Las mejores firmas madridistas del planeta

Fantasías animadas

Escrito por: Nacho Faerna28 abril, 2016

Según me dijeron, el turco que nos arbitró el partido de ida contra el Manchester City es amigo de Messi. Además parece que admira a Suárez y Neymar. Un fan otomano del tridente. Yo no presto mucha atención a los del pito, pero leí que era el mismo que se tragó el famoso penalti de Alves a Pogba en la última final de la Champions. Eso me hizo albergar esperanzas, lo reconozco. Al final no estuvo del todo mal, pero su actuación fue decepcionante, por debajo de lo previsto tratándose de un tipo con esas credenciales. En el Etihad Stadium no vio un penalti clamoroso a Lucas Vázquez y otro algo más dudoso a Bale. Yo creo que, por ejemplo, no le habría costado un gran esfuerzo haberse inventado alguna pena máxima en nuestra área o haber expulsado injustamente a Pepe, que firmó un partidazo. Como no lo hizo, expulsarlo, el central portugués nacido en Brasil estuvo a punto de marcar un gol a domicilio que habría convertido la vuelta en un mero trámite. Merecimos ganar, pero el árbitro no se empeñó en que perdiéramos y acabamos empatando. Una oportunidad perdida.

En la Liga peligrosamente preparada las cosas están funcionando mucho mejor. Diecinueve penaltis en treinta y cinco jornadas llevan pitados a favor del equipo que ya había ganado la competición en febrero. Lo contaba muy bien Pepe Kollins el otro día. Dice The Hernia Chronicle que siete de los diecinueve fueron imaginarios. Al Madrid nos han pitado nueve, al parecer todos reales. Menos de la mitad. Así sí.

Yo soy de los que piensan que no hay que perder oportunidad de quejarse de los árbitros. Ni señorío ni monsergas. El turco, por ejemplo. Si se hubiera esmerado un poco más estaríamos hablando de nuevo de la necesidad de remontar en el Bernabéu, del espíritu de Juanito, de los noventa minuti, de la épica. Ahora, por su culpa, para llegar a Milán nos basta con ganar por la mínima en nuestro propio campo. Una vulgaridad.

Mickey

De un amigo de Lindo Pulgoso, de un admirador de Patán y del Pájaro Loco, de un villano otomano uno esperaba, ya digo, algo más. Era el candidato ideal para hacer realidad una fantasía que tengo y les voy a confesar: ver rematar a puerta, a nuestra puerta, a un árbitro. Si al Barça lo que le gusta es jugar contra diez, yo prefiero hacerlo contra doce. A mí me gusta mandar a mi Madrid del alma a luchar contra la flota inglesa de Pellegrini, contra los elementos y contra el sursuncorda. Y, si jugamos en casa, que la grada le pite a nuestros jugadores (bueno, esto ya se me concede a menudo).

¿Cuál es para mí el colmo de los colmos? Ganar de penalti injusto en el último minuto, sí, pero pitado en contra, que Keylor lo pare y el rechace se cuele entre los tres palos del contrario. A ver, es mi sueño, mi fantasía, no tiene por qué ser razonable.

Ayer el Atleti le ganó por un gol a cero al Bayern en el partido de ida de la otra semifinal. No pude verlo, pero no parece que nadie proteste del colegiado. Qué aburrimiento, de verdad. Mientras, todo el madridismo anda preguntándose a quién prefiere en la final de San Siro. Y es que todo el madridismo da por hecho que nosotros estaremos en la final de San Siro. Yo también, es cierto. Mi duda es que no sé a quién prefiero ganarle la Undécima. Porque de que la vamos a ganar estoy seguro desde que don Paco Gento lo aseguró en estas mismas páginas. A mí no se me ocurriría llevarle la contraria a don Paco Gento, se me caería la cara de vergüenza. Aunque respeto mucho al City, al Atleti y al Bayern, respeto mucho más a La Galerna del Cantábrico, y si él le dijo a nuestro editor que este año tocaba Champions habrá que hacerle caso.

Pensándolo