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Este Madrid no es el Nadal del fútbol

Este Madrid no es el Nadal del fútbol

Escrito por: Mario De Las Heras22 mayo, 2019
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En La Galerna decimos mucho que Rafael Nadal es el Madrid del tenis. Claro que es bien diferente todo si partimos de lo bien diferentes que son ambos deportes. Tras su reciente triunfo en Roma, un periodista le preguntó cómo trabaja su mente, y el tenista español le respondió que saliendo a la pista sin quejarse a pesar de los dolores y de los problemas. Habló de actitud y de pasión. Y de no frustrarse y de no ser “demasiado negativo”.

Me sorprendo a mí mismo pensando que un futbolista del Real Madrid dice algo similar en una rueda de prensa. Supongo que porque son deportes bien diferentes. Y supongo que por esto también caigo en la cuenta de que a veces decimos que Nadal es el Madrid del tenis, pero nunca decimos que el Madrid es el Nadal del fútbol.

Yo miro a Nadal y siempre he visto a un profesional admirable durante toda su carrera. Si multiplicamos sus quince años en lo más alto por 11 futbolistas (por igualar), nos salen más de cien que son los que tiene el Madrid. No es fácil que un grupo sea modélico. No, desde luego, como una sola persona.

Pero el caso es que hoy, divagando en estos términos, imagino a Nadal (el Madrid del tenis) como Nadal (no hay metáfora mejor) y al Madrid como a la pandilla de adolescentes que me he encontrado esta mañana, sentados en un banco al solecito, en la esquina de Castelló con Ayala. Es raro, pero ha sido Nadal quién me ha ayudado a reconocerlos.

Esos chavales estaban en el recreo e iban bien vestidos y peinados a la moda. Tenían un bronceado suave, elegante y delicado. Un bronceado de solecito que no es el moreno de currante de Nadal, que va por ahí con una marca blanca en la frente, que contrasta con el resto de su piel curtida al sol. Al sol, no al solecito.

 

 

Nadal sale con pasión a trabajar a la intemperie, yo lo he visto, como he visto salir con medio desgana a trabajar a medio Real Madrid. Esto supongo que también es porque son deportes bien diferentes. Si ustedes han visto alguna vez entrenar a Nadal habrán visto a un hombre concentrado que se emplea con una hermosa intensidad desde que llega hasta que se va.

Porque son deportes bien diferentes, supongo, la intensidad de los entrenamientos de los futbolistas del Madrid (no la de todos, por supuesto) se parece a la de Nadal tanto como yo a David Beckham, del que, por cierto, se decía que entrenaba muy bien.

Yo he visto entrenar pocas veces a los jugadores del Madrid, pero un futbolista que sale a jugar como Marco Asensio no debe de entrenar demasiado bien. Y es muy posible que me equivoque (y en ese caso pido disculpas anticipadas a Marco, al que aún le guardo fe) porque el tenis y el fútbol son bien diferentes.

Lo mismo pienso de Marcelo, el maravilloso Marcelo. Yo pienso que Marcelo tiene que haber entrenado mal viendo su desempeño esta temporada. ¿Habrá entrenado bien Courtois?, me pregunto. Y me respondo mal. Nadal puede jugar de forma irreconocible (pocas veces). Fallar golpes, jugar con escasas fuerzas. Puede estar demasiado dolorido, pero se ve, se trasluce, cómo entrena.

 

 

Esto es muy emocionante porque Nadal va buscando siempre mejorar por medio de una suerte de estoicismo, del optimismo, de la seriedad, de la paciencia o de la honestidad, fundamentalmente consigo mismo. A mí me gustaría que los jugadores del Madrid practicasen estas virtudes cuya ausencia quizá sea más notable en medio del desastre.

Esas virtudes personales se transmiten al aficionado. A Nadal nunca se le pita porque no hay razones. Nadie lo siente así. Todo el mundo sabe (sin saberlo) que ha hecho todo lo posible para ganar, aunque pierda. Debe de ser porque son deportes bien diferentes, pero a los jugadores del Madrid se les pita (jamás defenderé esto ni con la mejor de las razones para hacerlo), además de por otras causas, porque se sospecha que no han hecho todo lo posible.

Es como trabajar al sol y estar al solecito. Esta mañana, a unos metros más allá de los colegiales solazándose en el banco, había un hombre taladrando la calzada. Es curioso como a veces confundimos tantas cosas a pesar de que son bien diferentes.