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La Galerna de los Faerna
Grandeza automática

Grandeza automática

Escrito por: José María Faerna17 febrero, 2018

Suele decirse que el rasgo distintivo del Madrid es la obsesión por la victoria, y suelen decirlo tanto los madridistas, orgullosos, como los que no lo son, con desdén. Para los primeros es el modo de expresar que no se andan con extravíos y para los segundos que les vale hacerlo de cualquier manera, sin atender a nebulosas observancias futbolísticas. El estilo y tal. En realidad, no es mucho decir, ganar es el objetivo de cualquiera en el deporte de competición, como aprender el de cualquiera que estudie. A ganar aspira hasta Paco Jémez. Hay cierta confusión aquí entre objetivos y resultados. Más bien puede afirmarse que el Madrid tiene un hábito de victoria superior al resto, eso son hechos. El Madrid gana más, pero no hay que suponer que aspire a ello más que otros.

A mí me parece que además de la de ganar, que va de soi, el Madrid se impone la obligación de la grandeza, una virtud que no necesariamente desemboca en victoria, que incluso en determinadas circunstancias puede hasta estorbar el camino hacia ella. No hay grandeza en la victoria tramposa, por ejemplo. Lo que hace del Madrid esa cosa única que la habitación infantil evocada aquí por Número Dos y Número Tres en sus últimas entregas nos enseñó a amar es la constatación de que a la larga acaba reuniendo fatalmente la victoria con la grandeza, por más que ese encuentro feliz no sea inevitable.

no me parece a mí que el Madrid sea un equipo cuyas plantillas estén históricamente marcadas por el protagonismo de un jugador.

Este año –como tantos otros, aunque solo nos guste recordar los buenos–, victorias estamos viendo pocas y la grandeza ha dejado de asomar muchas veces aunque tampoco haya estado ausente. Grandeza hubo en aquel lance de Cristiano cosechando una ceja rota a cambio de afanarse por rematar un balón en los minutos de la basura de un partido ganado por goleada, un fogonazo de verdad donde no hubo idiota que viera algo más que coquetería barata. Grandeza hay siempre en la serena obstinación de Zidane, la de quien hace lo que está convencido que debe hacer aunque deba hacerlo contracorriente. Benzema y tal. ¿O qué otra cosa es un caballero que quien hace lo que cree su deber aun cuando no le convenga? Y victorias pocas, pero alguna tan jugosa como la del miércoles contra el PSG. Contra las casas de apuestas y aun contra el pronóstico de esa prensa torticera que deslizaba entre sus dientes de conejo la mística europea del Madrid, aunque solo fuera para coger carrerilla a la hora de despellejarlo. La victoria provisional del miércoles sabe tan bien porque además hubo grandeza. Ha escrito Jabois que la falta de fe de la afición la leyó como una remontada aunque el partido empezó cero a cero como todos, pero es que no se remontaba una eliminatoria sino una temporada. El miércoles también hubo desatenciones defensivas y  repliegues desordenados, como tantas veces este año, pero se ganó con el escudo, como proclamaba pertinentemente Marcelo con su gesto después del tercer gol.

“Hay que ser sublime sin interrupción”, dejó dicho Baudelaire. “El dandy debe vivir y morir frente al espejo”. Bien podría ser una divisa para el Madrid, un caso de libro de dandismo colectivo. El dandy orgánico es el Madrid. Condenado a emularse a sí mismo, el Madrid tiende históricamente a olvidarse de los demás y cuando el vértigo del abismo aprieta no queda otra que mirarse en el escudo, ese espejo del dandy Narciso que te devuelve la propia imagen. Fíjense si no en la charla de Zidane en el descanso de la final de Cardiff que muestra el documental de la Duodécima. Primero deja solos a sus jugadores siete minutos clave, solos consigo mismos, con la mirada fija en el abismo. Después les recuerda algunas instrucciones certeras, secas, de sentido común, sin agobiar. En realidad, solo les dice “podéis hacerlo, luego debéis hacerlo”. Esto lo puede decir cualquiera, como cualquiera puede recitar el monólogo de Enrique V el día de San Crispín. Otra cosa es que surta el mismo efecto si lo dice Zinedine Zidane/Lawrence Olivier o, pongamos, Victor Mature/Unai Emery. Solo les dice “podéis hacerlo, luego debéis hacerlo”, pero también “os lo digo yo porque puedo”. Eso sí, antes de hacerlo, Zizou retira gentilmente unas prendas caídas sobre el escudo pintado en el suelo, limpia el espejo para que les devuelva nítida su imagen.

