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Un gol de Messi es un asco

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Un gol de Messi es un asco

Escrito por: La Galerna12 enero, 2016
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Buenos días. Messi gana su Quinto Balón de Oro a las pocas horas de que su club lance al mundo un tuit destinado a permanecer en la Historia de la Infamia en el Deporte por los siglos de los siglos poco más o menos. La coincidencia de ambos eventos brinda oficialidad al atrevido título que hoy hemos escogido para esta sección. Cada balón de oro de Messi, cada gol de Messi puede ser leído única y exclusivamente -si se quiere- en clave de contribución en pos del triunfo de una causa política. Lo que acabamos de escribir es algo que muchos venimos diciendo desde hace lustros, con frecuencia ante la incomprensión de quienes nos instaban a "separar temas". No hay separación ya, ni siquiera cosmética, y el pronunciamiento oficial de la cuenta del Barça así lo prueba. El FC Barcelona, con su gran estrella al frente, quiéralo esta o no (y si no lo quisiera se habría desmarcado), es el instrumento futbolístico-mediático-propagandístico de la independencia de Cataluña.

La Galerna proclama que el hecho de que el fútbol se ponga al servicio de una causa política (sea esta la que sea) es asqueroso, lo que de inmediato contamina todos los éxitos deportivos parciales logrados como parte de ese todo que es el triunfo de una iniciativa política concretísima.

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sport.750 (35)El tuit exacto, ya comentado ayer en La Galerna por la genialidad de Mario de las Heras, dice así, con motivo de la investidura de Carles Puigdemont como Presidente de la Generalitat: "Felicidades, presidente Puigdemont. Que el acierto os acompañe en esta etapa histórica y apasionante que hoy inicia nuestro país, Catalunya”. Se ignora si Lionel presentará sus cinco galardones individuales (galardón, por cierto, francamente desprestigiado) a un Puigdemont envuelto en la estelada como antiguamente el Madrid presentaba sus trofeos a la Virgen de la Almudena.

Quienes escribimos esta sección somos desde luego madridistas, pero somos también (y sobre todo) personas con una trayectoria vital. Hubo una época en que un gol del Barça no era más que un gol del rival: no nos gustaba, quedando cualquier reconocimiento de una eventual estética subyugado por nuestro forofismo, que nos impedía disfrutarlo. Éramos jóvenes y prevalecía nuestro madridismo. Hoy nuestro madridismo sigue ahí, evidentemente, pero somos mayorcitos y sabemos ya discernir dónde acaba nuestro madridismo y dónde empieza nuestra sensatez. Ya no es el disgusto ante un gol del rival. Es el asco ante la instrumentalización del deporte. Y (aun siendo como somos incapaces de desprendernos de él, entre otras cosas porque tampoco queremos hacerlo) no es el madridista interior el que se rebela ante ello: es el hombre razonable quien siente repugnancia cada vez que un remate de Messi se estrella en la red, porque ese hombre razonable (que también es madridista, sí, pero sabe dejar eso a un lado cuando corresponde) es plenamente consciente de que ese gol de Messi -o ese balón de oro de Messi como premio al compendio de goles y jugadas- no es más que el movimiento de una pieza (y de una muy importante) en la partida de ajedrez que Cataluña -o Catalunya, nos da completamente igual- cree jugar contra España, aunque quizá (solo quizá) juegue contra el mundo y lo que es peor: contra ella misma.

Hemos recalcado la palabra "quizá" al término del párrafo anterior porque no es nuestra misión profundizar en cuestiones políticas. No sabemos si hay razones que justifiquen una hipotética independencia de Cataluña. Cuál sea concretamente el ideario político que se intente hacer triunfar a través del deporte es lo de menos: lo grave es el uso del mismo en aras de la política. Es el manoseo infame del fútbol entre las zarpas de la política lo que nos subleva y no la pertinencia de la causa que haya detrás, que nos parece irrelevante. De hecho, es posible ser del Barça, ser catalán independentista y comprender que una cosa no debería interferir en la otra. Es posible ser del Barça, ser catalán independentista y sentir la misma náusea que nosotros ante la subordinación del Barça ante la causa independentista, porque esa náusea solo forma parte de una náusea más general y totalizadora: la náusea ante quienes mancillan el deporte. Sí. Es posible ser del Barça, ser catalán independentista y querer vomitar ante la correlación entre las dos cosas. Conocemos a quien responde a estos parámetros y se siente así. Por tanto, es posible, y en eso estamos unidos a ellos. La decencia no siempre triunfa, pero une mucho.

Cuando éramos jóvenes, un gol de (digamos) Lineker nos disgustaba. Hoy, un gol de Messi -siendo como media, paradójicamente, mucho más bello y también frecuente- nos revuelve y asquea por lo que quiere ser y por ello es.

Enhorabuena a Messi, pese a todo. Se habla mucho, con alguna razón, de la desgracia de Cristiano al haber compartido era con él. Poco o nada se habla, sin embargo, de la irreparable desgracia que para Messi supone haber jugado en este Barça ominoso y en este oprobioso momento de su historia.

Es oficial. Un gol de Messi, por más que futbolísticamente pueda ser un verdadero prodigio, da verdadero asco. Un balón de oro de Messi da asco porque es un balón de oro (y de oxígeno) para este Barça indisolublemente unido a los tejemanejes de los políticos.

Feliz náusea, galernautas.