerte de los propios compañeros de facción, pero en nuestros días postmodernos basta con darle like a un tuit. Lo curioso del tema es que los ataques le han venido a cada uno desde los extremos del espectro ideológico. Un día Isco faveó un tuit de un rapero en el que se ponía a los cayetanos de “bastards”, que no tiene el sentido putativo del bastardo español, sino que es más bien una traducción de nuestro cabrón. En seguida Alfonso Ussía, “madridista reconocido” (como si se pudiera ser madridista en las sombras, aunque en según qué ambientes de la Kultur oficial, serlo penaliza y hay que serlo del modo correcto), no tardó en ponerlo como los trapos. Tuiteó “Florentino Pérez, por más que su amigo Ferreras defienda al culibajo, a ver si al fin, tiene usted la valentía de ponerlo en el mercado. Da igual lo que le ofrezcan. Supone un ahorro”; luego le hizo un traje en otro tuit, “Este tío, culibajo y raro, con barba yihadista y multimillonario por la gracia de Florentino Pérez, no merece seguir en el Real Madrid”.

Poco después, cuando Sergio Ramos se negó a participar en la extraña videoconferencia convocada por el ministro Salvador Illa en la que estaban también Piqué, Illarramendi y Koke, “referentes sociales” a los que el ministro de Sanidad acudió, según sus palabras, como medida de emergencia para concienciar a la chavalería y evitar botellones masivos, la antítesis de Ussía, Antonio Maestre, lo etiquetó despectivamente como “intelectual” junto a Pepe Reina. Al contrario que Reina, que sí se ha destacado en Twitter por oponerse activamente a las políticas del Gobierno (cayetanizándose, en el lenguaje-Broncano que domina la conversación pública en España) el capitán del Madrid lo único que hizo para que Maestre lo erigiera en artífice de la resistencia ideológica (y por lo tanto, en enemigo) a la coalición gobernante fue exigir unas condiciones de transparencia para la reunión telemática a las que el ministerio se negó.

No se tiene constancia de que Maestre sea también otro “reconocido madridista” como Ussía, y no tiene pinta: un tipo que tapa la manzanita de su MAC con una pegatina de Fuck nazis porque le dará vergüenza, supongo, lucir en televisión un ordenador de mil trescientos euros a la vez que aboga el fin del capitalismo y su sustitución por un pobrismo vallecano de naturaleza soviética, seguro defenderá la vieja tesis de que el Madrid era el equipo de Franco. En lo que no se parece Maestre a Ramos, seguro, es en la condición de hombre libre del camero, un tipo al que para conquistar su estatus social y económico le ha bastado con ser el mejor en lo suyo y no mendigar tertulias.

Y es esa la condición que la Historia acredita como necesaria para todos los patriarcas que han construido la leyenda del Madrid. Antes de que sus enemigos arrojaran sobre la institución la infamia de pertenecer al aparato propagandístico de una dictadura, los príncipes de esa propia dictadura hicieron lo mismo acusando al club de lo contrario, de ser el estandarte del Madrid rojo durante los tres años que duró la guerra. El Madrid sobrevivió a todas las pretensiones de estabulación por parte del poder gracias a la voluntad de los que lo gobernaron, hombres siempre pendientes de que la entidad sobreviviera conservando su independencia. Estos hombres, como es natural, no eran ajenos al volcán de las ideas y cada uno tenía las suyas: el mejor ejemplo es la cohabitación de las figuras de Rafael Sánchez-Guerra y de Santiago Bernabéu. Pero el Madrid era el proyecto común al que se aferraron pertinazmente para que reflejara, en el blanco puro de su camiseta, lo mejor y más universal de España. Me pasa mi amigo Pepe Kollins un extracto de la biografía de Bernabéu, de Martín-Semprún: “No existe nada ni nadie en el mundo que sea apolítico, y los que se autoproclaman así, por definición, no hacen más que escurrir el bulto y punto. Hay que ser muy necio para no albergar ni la más mínima inquietud en este aspecto. No; ni quiero ni debo definirme políticamente, porque no conduce a nada y porque en el Madrid, en el club, hemos desestimado siempre cualquier tendencia política”.

Cuando Ussía, que después de faltarle a Isco se ofreció por Twitter a Inés Arrimadas a buscarle trabajo en la portería de una discoteca de un amigo suyo (supongo que esa es la nueva y fina versión de mandar a una mujer a fregar; Ussía, caballero español), puso a Isco de inútil y lo degradó por sus pintas, me acordé de lo que siempre me ha contado mi padre. Para los hombres de la generación del suyo, los pelos largos, los tatuajes y los pendientes eran signos evidentes de degeneración personal, de informalidad y de peligro público. Luego me acordé de una cosa que dijo Paul Breitner hace no mucho en El País. Breitner, que llegó al Madrid con fama de maoísta y con una pelambrera y una barba completamente subversivas, cuenta que cuando algunos directivos quisieron disuadir a Bernabéu de su fichaje tachándolo de comunista el presidente les replicó preguntándoles a su vez si era buena persona: eso era suficiente para él. Más tarde, tras su primera conversación, el alemán confiesa que el patriarca madridista le arengó con entusiasmo a cuenta de sus pelos. "¡Eh, tú!, ¡Paul!, eres cojonudo. Estoy seguro de que harás honor a tu aspecto: jugarás por el Madrid como un guerrero. Eres alguien que lucha por su club. ¡Ya me has convencido!”.

No es la primera vez tampoco que Sergio Ramos es caracterizado como icono facha al modo en que el agitprop izquierdista entiende ese concepto. Para protestar por el hecho de que la selección española de fútbol vaya a jugar en Bilbao sus partidos en la próxima Eurocopa, los proetarras llenaron las calles de esa ciudad con carteles en los que se veía a Cantona pateándole la cara, en tanto que “colono cultural” español en “Euskal Herria”. Del mismo modo, Ussía no es el primero en tomarse la licencia de exigirle al Madrid que eche a uno de sus empleados: con Valdano, la encarnación de un supuesto “madridismo de izquierdas” que asume como propia la encanallada integración del club en un teórico circuito cultural “de derechas”, una facción muy ruidosa del madridismo, público y anónimo, se ha cebado siempre, considerándolo un caballo de Troya del antimadridismo y un elemento extraño a lo que se entiende por cultura madridista. En ese sentido, contra Capello y luego contra Mourinho, el grupo PRISA abanderó una cruzada ideológica y moral cuyo objeto era socavar la tradición de independencia del Madrid como institución e influir en la toma de decisiones. Aquella cruzada replicó y actualizó la propaganda política antimadridista a través, esta vez, del “estilo”, instalando en la opinión pública el maniqueísmo (el Bien se articula de un único modo posible y todo lo demás debe ser aniquilado) de siempre mediante algo tan inocente y por ello, peligroso, como el modo de concebir “el juego”. Lo de Ramos e Isco no es más que el penúltimo episodio de lo antinatural que resulta en España la mera idea fordiana del Madrid como organización cuya única causa es la suya propia, hogar de ciudadanos con una libertad de conciencia (y también, naturalmente, de errar) inadmisible en un mundo lleno de entidades convertidas en altavoces de la propaganda y de personajes públicos que parecen marcas blancas del zeitgeist dominante.

 

Fotografías Getty Images.