Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
In partibus infideliis

In partibus infideliis

Escrito por: Angel Faerna7 julio, 2016
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

A diferencia de Groucho Marx, yo nunca pertenecería a un club que no aceptara como socio a alguien como yo. De aquí se deduce que no comparto la misantropía de Groucho, pero también que los dos apreciamos las paradojas. La suya está inspirada, no sé si conscientemente, en una muy célebre que puso patas arriba la lógica matemática hace algo más de un siglo y que venía a demostrar que la teoría de conjuntos tenía un agujero de mucho cuidado. La detectó Bertrand Russell y decía más o menos así: si, como parece, puede haber conjuntos que se tengan a sí mismos como miembros (por ejemplo, el conjunto de todos los conjuntos no vacíos, que obviamente es él mismo un conjunto no vacío), entonces nada impide que concibamos el conjunto de todos los conjuntos que no se tienen a sí mismos como miembros, o, por ponerlo más fácil, que concibamos la figura de un barbero cuyo cometido fuera afeitar a todas las personas que no se afeitan ellas mismas. Pero no podemos concebir tal cosa: si el hipotético fígaro es de los que no se rasuran solos, debería estar entre sus clientes; sin embargo, si lo incluimos en la lista de clientes, ya no cumple la definición que hemos dado de él. Quizá no se lo crean, pero por este quítame allá esas barbas se vinieron abajo, antes de estar siquiera terminados, los Fundamentos de la aritmética de Gottlob Frege, uno de los edificios más colosales del pensamiento abstracto de todos los tiempos.

Groucho-Marx

Mi variante de la paradoja Russell-Groucho es menos corrosiva; de hecho, ni siquiera es una paradoja, a lo sumo un truismo. Evidentemente, si un club veta de antemano mi presencia en él, mi propósito de no hacerme nunca socio no tiene caso. Pero igual que las paradojas casi siempre dicen mucho, como tuvo ocasión de lamentar el desdichado Frege, los truismos a veces dicen algo, como no pierde ocasión de demostrar Mariano Rajoy. Y lo que yo quiero decir con el mío, por si no se ha captado ya, es que nunca escribiría en La Galerna si aquí no se le permitiera a uno pronunciarse a favor de Iker Casillas o en contra de Jose Mourinho, cuestionar la figura de Florentino Pérez o reivindicar la de Vicente Del Bosque, burlarse un poco de las limitaciones técnicas de Álvaro Arbeloa o simpatizar con las opiniones futbolísticas de Michael Robinson o de Jorge Valdano. Parte de esto venía yo haciendo antes de saber que el staff de La Galerna y una mayoría considerable de sus lectores —o de los lectores que tienen a bien dejar comentarios— piensan de esos y otros personajes exactamente lo contrario que yo. Se da también la circunstancia de que mis hermanos en la sección “La Galerna de los Faerna”, que lo son igualmente en la vida real, coinciden en muchos de esos juicios míos, o yo en los de ellos, lo que me permite reformular ligeramente la idea para darle mayor concreción y añadirle un toque no sé si corporativo o directamente nepotista: nunca escribiría en un órgano del madridismo que no admitiera como colaborador a un Faerna.

Digo que venía yo —o veníamos los Faerna— opinando ingenuamente por libre sobre estas cosas antes de que un revuelo reciente haya convertido a La Galerna, a su pesar o no, en bastión y referencia de toda una corriente de pensamiento, que más que corriente es una amalgama de opiniones sinuosamente conectadas entre sí: la defensa a ultranza de Mourinho y de Florentino, la condena sin paliativos de Casillas y Del Bosque, la desafección sin fisuras a la selección española de fútbol y la carga a degüello contra el grupo PRISA. No sé si me dejo algo, pero creo que esto es lo fundamental. La unanimidad de las voces oídas aquí fue tal que sacó al Número Tres de los Faerna de sus vacaciones galernarias —que se había tomado con el fin de concentrarse más a fondo en su trabajo, otra paradoja— para romperla parcialmente con un artículo que aprovecho para suscribir en todos sus términos. Pero hoy la cosa va de paradojas: no escribo para respaldar el contenido del sonado artículo —o, para algunos de los que lo han comentado, del artículo sonado— de Nacho Faerna, sino para honrar a su continente. Sí, exacto, para honrar a este nido del “yihadismo mourinhista”.

Espero no caer en la indiscreción si revelo que el artículo de mi hermano Nacho no fue del todo espontáneo. Su escritura vino en alguna medida instigada desde la dirección de La Galerna, no por generosidad sino por ese mismo respeto a las paradojas importantes que llevó a Russell a derribar el edificio de su mentor: ningún medio de opinión debe coincidir por completo consigo mismo, de la misma manera que ningún conjunto debe ser su propio elemento. En un caso, el premio es la consistencia lógica; en el otro, la credibilidad. Aplíquenselo, por favor, los que piensan que La Galerna sería un lugar mejor sin artículos como el de Nacho sólo porque no reflejan sus propias y ya muy bien representadas opiniones. El foro mourinhista por excelencia —si es que se trata de eso, que tampoco estoy muy seguro— no aumentaría su crédito, sino que lo disminuiría gravemente, si sólo fuera capaz de alojar opiniones mourinhistas. Paradojas del pensamiento libre.

Dicho sea de paso, los editores de La Galerna no podrían haber encontrado una réplica mejor para el exabrupto ese del “yihadismo mourinhista”. No es sólo un insulto de pésimo gusto, propio de alguien con la sensibilidad por los suelos y que, con toda seguridad, no ha tenido que lamentar la pérdida de ningún ser querido en Madrid, Londres, París, Bruselas, Estambul o Bagdad. Es el acto reflejo de una mente que sólo sabe coincidir consigo misma, una mente que detesta a los “infieles”, precisamente. Creo que hablo por los tres Faerna si digo que al club de ese señor sí que no pediríamos el ingreso ni en broma. Se está mucho mejor aquí, en tierra de infieles exquisitamente civilizados.

Ángel, el segundo de los Faerna, es profesor de universidad. Procura enseñar Filosofía sin hacer más daño del inevitable. Su especialidad, si acaso, es la epistemología y el pensamiento clásico norteamericano, extravagancia que compensa con una desmedida afición por los buenos arroces.

11 comentarios en: In partibus infideliis

  1. Que los seguidores del Real Madrid dejemos, aunque solo sea por un momento, de ser madridistas para ser mourinhista es un insulto tal a la grandeza de nuestro club que me hace pensar muy seriamente en la grandeza de las faltas que hayamos debido cometer para merecer tal penitencia. Pido ayuda sincera a quien tenga