¿qué otra cosa es un caballero que quien hace lo que cree su deber aun cuando no le convenga?

Hace un par de semanas pedía aquí Jorgeneo con conocimiento técnico y argumentos bien fundados todo un viraje cultural en el club. Frente a una cierta tendencia histórica a ponerse en manos de la capacidad y la inspiración individual de los jugadores echaba de menos el trabajo de los automatismos colectivos, la periodización táctica, la aspiración a una suerte de traza universal en la que no sería tan importante quién interpreta el papel como que lo tuviera bien aprendido e interiorizado. Jorge sostiene que ese tiende a ser el factor diferencial en el fútbol actual, en el que la condición física y técnica de los jugadores de élite es más homogénea que en el pasado. Ponía los ejemplos de Guardiola, Mourinho o Klopp, a los que equiparaba con acierto frente a esa fantasmagoría que corre por ahí según la cual Pep sería una suerte de bohemio beocio, adalid del arte por el arte. No hace mucho, el jardinero Hernández nos hacía saber que entrenaba obsesivamente hasta los saques de banda en defensa. Sin embargo, nada de eso es tan nuevo. Así entrenaba Rinus Michels a la Naranja Mecánica del Ayax y la selección neerlandesa  de los setenta y, más atrás aún, Helenio Herrera al Barça y al Inter de los primeros sesenta. Además, se olvidó de poner en nómina a Bielsa, a Benítez… o a Paco Jémez, que son de la misma cuerda pero tienen el palmarés que tienen.

Sin embargo, no me parece a mí que el Madrid sea un equipo cuyas plantillas estén históricamente marcadas por el protagonismo de un jugador. Ni siquiera en los años de Di Stéfano, el más total y decisivo de los futbolistas que hayan conocido los tiempos, pero siempre un jugador de equipo. Ni él ni Ronaldo Nazario, ni siquiera Cristiano, generaron nunca una dependencia tan unilateral como la del Barcelona con Messi o la del Nápoles o la selección argentina con Maradona. O la del PSG de hoy con Neymar. Los grandes momentos del Madrid son siempre un retrato de grupo, como las Meninas o la Ronda nocturna. Sí es cierto, en cambio, que el club tiende a comportarse como un estudiante superdotado y procastinador, que se activa enardecido en las grandes ocasiones y busca perezosamente el aliño en los lances menores, frente a un Barcelona, por ejemplo, que encara la vida como un opositor aplicado, sea con el Levante o con el Bayern de Múnich, y de ahí su tendencia a dejarse ir en la Liga si se ve con fuerzas para hacer historia mayor en Europa. Pero ese mismo reproche vale para una afición que se activa tan selectivamente como el equipo y que, por mucho que se queje, vive vergonzantemente encantada en esa montaña rusa. A lo mejor es la afición la que tiene que empezar a ganarse el derecho a esos pitos a los que una parte significativa de ella es tan propensa.

Cierto autor teatral que ahora no recuerdo solía decirles a los actores que le proponían morcillas e improvisaciones que lo que a ellos pudiera ocurrírseles él ya lo había pensado y descartado antes, que ese era su trabajo. Si el Madrid tuviera que trabajar más la disciplina táctica estoy seguro de que Zidane se daría cuenta antes que yo y obraría en consecuencia, ese es su trabajo. “Es preciso embriagarse sin tregua. De vino, de poesía o de virtud, a vuestro gusto. Pero embriagaos”, decía también Baudelaire. Incluso si el extremo desafío al destino en que hemos convertido la temporada no saliera bien –porque tras la challenge round  de París, hoy bastante allanada, habrá otra y luego otra y luego otra, y cada una más exigente que la anterior– lo que le pido a Zidane es que siga apartando la ropa del escudo para que Narciso se abisme en sus propios ojos. “A veces en la vida” –le escribía el venerable Sandro Pertini a su madre desde las cárceles de Mussolini– “hay que saber luchar no solo sin miedo, sino también sin esperanza”. Pertini vivió lo suficiente para comprobar que aquello no lo dijo en vano. Embriagaos de grandeza y dejadnos compartir felices vuestra ebriedad. No hay mejor automatismo para que la victoria se nos dé por añadidura.

Número Uno

 

El mayor de los Faerna es historiador del arte y editor, ocupaciones con las que inauguró la inclinación de esta generación de la familia por las actividades elegantes y poco productivas. Para cargar la suerte, también practica el periodismo especialista en diseño y arquitectura. Su verdadera vocación es la de lateral derecho box to box, que dicen los británicos, pero solo la ejerce en sueños.

