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La fe de Keylor

La fe de Keylor

Escrito por: Jesús Bengoechea23 septiembre, 2015
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A lo largo de los últimos días, Keylor Navas ha pasado por varias emisoras de radio españolas para corresponder con amabilidad y solicitud a los mismos periodistas que durante una temporada completa le ningunearon sangrantemente.

Hay una raza de personas tan permeables a la ingratitud como usted o como yo que, sin embargo, son capaces de trascender la mezquindad de quienes les rodean para enfocarse única y exclusivamente en lo que brilla. Eso no significa que sean tontos. De hecho, una de las conclusiones de la ronda mediática de Keylor ante esos micrófonos otrora displicentes, hoy asquerosamente untuosos para con él, es que su naturaleza es tan generosa en bondad como en IQ y sentido del humor. Se vio cuando el tico heló la sonrisa acaramelada de sus entrevistadores con un “Pero entonces ustedes, ¿de qué lado estaban?” destinado a ocupar un lugar de honor en la relación histórica y mundial de cepos para cazadores cazados. Sepan ustedes que sé dónde estoy y con quién hablo, vino a decir con esto Keylor al mismo trilero (hola, Richard) que al minuto se atragantaría balbuciendo patéticos excusatio non petitas.

De todas las cosas que dijo Keylor en estas apariciones, nada me ha impactado más que esa denuncia tenebrosa: cuando se arrodilla para rezar al comienzo de los partidos, escucha insultos por parte de públicos de aquí y de allá. Confiesa además que esto solo le ha sucedido en España. Yo, que desde muy maltrecha adscripción al catolicismo no tengo inconveniente en declarar que esta actitud externa de Keylor me choca un poco, digo también que nada podría hacerme sentir más avergonzado de mi condición de español que esto que le oigo contar.

Abuchear, mofarse, insultar a un hombre que está arrodillado rezando se me antoja un acto de una vileza similar al de golpear a un hombre atado de pies y manos. ¿Qué clase de país es uno donde las masas dedican invectivas a un hombre cuando ora y, como es presumible, PORQUE ora? Sin duda uno cuyas muchedumbres son también capaces de desgañitarse contra un himno, el de España como sucede o el de Francia como sucedió, pues poco añade o resta en la escala de la ignominia de esa gentuza el que sus invectivas vayan dirigidas contra este himno o hacia ese dios. Lo que importa es la vesania con que lo hacen.

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Un tipo que insulta a otro cuando reza no respeta nada: por el mismo precio, es capaz de mentar a un hijo enfermo o muerto si la discusión se agría más de la cuenta. Un país que insulta a un hombre que está arrodillado rezando, o que abuchea himnos y banderas, es un país que ha extraviado la nobleza o la ha confinado en unos pocos corazones irreductibles. Es un país grosero, torvo, indecente y hortera carente de principios y de líneas rojas, pura y simplemente. Un país que se cree muy listo porque en los últimos lustros ha incorporado a su proverbial cainismo y ordinariez ese viejo escepticismo europeo que tanto viste, y del que solo podrá redimirlo, con suerte, un latido de ingenuidad americana. La ingenuidad chocante, admirable, discutible y prodigiosa de un hombre arrodillado debajo de un larguero ante sesenta mil almas impías. Yo, que nunca haría eso de rezar ahí, arrodillado –porque me resultaría aparatoso, forzado, artificial, sensacionalista y (sobre todo) innecesario, aunque también porque a estas alturas albergo serias dudas sobre la eficacia de cualquier oración-, admiro sin embargo la audacia del gesto en estos tiempos, y creo que hay una perspectiva completamente laica que no puede sino celebrarlo. Hay una maravillosa subversión en esa imagen extravagante.

Como persona, me interesa mucho saber si la fe de Keylor tiene un sustento detrás, si sus oraciones van a alguna parte, si fructifican en su afán de trascendencia o quedan prendidas al larguero, como jirones de globos que prefirieron explotar al conocer que no hay nadie ahí arriba. Como madridista, en cambio, contemplo esa fe como un medio, un instrumento. Parece que con esto la minusvaloro, pero es todo lo contrario. Sé que esa fe le ha hecho fuerte y que, como tal, ha devenido materia prima de la leyenda que Keylor es capaz de ser.

 

 

 

 

 

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea

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