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Gareth y el buggy

Gareth y el buggy

Escrito por: Jesús Bengoechea21 abril, 2016
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P.G. Wodehouse afirmó que la mejor forma de conocer realmente a un hombre es jugar al golf con él. Es así que mi hoy compañero de destacados galernautas Charly Rogenhofer no conoce realmente a Gareth Bale, puesto que admite no haber jugado nunca al golf con el galés. Algunos periodistas, en cambio, y a pesar de no haberlo hecho tampoco, se arrogan el derecho a opinar de Bale como si lo conocieran. Parece que Bale es un imprudente y un mal profesional por haber hecho unos cuantos hoyos (36, afirman), lo que podría haberle acarreado la lesión que le impidió jugar ayer contra el Villarreal. Yo digo que la única imprudencia es afirmar semejante cosa, y que es muy poco profesional para un periodista el emitir tamaña descalificación. Yo digo que Bale se ha vuelto a lesionar porque es un jugador tan extraordinario como frágil (lo que ya es en sí un problema considerable), pero bajo ningún concepto por no cuidarse como debe.

Mi amigo Charly no llega hoy en La Galerna tan lejos como periodistas como Manolo Lama o el director del As, pero se deja acariciar por dudas. Dudas muy bien argumentadas, por cierto, aunque yo, modestamente, creo hallarme en posesión de algunas certezas que les hacen perder fuelle. Charly empieza por admitir que la peligrosidad del golf es muy limitada en comparación con otros muchos deportes (con casi todos, diría yo, con la posible excepción del ajedrez), pero para razonar que dicha peligrosidad existe alude a unas estadísticas de la Comisión de Seguridad en Productos de Consumo de los Estados Unidos, según las cuales en 2009 se registraron más de 115.000 lesiones en Estados Unidos producidas por una incorrecta técnica de golpeo. “En esas 115.000 lesiones, destacan lumbalgias, codos, rodillas y sóleos”, detalla nuestro colaborador mexicano.

Hay infinidad de preguntas que surgen tomando estas cifras como punto de partida. La primera de ellas es: ¿115.000 lesiones son muchas o pocas? La pregunta no es ninguna tontería. ¿Cuánta gente jugó al golf en Estados Unidos en el año 2009? Y de entre aquellos (¿millones?) que jugaron al golf en Estados Unidos en 2009, ¿cuántas veces jugó cada uno como media? En otras palabras, ¿cuántos millones y millones (ahora seguro que sí) de hoyos se disputaron en Estados Unidos en el año 2009? Habría que conocer este dato para conocer el porcentaje de lesiones en relación a número de partidas globalmente disputadas, que sería la variable relevante para intentar calibrar, si la hubiere, la peligrosidad intrínseca al golf como deporte. No son las cifras absolutas, sino las proporciones, las que podrían arrojar alguna luz sobre este particular.

Por lo demás, el informe parece concluir que la inmensa mayoría de dichas lesiones se produjeron por “una incorrecta técnica de golpeo”, y la pregunta vuelve a ser inmediata: ¿por qué hay que asumir que Gareth Bale, quien por lo visto juega al golf hace mucho tiempo, atesora una incorrecta técnica de golpeo? ¿Es censurable el que un golfista experto atesore la suficiente confianza en su propia técnica como para practicar un deporte de objetivamente muy poco riesgo, abrazando a cambio los beneficios sobre su salud mental y sus hábitos de vida? Si el hacerlo pudiera considerarse falta de cautela, ¿cómo cabría catalogar casos como los encuentros informales con toros o becerros, o la conducción a altas velocidades, de los que hemos tenido noticia por parte de jugadores del Real Madrid o de otros clubes?

Ya que las cifras no nos aportan lo que deseamos, recurramos a la intuición. ¿Cuántas personas conocéis que juegan al golf? Y de ellas, ¿cuántas se han lesionado jugando? Y de las que se han lesionado –otra vez: si las hubiere-, ¿cuántas sufrieron dolencias indeseables a cuenta de unos hoyos puntuales, y cuántas por causa de una mala praxis continuada en la práctica de dicho deporte?

Aunque es fácil verme todavía por Madrid, vivo en Cardiff, donde he tenido ya ocasión de tratar con varias personas cercanas al entorno de los Bale. De alguien perfectamente informado me llegó ayer la siguiente revelación. Creo que es significativa.

Hace pocos años, Bale quiso apuntarse a un exclusivo club de golf de Cardiff. A ambas partes les interesaba llegar a un acuerdo. Para Bale era el mejor marco para practicar su segundo deporte favorito; para el club en cuestión, representaba una inmejorable forma de publicidad. Bale puso una única condición. Necesitaba que le garantizaran un buggy a su permanente disposición para evitar caminar durante sus recorridos, que haría a bordo de este carrito eléctrico. De no desplazarse permanentemente en buggy, la compañía de seguros no cubriría una eventual lesión.

Éste no es aún el final de la historia, pero sí vale la pena parar un segundo para afianzar un consenso: si hay alguien en este mundo que no da puntada sin hilo, ese alguien son las compañías de seguro. Un completo profano en el golf como yo escucha esta historia y tiene que concluir que si la principal fuente de preocupación de una compañía de seguros en lo que al golf respecta son los paseos entre hoyo y hoyo, será porque es ahí, y no en dar unas cuantas bolas, donde reside el mayor peligro (decimos “mayor” aun a sabiendas de que aun así debe de ser limitadísimo).

Quizá ya imaginéis lo que sucedió. Por la razón que sea (probablemente, conociendo a los británicos, por no crear agravios comparativos con otros socios), el club de golf no accedió a la petición de Gareth. Y Gareth no se unió al club, que es lo que nos impulsa a la última pregunta de este artículo: ¿de verdad cabe en cabeza humana que alguien que pone (o a quien le exigen) tan puntilloso cuidado con su integridad física va a dejarla en manos del azar?

gareth y el buggy

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea

9 comentarios en: Gareth y el buggy

  1. Gareth Frank tiene un handicap 6. Vamos, que no le pega incorrectamente. Otra cosa es la conveniencia de pirarse a Cádiz en un día libre y marcarse un recorrido completo. Y ahí, yo, que le quiero como a un hijo, sí que estoy mosqueado con él. Esperemos que no sea nada, cosa que, por el momento, desconocemos.