Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Opinión
No supiste vivir de otra manera

No supiste vivir de otra manera

Escrito por: Juan Bengoechea Vara de Rey5 marzo, 2020
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Dedicado a la memoria del comandante Eduardo Fermin Garvalena Crespo, fallecido en acto de servicio el pasado 27 de febrero. 

 

Portar sobre el hombro el sábado pasado a Ayo, y sacarlo de la Plaza de Armas de la Academia General del Aire, es sin duda lo más duro que he hecho en mi corta vida militar. Por otro lado, y sin querer sonar frívolo, no encuentro mayor honor.

A Ayo le debo infinidad de cosas. Para empezar, le debo una cena a cuenta de una apuesta sobre nuestro Madrid. También le debo infinidad de enseñanzas, y esta deuda nunca habría podido pagársela en vida, ni aunque hubiera vivido cien años.

Ayo me cuidó cuando era pequeño, a mí y a mis hermanos, era nuestro vecino y canguro en Alcalá de Henares. Aunque yo ya lo vivía en casa, contribuyó a inocularme el virus de la aviación militar. Años más tarde, con siete de retraso con respecto a Ayo, ingresaría yo en la Academia General del Aire.

Recuerdo perfectamente la alegría que supuso en nuestra familia su ingreso, que suponía el cumplimiento de un sueño de la infancia. El diez de diciembre de 2002, Ayo juró defender España hasta las últimas consecuencias.

Durante mi estancia en la Academia, siempre recabé su consejo respecto a qué decisiones tomar en lo tocante a diferentes destinos. También en cada una de las vicisitudes que me encontré en el Ala 14, destino en el que coincidiría con él alrededor de 3 años. Se cerraba el círculo.

Compartir destino con él, con nuestro vecino y amigo, con nuestro canguro de la infancia, supuso para mí el cumplimento de otro sueño. Siempre le admiré, desde muy pequeño, y ya con su ingreso en la Academia albergué la ilusión de poder seguir sus pasos hasta llegar a ser su compañero de destino. Nunca me cansaré de seguir su ejemplo.

A partir de 2015 nuestra relación fue más directa, más constante. Ayo me vio crecer, madurar, celebrar e incluso llorar. Me recibió en el Ala 14 como un hermano mayor recibe a su hermano pequeño (sinceramente pienso que así era como me veía y me trataba). Yo fui testigo cercano de sus tres paternidades, de su modo de querer a Paula y a sus hijas, a sus padres y hermanos, su manera de festejar, también de llorar y de luchar, pero sobretodo de reír. Ayo era de esas personas que van por la vida brillando, que iluminan una sala, una casa o un escuadrón de vuelo. Era la persona que todos queremos tener al lado como un ángel de la guarda. Estoy convencido de que ahora, tanto yo como su familia, amigos y compañeros tenemos esa suerte. Ayo ha sido y será siempre nuestro ángel de la guarda.


Si por algo más destacaba era por su inmenso madridismo. Era el ejemplo del madridista siempre crítico, al que solo le vale ganar y para el cual levantar una Champions League año tras año tiene lo mismo de rutinario que de obligación. De niño me regaló una caja sorpresa, de esas que contienen dentro un muñeco que salta cuando la abres. Como no podía ser de otra manera, en la parte frontal de la caja estaba el escudo de nuestro Real Madrid. En su interior se apretaba contra la tapa un pequeño monigote cuyo cuerpo era un muelle, un muñeco vestido de blanco con el pelo morado y un letrero en su pecho que decía “somos los mejores”. Recuerdo cómo me decía “Porque...” para a continuación abrir la caja esperando a que el muñeco saliera disparado hacia arriba y rematara la frase. Lo que nunca le llegué a confesar es que aún conservo esa caja, y que a pesar de los innumerables intentos de mi madre porque me deshiciera de ella nunca me lo llegué a plantear. Siempre me generó un sentimiento difícilmente explicable y que hoy, más que nunca, cobra un sentido único.

Finalmente, si me lo permitís, me gustaría dirigirme breve y directamente a él porque sé que me lee, que me escucha cada vez que le hablo y que está aquí a mi lado mientras escribo estas palabras.

Desde el pasado jueves 27 de febrero solo pienso en rentabilizar todo lo que me has enseñado y todo lo que he vivido contigo, Ayo. Solo pienso en mejorar como persona, como militar y como piloto de combate porque estoy seguro de que es lo que querrías de mí. Muchas gracias por todo, estaré en eterna deuda contigo. En todo menos en lo de la cena que te debo a cuenta de esa apuesta sobre el Madrid. Esa te la pagaré. Ya lo creo que te la pagaré.

Te quiero mucho.

No quisiste andar otro camino, no supiste vivir de otra manera.

Tu compañero, tu amigo, tu hermano pequeño,

Juan.