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Escuela de Florentinos

Escuela de Florentinos

Escrito por: Mario De Las Heras10 agosto, 2020
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Una cantera de entrenadores y presidentes

El de entrenador y presidente es un talento característico del madridismo. La cantera de entrenadores y presidentes madridistas, la escuela de Florentinos, en las gradas o en Twitter (la grada multimedia) es realmente inagotable. Uno mira un momento a su lado y encuentra un entrenador. Enciende el teléfono y ve a decenas de entrenadores discutiendo sobre las decisiones (todas malas) del verdadero entrenador, sea quien sea. Esto es una cosa maravillosa. Podemos estar tranquilos porque nunca nos faltará un entrenador. El entrenador del Madrid prolifera por todas partes.

Uno los puede encontrar por aquí y por allá. Un bar es como una pequeña charca de entrenadores. Quién no ha visto alguna vez esa concentración de místeres debatiendo espoleados por la presencia de un ejemplar de As doblado por la mitad en una esquina de la barra. Yo he visto brillar ese As como el anillo de Tolkien y convertir en soberbios y furibundos entrenadores a humildes y tranquilos parroquianos. Los he visto moverse sobre las baldosas como por el área técnica y escucharse sus instrucciones más allá de esos fantásticos terrenos de juego.

Una vez estaba yo en un bar y fui al baño y allí había un entrenador que debatía ensimismado con lo que tenía entre las manos, a quién le repetía, con evidente convencimiento, que Lucas Vázquez no es jugador para el Madrid. Lo más impresionante es que aquello que estaba entre sus manos parecía responderle lo contrario con una convicción similar. Si se han visto entrenadores madridistas hasta debajo de un pantalón, ya pueden imaginarse cómo es esto.

Yo mismo me he sorprendido actuando como tal, aunque hace tiempo que me cuido para tratar de ser sólo un espectador sin la enorme presión del cargo. Decimos de la cantera inmensa de entrenadores, pero hay otra tan grande como esta que es la de presidentes. Los presidentes del Madrid también están por todas partes, así que también podemos estar tranquilos. Nunca nos faltará un Bernabéu ni un Florentino.

Es más, del mismo modo que Zidane, ahora mismo (como antes cualquier otro), no es buen entrenador para el Madrid para la mayoría de los entrenadores de los que hablo, Florentino Pérez tampoco es buen presidente para todos los presidentes. Así que, si usted piensa, por alguna extraña razón, que Zidane es un buen entrenador y Florentino es un buen presidente para el Madrid, imagínense cómo serán todos esos entrenadores y presidentes que piensan que no lo son. Siento escalofríos como ante la inmensidad del mar o del universo.

El futuro está asegurado también en la presidencia. Yo tengo un vecino que es presidente de los de As, también. En (el) As está casi todo para ser un buen entrenador y presidente del Madrid. Yo diría que es el manual (como aquel de Derecho Mercantil de Joaquín Garrigues con el que decía Miguel Delibes que aprendió a escribir) intrínseco de todo entrenador y presidente. Está todo menos el patrimonio necesario, claro, para serlo, lo cual es esa barrera insalvable que impide en la mayor parte de los casos la explosión del talento.

Si usted oye decir "lata de sardinas" ahí tiene un presidente

Decía que tengo un vecino que es presidente y que tiene unas ideas estupendas, revolucionarias, para hacer al Madrid mucho más grande de lo que es. Una de ellas es no gastar tanto dinero en jugadores extranjeros con la buena cantera que se tiene. No me digan que no es impresionante. Esto no lo había pensado nadie, por supuesto. Aunque, de todos modos, lo que caracteriza a la cantera de presidentes (y de entrenadores) es no estar nunca de acuerdo con ninguna, absolutamente ninguna, de las decisiones de Florentino (y de Zidane) en este caso.

Yo ya me he acostumbrado a los detalles para descubrir donde hay un entrenador y un presidente en ciernes. Si usted oye decir, por ejemplo, “lata de sardinas”, ahí hay un presidente como la copa de un pino. Si usted escucha “dos años seguidos en octavos”, ahí tiene al entrenador (y al presidente también, a veces se confunden) ideal. Aunque si algo no falla es el afán de cambiarlo todo ante el más mínimo, no ya mal resultado, sino ante la más mínima imperfección.

El perfeccionismo es la virtud por antonomasia de nuestra escuela de Florentinos rebosante de alumnos milimétricos en todos los aspectos de su vida. Hace tan sólo unos minutos he podido saber de un entrenador (y presidente) que dice que los defensores de Zidane se basan en el pasado (en lo que nos ha dado) y que no hay que conformarse. He aquí un visionario, un premíster, un prepresi, como los precog de Philip K. Dick. Porque en realidad de lo que hablamos no es de presidentes sino de precognoscientes. Los precognoscientes del Madrid.

 

Fotografías Getty Images.