Las mejores firmas madridistas del planeta
Inicio
Portanálisis
Gareth Bale en el andén

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Gareth Bale en el andén

Escrito por: La Galerna2 abril, 2019
VALORA ESTE ARTÍCULO
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas

Buenos días. Dice la portada de Marca que antes de entrar conviene dejar salir, que es una máxima que hay que aplicar sobre todo en los andenes de los trenes, cuando se abren las puertas para que unos suban y otros bajen de dicho medio de transporte. El Madrid sería así un tren del cual descienden unos futbolistas y al cual ascienden otros en cada estación, siendo las estaciones los mercados de verano e invierno.

La metáfora del tren es con frecuencia usada por los psicólogos infantiles para explicar a los niños la pérdida. La vida es un tren en el que vas con tu familia. A veces, algún pasajero se baja (la abuelita, por ejemplo), pero los demás permanecen a bordo, el amor triunfa entre los que siguen el rumbo, y quién sabe si en la próxima estación no se subirá un nuevo pasajero (un hermanito, por ejemplo) para cubrir el hueco que se produjo en la estación anterior.

Hay un madridismo (más o menos afín a la prensa deportiva que sufrimos, si bien es cierto que algunos también son capaces de pensar por su cuenta) que está deseando ver a Gareth Bale responder al anuncio pregrabado, ponerse en pie, recoger el petate y enfilar la salida del vagón para saltar al andén no bien el tren se haya parado. No es el caso de este humilde portanalista, y me consta que no lo es para otros muchos madridistas.

Para este portanalista, ver cómo Bale se baja del tren va a ser duro, pero es la vida, queridos niños. Algunos pasajeros se bajarán del tren en la próxima o ulteriores paradas, pero el tren sigue. El hecho es que va a doler ver su coleta en el andén, su rictus entre orgulloso y consternado, los ojos hinchados y húmedos, azules de pena. La vida, queridos niños, es también ese tren donde se da de collejas al que va en la fila de delante y se le llora cuando nos deja, y se recuerda todo cuanto nos dio y se le concede el lugar que merece sin reparar (o reparando muy calladamente) en el hecho de que todo eso se le podía haber reconocido también cuando aún viajaba en el tren. En ese andén, queridos madridistas, se os va a morir algo, y lo echaréis de menos cuando sea demasiado tarde. Porque se lesionaba todo el rato y a veces os exasperaba y no os hablaba en vuestro idioma, pero está indisolublemente unido a tres o cuatro de los mejores momentos de todas vuestras vidas. Cuando os diga adiós desde el andén, cuando el tren avance dejando atrás la estación (que se llamará Manchester United o Chelsea o lo que sea), no podréis evitar una pequeña punzada, la que da la vida cuando el tren sigue sobre su carril.

Pero no os preocupéis, queridos niños, porque en la próxima estación nuevos pasajeros se incorporarán. Es la ley del tren de la existencia. Hazard, Pogba y tres huevos duros. Las identidades de los nuevos pasajeros pueden ser ésas u otras bien distintas. No os extrañe, porque las estaciones están rarunas, que cuando el tren vuelva a detenerse vuestro vagón no acoja a Pogba ni a Hazard, que eran los pasajeros esperados, sino otros viajeros con caras completamente desconocidas en las que no tendréis más remedio, os guste o no, que poner todas vuestras esperanzas. Uno es un negro bajito y barbudo y el otro es un chavalín de nombre lusófono, pongamos por caso. Y se sentarán en el vagón y, una vez el tren se ponga en marcha, serán vuestros compañeros de viaje. Y tendréis que quererles. Tendréis que quererles más, por ejemplo, de lo que quisiste a Bale. Porque ese negro bajito y ese chavalín de nombre portugués serán a partir de ahora miembros de vuestra familia.

-Para siempre?

Nada de para siempre, queridos niños, no existe tal cosa y es hora ya de que lo asumáis. Lo único que es para siempre es el tren, o ni siquiera. Lo único que es para siempre es el carril del tren. Por eso todos los niños del mundo se sientan flanqueando todos los carriles de tren del mundo, hipnotízados, sin saberlo, por la noción imposible de la eternidad.

Ved si tenéis especial interés (trainspotting) los dimes y diretes de la prensa culé respecto a las hipotéticas subidas y bajadas de su tren. Aunque os parezca mentira, esos niños son como vosotros. En la próxima estación se baja Coutinho y se sube sabe D10s quién (D10s es quien manda en todas sus estaciones, es el revisor y factótum). Le llamamos D10s porque el Papa le ha dicho a Évole que en teoría no se puede pero bueno. Y no vamos a ser nosotros más papistas que el Papa, por más que ese no sea ni vaya a ser jamás nuestro tren. Porque cada uno va en el suyo, queridos niños, y con los de ese tren solo nos resta la burla inocente de una vía a otra, en los andenes en que coincidamos. Algunas veces la burla caerá de nuestro lado y otras del suyo, y en aceptar esa y otras reglas del juego está la receta para que el viaje, queridos niños, sea lo menos pesaroso posible.

Pasad un buen día.