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¡Es la guerra!

¡Es la guerra!

Escrito por: Fred Gwynne12 febrero, 2018
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En mi familia se ha desatado una guerra de trincheras. Me disparan balas, vuelan afilados cuchillos y profanan el aperitivo. Van con todo.

- ¿Vino y pintxo de tortilla? –me pregunta mi cuñado mirando a su hija de reojo.

- Sí.

- ¿Rioja?

- Sí, sácame un Azpilicueta.

El futuro de mi sobrina está en juego y las posiciones están más enconadas que nunca. Tiene cinco años y, aunque está rodeada de antimadridistas, de momento he conseguido que resista sus embates a base de juegos y chucherías.

Mi enemigo es formidable: sus padres (descendientes de una larga estirpe de culés) y un peligrosísimo sobrino adolescente con varias camisetas de Messi como pendón. Soldados crueles, insensibles a la futura tristeza de mi sobrina como barcelonista, gente sin corazón…

- No sé si tendrán Azpilicueta –dice el muy taimado.

- Sí, sí tienen.

Ellos saben que estoy en plena guerra de guerrillas, agazapado en la sombra, comprando descaradamente (te he dicho cien veces que hagas lo mismo con los árbitros, Florentino) el amor de mi sobrina por el Madrid. No tengo escrúpulos. Un kinder equivale a un ¡Hala Madrid! a pleno pulmón, con sentimiento. Y gracias a las bolas sorpresa de Frozen (normalmente contienen pendientes coleccionables muy apreciados para su tocador) ha empezado a tararear el himno de la Décima. Todo vale. Mi sobrina ha nacido para ser del Real Madrid y si tengo que alfombrar el camino de chocolate para llegar a ello lo haré. El enemigo no descansa.

Cinco minutos más tarde aparece mi cuñado con una gran sonrisa y me pone delante de los ojos una infusión.

- No tenían Azpilicueta pero te he sacado un té. Tómatelo calentito, que está empezando a refrescar.

¡UN TÉ! Ven a lo que me refiero. Ya no hay marcha atrás. Es la guerra.

Hay días que por motivos de trabajo de su familia mi sobrina come conmigo. Los dos solos. Y entonces preparo un intensivo. Me siento como el abuelo de Olive en “Little Miss Sunshine” enseñándole a su nieta coreografías exóticas para que las baile en el salón de su casa cuando el Real Madrid gane la Champions. He conseguido convencerla a base de juegos (y kinder…) de que el Madrid es un aplicadísimo estudiante y el Barcelona (para ella todavía es un ente abstracto) una especie de monstruo que se porta mal en el cole, no estudia, pega patadas al resto de los niños y es un cerdo. Normalmente acabamos los dos tirados por el suelo, dando vueltas y quejándonos entre risas de las patadas del cerdo Barcelona. Luego le castigamos de cara a la pared y le obligamos a comer verdura y pimientos (lo tiene bien merecido) mientras que el Madrid y nosotros disfrutamos de pizza y helado. Poco a poco el juego ha ido calando y el mensaje subliminal, vistos los desmedidos ataques de mi cuñado, también.

- Naroa, mira, ven, ven… mira qué Kinder más rico. Mañana, cuando vayamos a tomar calamares, le tienes que decir al aita una cosita. A ver, repite conmigo…

Naturalmente mi cuñado sabe que no me gusta el té. Y también sabe que la batalla va a ser larga. Lleva meses hurgando en la crisis del Real Madrid, sin saber, y en eso el Madrid también se diferencia de cualquier otro equipo, que uno puede escoger, según se informe en un medio u otro, de los motivos por los que se ha llegado a ella. Son crisis a la carta, a gusto del consumidor.

Me habla de la crisis del Real Madrid como si estuviese en la charcutería: ponme un cuarto de jamón serrano, ciento cincuenta de lomo y un modelo nuevecito.

Cuando ceno en su casa la crisis del Madrid va mutando con el menú. Al descorchar el vino surge la gordura de sus jugadores (apuesto a que son clientes habituales de la charcutería…), con el primer plato el problema es que corren poco, con el segundo tienen que visitar al urólogo por falta de cojones, y a última hora, cuando los fantasmas nos sobrevuelan y el postre ha dejado paso a los espirituosos, siempre suelen aparecer Pep y el modelo. Una cena sin modelo no es cena.

Desde que nos tocó el PSG en el sorteo está feliz. Dice que nos van a eliminar, que estamos acabados. Tengo el té delante y una bala en la recámara.

- Estoy seguro de que vamos a eliminar al PSG –le digo con una sonrisa.

- ¡Y una mierda!

- Tenemos un arma secreta, algo que va a sorprender a millones de antimadridistas como tú. No te lo puedes imaginar. Sólo la sabemos tu hija y yo.

- ¿Naroa?

Mi cuñado me mira sorprendido mientras yo llamo a mi sobrina, que deja de jugar y corre a mi lado. La cojo y la siento encima de mis piernas.

- A ver Naroa, dile al aita lo que tú y yo sabemos. Díselo. Dile porqué vamos a eliminar al PSG. Vamos a eliminar al PSG porque…

Entonces mi sobrina miró fijamente a su padre y lo dijo, vaya si lo dijo:

- ¡SOMOS EL PUTO REAL MADRID!