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¿Quién es Gerard Piqué?

¿Quién es Gerard Piqué?

Escrito por: Paul Tenorio14 agosto, 2015
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"Contigo eeeeem-pezó todoooo". Degustando su momento, gesticulando teatral, crecidísimo, sabiéndose bajo el foco de todas las miradas como una estrella de Broadway, pero cambiando talento en la tarima por irresponsabilidad e impertinencia, Piqué se mofó de la vida personal de Cristiano Ronaldo en una falta de respeto que iba mucho más allá de los típicos cánticos de rivalidad deportiva. Aquel día Gerard, cuya privilegiada posición social le obliga a mostrarse especialmente prudente y respetuoso en sus manifestaciones públicas, cruzó una línea, la del respeto a la vida personal de un adversario, que muy pocos jugadores han traspasado a lo largo de la historia. Se nos intentó convencer de que era una coña inofensiva hecha por un joven embriagado por la irresistible invencibilidad del éxito. ¡Nos intentaron vender incluso que el "Madrid, cabrón, saluda al campeón" de Eto'o, un cántico casi obligatorio cuando ganas algo a tu máximo rival, era peor! Sólo funcionó, como es lógico, con algunos aficionados culés que, lejos de recriminar a Piqué su inaceptable comportamiento, lo aplaudieron y jalearon. Y lo siguen haciendo. Pero para cualquier madridista fue un ultraje a su mejor futbolista y, por extensión, un insulto al club y a toda su masa social. Y para cualquier espectador neutral fue un atentado contra las normas más elementales de los códigos no escritos del deporte y el fair-play. Otra payasada más del de siempre. Y que no denunciarán los de siempre, mirando para otro lado en su ignominiosa dejación de funciones. Más bien, cuando Cristiano Ronaldo le regatee, marque y celebre el gol en la cara de Piqué, cargarán contra el portugués. Se lo voy adelantando.

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Aquel desgraciado episodio no era el primero, ni muchísimo menos, en la larga y penosa lista de ofensas por parte de un jugador que será esta temporada el primero de sus compañeros en reclamar señorío en los Clásicos como a los futbolistas del Madrid se les ocurra dar una sola patada. Él, pirómano que aviva el fuego de los Barça-Madrid cuando ya se había apagado. Él, demagogo que antes de los 150 millones por Neymar y los 81 millones por Suárez se lamentaba amargamente por la solvencia económica del Real, como si el Barça comprara jugadores con fuet y butifarras. Él, deportista modelo en todo el mundo que se retrató fumando un puro nada más conquistar la Champions. Él, que enredaba con su móvil en el banquillo mientras sus compañeros luchaban por el Barça sobre el césped. Él, un sujeto al que no se le ocurre manera mejor de festejar el Mundial que escupiendo por la espalda a Pedro Cortés, Delegado de la Selección española. Bandera que defiende, dicho sea de paso, únicamente por engordar su palmarés y las cifras de sus contratos publicitarios.

Su última provocación vuelve a rebasar la línea de lo aceptable: "Vamos, chavales, a celebrarlo. Que se jodan los de Madrid. Que nos vean dar la vuelta", barritaba tras ganar la Supercopa de Europa, sabiéndose de nuevo objetivo de las cámaras de La Sexta, sintiendo otra vez ese cosquilleo que, quien no busca otra cosa que ser objeto de atención, siente cuando consigue su objetivo. "Los de Madrid", donde lo mismo me está insultando a mí que al Atlético de Madrid, a los transeúntes de la Plaza Mayor, a la estatua del Oso y el Madroño o a los patos de El Retiro. "Madrid", en general, el enemigo central. "Madrid", el opresor. "Madrid", por extensión, España. "Madrid" es Franco. "Madrid" es el diablo con traje de chulapo. "Madrid", una ciudad, por cierto, donde Piqué podría pasear tranquilamente ataviado con una camiseta blaugrana, algo que, doy fe, no sucede al revés en Barcelona. Seguro que se refería a eso que la prensa de la Ciudad Condal, tan sensata y ecuánime, llama "La Caverna". Y obviamente, seguro que se dirigía, por supuesto, al Real Madrid y sus millones de aficionados. Pero él, cruzado de Jaume I El Conqueridor, no podía evitar decir "Madrid".

Obviamente, Del Bosque no le acusará de crear mal ambiente en la Roja y le justificará con un doble mortal carpado con tirabuzón de esos a los que nos tiene acostumbrados cuando al agravio no procede, precisamente, de "Madrid". Tampoco ningún capitán del Real, con la única excepción, cómo no, de Álvaro Arbeloa, y también la de Sergio Ramos cuando respondió en catalán en una rueda de prensa con la Selección, le ha puesto nunca en su lugar. A los blancos se les impone unilateralmente respeto al Barça y cordialidad por la Selección. Que a nadie en Chamartín se le ocurra contestar a Piqué, porque será convenientemente reprendido y, posiblemente, apartado. Hay que tener señorío, ya saben, si se viste de blanco. Si se viste de azulgrana, siéntase libre.

Puede que este texto les parezca que nada tiene que ver con el periodismo, y muy probablemente estén en lo cierto. Creo que pertenece al ámbito de la Educación, y que su lugar apropiado era un libro de texto, aunque es La Galerna quien me da la oportunidad de dirigirme a ustedes y, quizá, a esos niños que idolatran a Piqué y que aún están a tiempo de escoger mejores referentes. El caso es que quería contarles, sólo hasta donde puedo contarles, porque no todo se puede contar, quién es Piqué.

Me van a entender sin problemas si les digo que Piqué no es otro que el gracioso de la última fila de clase, pero que tenía lo mismo de divertido que un desahucio. Es el que hacía las bromas pesadas a los más débiles para sentirse popular. Es el que, abandonada la edad para hacer estas cosas, sigue apretando los botones de todos los pisos del ascensor sólo para joder. Es el chulo que ocupa dos plazas con su flamante deportivo para que nadie ose aparcar su cuatro latas al lado. Es a quien no se puede multar, porque él sí es alguien mientras que tú eres un pobre empleadillo sin lugar donde caerte muerto. Es el típico triunfador que se ríe del mundo porque piensa que lo tiene en las manos, aunque no se labró el éxito a pulso, sino que le vino impuesto. Es el que sólo sabe reafirmarse en la victoria arrojándosela a otro a la cara. Un maleducado más, desconocedor de que en el deporte y en la vida, no sé si más importante pero desde luego mucho más difícil que ganar, es saber hacerlo con clase y dignidad. Es un futbolista metido a política sin haberse leído en su vida ni un prospecto. Es un canterano a quien, tras 13 años en el Barça entre sus dos etapas, ni sus compañeros quieren como capitán. Es un famoso y popular millonario, guapo y buen jugador... por quien no me cambiaría jamás. Únicamente un Narciso detrás de un fajo de pasta y un espejo. Ése es Gerard Piqué.