15 comentarios en: Grandeza automática

  1. Magnífico artículo, D. José María. Una prosa que no envidia nada a la de los autores citados.
    Tan sólo una duda (en realidad, una coña): ¿estudiante procastinador, procastigador o procrastinador?

  2. "El dandy orgánico es el Madrid. Condenado a emularse a sí mismo, el Madrid tiende históricamente a olvidarse de los demás [...]". Hace ya bastantes años que pienso que, en el límite, el fútbol seguiría existiendo si sólo existiera el Madrid. No es prepotencia, sino solipsismo. Por eso mienten tan a conciencia quienes dicen que "el Madrid y el Barcelona [bueno; ellos dirían "Barça"] se necesitan el uno al otro". El Barcelona necesita al Madrid, hasta el punto de que no sólo se ha construido su propio relato, sino que también se lo ha construido al Madrid; pero el Madrid no necesita al Barcelona para nada.

    "'A veces en la vida' –le escribía el venerable Sandro Pertini a su madre desde las cárceles de Mussolini– 'hay que saber luchar no solo sin miedo, sino también sin esperanza'". Sin miedo ni esperanza: nec spe nec metu.

    1. La grandeza de La Galerna es que es el único sitio donde encontrar piezas tan bellas como esta de N1 junto a comentarios tan brillantes como este. Qué bendición de casa hemos montado entre todos.

    2. Yo también he creído siempre lo mismo. El Madrid es la "columna Trajana" a la que el resto del mundo futbolístico mira, incluido por supuesto, el Barcelona. Recuerdo que tras ganar La Séptima, Mijatovic dijo sabiamente "después de esto, el doblete del Barcelona (aquel año ganó Liga y Copa) no sirve para nada", ningún barcelonista, ya fuera jugador, dirigente, periodista o aficionado se atrevió a refutar este argumento... porque sabían que era irrefutable. Incluso el jardinero Hernández hoy en Marca, queriendo atizar al Madrid, ha descrito perfectamente esta grandeza... evidentemente sin utilizar "grandeza", pero que lo ha clavado también.
      http://www.marca.com/futbol/futbol-internacional/2018/02/17/5a889d4a468aebaa2d8b459d.html

      ¡Saludos!

  3. Excelente artículo, todo él.
    Aunque por puro pragmatismo, destacaría esta frase:
    "A lo mejor es la afición la que tiene que empezar a ganarse el derecho a esos pitos a los que una parte significativa de ella es tan propensa."

    1. Vaya, que no estoy solo... pensé que era el único !!! Un abrazo del tamaño del mar.
      Que gustazo es La Galerna !!!
      HALA MADRID !!!

  4. Un verdadero placer leerte -como siempre, José María. Me voy a permitir apuntar algunas ideas que me suscitó la lectura de tu texto, un poco en la línea de pensar en voz alta...

    Dices: "El Madrid gana más, pero no hay que suponer que aspire a ello más que otros". Y si fuese así, ¿cuál sería el problema? ¿Qué de "malo" tiene aspirar ganar más y más? Si es más o es menos que otros, qué importa (huyo de la manía de estar constantemente comparándose con otros). ¿Está mal desear algo con intensidad? ¿Aspirar siempre la victoria, ganar títulos, no debe ser el fin, el objetivo? Es la esencia de los deportes, mal visto debería ser el no desearlo, el no aspirar a ello (sería un fraude, un timo).
    "(...) el Madrid se impone la obligación de la grandeza". Aquí sí creo que hay un error cultural -por llamarlo e alguna manera-, y que debería cambiarse, pues son muchas las ocasiones en que esa autoimposición se convierte en una losa para los jugadores y una pretensión o demanda asfixiante por parte de la afición; al punto de que algunas victorias o títulos se critican por no ser ganados "con grandeza". ¿Y quién define jugar con grandeza o la de una victoria? ¿La prensa? Vamos listos. ¿Los rivales? ¿La afición? ¿Esa misma que se cree la más "sabia" y que por eso exige y pita a los suyos? Para mí jugar con grandeza es "ser equipo" (con todas sus letras), es luchar desde que saltan al campo, sudar la camiseta, no bajar los brazos; pero también jugar limpio (fair play, como N1 bien dice: "No hay grandeza en la victoria tramposa"), respetar al rival y a los aficionados (especialmente si es fuera de casa y lo han dado todo para trasladarse y animarlos); pero también lo es entrenar para cada partido como si se fuera a jugar una final, todos los partidos, sin excepción.
    "(...) El dandy orgánico es el Madrid". Esa es su grandeza y es la que tiene que respetar, en la que verse y en la que inspirarse cada día, en cada competición sin desdeñar ninguna, sin elegir de antemano en cuál sí y en cuál no y en cuál tal vez...
    "(...) una afición que se activa tan selectivamente como el equipo y que, por mucho que se queje, vive vergonzantemente encantada en esa montaña rusa". ¿Se puede definir mejor al madridismo? Insuperable. Madridismo selectivo (por no hablar en muchos casos de madridismo histérico) y en algunos de madridismo hipócrita.
    "(...) Si el Madrid tuviera que trabajar más la disciplina táctica estoy seguro de que Zidane se daría cuenta antes que yo y obraría en consecuencia, ese es su trabajo". Creo que N1 no se ha percatado (?) que en las redes sociales y en los bares abundan entrenadores con carnet y galería de títulos en sus vitrinas pero en paro, y por eso le cantan la cartilla a Zidane y ya desde noviembre pedían su cese.
    "(...) No hay mejor automatismo para que la victoria se nos dé por añadidura". ¿El mejor cierre de artículo de La Galerna? Yo voto porque sí lo es. Bravo, José María; ovación en pie.

  5. Maravilloso artículo. Pero me voy a quedar con esto: "Los grandes momentos del Madrid son siempre un retrato de grupo, como las Meninas o la Ronda nocturna".

    Por cierto, recuerdo que ya Benito Floro también se obsesionaba con los saques de banda.

  6. Grandioso artículo.
    Por destacar otros aspectos del mismo no mencionados en los comentarios previos, bravo por la descripción-interpretación de lo ocurrido en el descanso de la final de Cardiff. El escudo-espejo, "podéis, por tanto debéis"...
    Igual que el resto, aplauso puesto en pie.
    Un abrazo, galernautas

  7. Probablemente, una de las mejores razones para la existencia de La Galerna es, precisamente, el poder disfrutar de pequeños tesoros como éste cada cierto tiempo. Y poder guardarlos para releerlos cuando lleguen los tiempos de tormenta.

    Incluso estando mal (dicen), estamos mejor que ningún otro...

    Salud.

  8. Al hilo del artículo de Jorgeneo, yo creo que ese respetable galernauta se equivoca en su planteamiento.
    El Real Madrid SÍ tiene un plan, un estilo, una forma de afrontar el fútbol que se transmite de una plantilla a la siguiente independientemente de qué jugadores la formen. No depende de unos determinados jugadores sino de que esos jugadores "mamen" del vestuario lo que los madridistas exigimos y sus mayores nos dieron.
    Eso que el jardinero de Qatar llama "ganar" es un estilo futbolístico y una filosofía de vida en sí mismo. Es un estilo que hace que el Real Madrid, con un jugador menos, consiga empatar con el Barcelona y lo encierre en su area, a pesar de que el empate nos daba la Liga y de que ir a por la victoria nos condujese a la derrota. Hace que un Madrid, de nuevo en inferioridad numérica, voltee un partido en el Nou Camp (y por dos veces, porque el árbitro anuló la primera). Es por ese estilo por lo que yo he visto al Real Madrid ganarle al Valencia una supercopa 9 contra 11 o sobreponerse a los atropellos arbitrales en la supercopa de esta temporada.

    El Real Madrid es un equipo épico, legendario. Tanto como los títulos ganados, lo que engancha a los aficionados de aquí y del extranjero es la forma de conseguirlos. Yo ya tonteaba con el Madrid, pero me enamoré de él con las remontadas de la UEFA. Yo no quiero sólo ganar títulos (que también), quiero que, de vez en cuando, sea de forma épica y, casi siempre, contra todo y contra todos.

    Hace bastantes años estaba yo viendo en un bar el Real Madrid - Getafe en el que a Pepe se le fue la pinza: con el partido empatado, penalti y expulsión. Recuerdo a Carlos Martínez salibando al pensar en el cadáver del Real Madrid a sus pies. Recuerdo a Casquero intentando chulear a Casillas y finalmente haciendo el ridi por intentar "un Panenka" en el penalti. Recuerdo a Higuaín marcando el gol de la victoria (en el minuto 93) de un trallazo por la escuadra desde fuera del area. Y, sobre todo, recuerdo a un señor mayor en el bar, completamente enajenado, gritando "¡por esto soy del Madrid!". Era feliz. Toda la juventud que allí había (madridistas y antis, eufóricos unos e incrédulos los otros) entendió lo que quería decir y aceptó la lección que el Madrid y aquel veterano aficionado nos acababan de dar.
    Dentro de unos cuantos años, cuando pase algo parecido (que pasará), espero ser yo ese señor mayor que afirme "por esto soy del Madrid".

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